GÉNESIS · I · 6

Génesis 1:6

Todo es una narración

I · 6

וַיֹאמֶר אֱלֹהִׁים, יְּהִׁי רָּקִׁיעַ בְּתוֹךְ הַמָּיִׁם, וִׁיהִׁי מַבְּדִׁיל, בֵין מַיִׁם לָּמָּיִׁם

Vayomer Elohim yehi rakia betoch hamayim vihi mavdil bein mayim lamayim

“Y dijo Dios: Haya un firmamento en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.”

Reflexión

Profundizar en la distinción entre el orden y el caos como fundamento de todo lo creado nos lleva a comprender nuestras separaciones como una invitación a la unificación. Desde esa perspectiva, debemos vislumbrar el firmamento, "רָּ קִׁ יעַ " (Raqia), más que como una separación física, como una manifestación de la integración, donde todas las fuerzas contribuyen y se complementan, generando un equilibrio.

Este firmamento simboliza la capacidad de crear límites y estructura en nuestro día a día, hasta alcanzar esa paz, estabilidad y armonía que debe guiar nuestras vivencias. Por ello, la separación de las aguas debe entenderse como un trabajo entre lo consciente y lo inconsciente, entre lo que se nos revela y lo que consideramos oculto, con el fin de que surja en nosotros esa nueva realidad organizada que cogobierna nuestro mundo, aunque no siempre la reconozcamos.

En la gematría, la palabra "רָּ קִׁ יעַ " (Raqia) tiene un valor de 310, lo que la asocia con el concepto de "Yesod", que en las Sefirot representa la fundación y el fundamento de lo que reconocemos como nuestra realidad. Por lo tanto, debemos entender que no estamos separados del cielo, sino que este firmamento sostiene y organiza la creación, lo que nos llama a reconectarnos con Él a través de Su obra.

Esta reconexión también representa nuestra recompensa, al alcanzar ese tesoro espiritual y volver a nuestro estado original, un proceso que en este mundo terrenal y temporal significa aprender a establecer límites correctos que nos permitan crecer y desarrollarnos espiritualmente.

Los seres humanos debemos aprender a separar lo esencial de lo superficial, lo saludable de lo que no lo es, en pro de ese orden y armonía que hoy, por nuestros libertinajes, nos distancian y aíslan de Él. Aplicando así la idea de "Raqia", estamos llamados a obtener cada vez más claridad en nuestras decisiones y sus efectos, para acogernos a la voluntad ordenada de nuestro Padre celestial.

Todas nuestras relaciones e interacciones necesitan de ese orden establecido a través de sus preceptos y mandatos, lo que nos lleva a una vida equilibrada y saludable, en la que nuestras obligaciones y aspiraciones se armonizan para que todo fluya conforme a esa voluntad divina.

En el relato bíblico de la creación, se menciona que el Creador separó las "aguas de las aguas", creando un espacio entre las aguas que estaban arriba (en los cielos) y las que estaban abajo (en la tierra). Este acto de separación tiene un significado simbólico que va más allá de la creación física del mundo. En la Cábala, se entiende que esta separación refleja el proceso de diferenciación entre lo divino y lo mundano, lo espiritual y lo material, el "Cielo" y la "Tierra".

La separación de las aguas puede interpretarse como una metáfora para la necesidad de discernir entre las distintas dimensiones de la realidad, entre lo sagrado y lo profano, entre las influencias elevadas (espirituales) y las más terrenales. Como seres humanos, se nos invita a hacer lo mismo en nuestras vidas: separar lo que es puro y elevado de lo que es mundano, para poder vivir de una manera más alineada con lo divino.

Desde la perspectiva cabalística, el agua es un símbolo de sabiduría y fluidez, y la acción de separar las aguas puede ser vista como el proceso de clarificación espiritual. El agua de abajo representa el mundo material, mientras que el agua de arriba es la sabiduría divina. El acto de separar las aguas indica la necesidad de establecer un "espacio" entre lo divino y lo mundano, un espacio en el cual el ser humano pueda reflejar la luz de lo divino en su vida cotidiana.

En la Gematría, se utilizan los valores numéricos de las letras hebreas para extraer significados adicionales. La palabra hebrea para "agua" es "מַ יִׁם" (mayim), cuya gematría es 90 + 10 = 100. Esto puede sugerir que el agua (como fuente de sabiduría y vida) tiene un valor simbólico de "totalidad" o "completitud". La separación de las aguas también podría implicar la idea de equilibrar o purificar ese flujo de energía, lo que lleva a la armonización de las fuerzas superiores e inferiores.

Discernimiento espiritual: Separar las aguas de las aguas nos enseña a discernir entre lo divino y lo mundano, entre lo que eleva nuestra alma y lo que nos aleja de nuestra esencia espiritual.

Clarificación interior: Al igual que las aguas son separadas, debemos también separar nuestras emociones y pensamientos, para que podamos ver con claridad y alinearnos con nuestra verdadera naturaleza divina.

Conexión entre lo espiritual y lo material: El hecho de que las aguas se separen no significa que lo mundano y lo espiritual estén completamente aislados, sino que hay una invitación a integrar lo divino en lo material, a encontrar la presencia de Dios incluso en lo cotidiano.

La metáfora de "separar las aguas de las aguas" en la Cábala y la Gematría puede enseñarnos a establecer un equilibrio entre lo divino y lo terrenal, buscar claridad espiritual, y reconocer cómo podemos integrar la luz divina en todos los aspectos de nuestra vida diaria.

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