GÉNESIS · I · 31

Génesis 1:31

Todo es una narración

I · 31

וַיַרְּא אֱלֹהִׁים אֶת-כָּל-אֲשֶר עָּשָּה, וְּהִׁנֵה-טוֹב מְּאֹד; וַיְּהִׁי-עֶרֶב וַיְּהִׁי-בֹקֶר, יוֹם הַשִׁשִׁי

Vayar Elohim et-kol asher asah, vehineh-tov me'od; vayehi-erev vayehi- boker, yom hashishi

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.”

Reflexión

La expresión "טוֹב מְּ אֹד" (Tov Me'od): "Muy bueno", "טוֹב " (Tov) significa "bueno". Al asociarla con la sefirá de Jesed, bondad y gracia, "מְּ אֹד " (Me'od) nos sugiere que nuestra plenitud y perfección dependen de acogernos a Su voluntad, la misma que creó todo bueno y que nos permitió libremente escoger si actuábamos o no conforme a ella, por lo que es nuestro deber unirnos a ella, la cual estaba completa y equilibrada en todos sus aspectos sin nosotros.

El número 31: En gematría, 31 simboliza el valor de la palabra "אל " (El), que es uno de los nombres del Creador, el cual se asocia con el atributo de poder. Esto nos recuerda que la fuerza y la autoridad del Creador están presentes en la creación, y que todo lo creado está bajo su control y propósito divino.

Esto nos llama a contemplar la totalidad de la creación y a reconocer que todo lo que Él hizo es "muy bueno", invitándonos, como parte de esa creación, a ver el mundo y nuestras vidas con ojos de gratitud y aprecio, reflexionando sobre nuestra propia bondad intrínseca y nuestro propósito en el mundo.

En cada aspecto de la creación, desde lo más grandioso hasta lo más pequeño, está presente la fuerza y la sabiduría divina. Este reconocimiento puede inspirarnos a vivir con mayor conciencia y respeto hacia todo lo que nos rodea, sabiendo que todo forma parte de un plan divino que es "muy bueno".

El concepto del sexto día: "Yom Shishi" (Día Seis) - Animales y Ser Humano también nos habla de las sefirot Yesod (Fundamento) y Maljut (Reino). El sexto día, como la culminación de la creación, nos proyecta que una vez que creó a los animales, lo hizo finalmente con el ser humano, quien porta la imagen divina, siendo Yesod esa conexión y fundamento de la creación, mientras que Maljut es la manifestación en el reino físico, lo que resalta la capacidad del ser humano para conectar el mundo físico con lo divino.

El tema del mal es uno de los temas más centrales y complejos del pensamiento judío, especialmente porque los seres humanos creyentes clamamos por esa justicia divina, ya que al final de la creación, queda claro que Él “vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno (טוֹב מְּ אֹד - tov me'od)”.

La tradición rabínica nota que no se dijo solo "bueno", sino "muy bueno", y los sabios (como en Bereshit Rabá) interpretan que esto incluye incluso cosas que parecen negativas: el instinto del mal (yetzer hará), la muerte, el sufrimiento.

El mal no es una creación autónoma, sino parte de un sistema en el cual los seres humanos tienen libre albedrío (bejira jafshit). Es decir, el Creador creó la posibilidad del mal para que el bien elegido tenga verdadero valor. Si no existiera la opción de hacer el mal, el bien no tendría mérito.

En la Kabalá, especialmente en las enseñanzas del Ari (Isaac Luria), se dice que Dios "se retiró" (esto es el Tzimtzum) para permitir la existencia del mundo. Esta contracción creó un espacio donde las almas pueden elegir, y donde las kelipot (cáscaras o fuerzas impuras) pueden existir.

El mal, entonces, es una distorsión o una ocultación de la luz divina. Las kelipot no tienen existencia real, sino que viven del ocultamiento de la luz de Dios. Sin embargo, esta oscuridad es también parte del plan divino: permite el proceso de Tikún Olam (reparación del mundo). La tarea del ser humano es descubrir la chispa divina oculta incluso en lo más oscuro, y elevarla.

La palabra "ra" (רע ), que significa mal, tiene un valor de 270 (ר =200 ,ע = 70). La palabra "or" (אור), que significa luz, tiene un valor de 207 (א =1 ,ו =6, ר =200).

La diferencia entre ambas es 63, que es el valor de "ס"ג " (Sag), uno de los nombres de Dios en la Kabalá asociado con la sabiduría y la reparación. Algunos sabios kabalistas ven en esta diferencia una pista de que el mal no es un fin en sí mismo, sino una distorsión de la luz, que puede ser rectificada a través del conocimiento, la conciencia, y el propósito.

Dios se oculta (Hester Panim) – A veces, Dios "esconde Su rostro", permitiendo que el mundo parezca regido solo por causas naturales y elecciones humanas. Este ocultamiento es parte de la prueba espiritual.

El juicio no es inmediato – En Pirkei Avot se dice: "El juicio es lento, pero justo." Hay justicia, pero muchas veces no es en esta vida o de forma inmediata. Aquí entra el concepto de olam habá (el mundo venidero) y la reencarnación (gilgul), donde el alma continúa su proceso de corrección.

El mal será finalmente vencido – El propósito final de la creación es que todo el mal sea transformado en bien (vehaya Hashem leMelej al kol haaretz...), cuando el mundo entero reconozca al Creador y Su unidad.

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