וַיִׁקְּרָּא אֱלֹהִׁים לָּרָּקִׁיעַ שָּמָּיִׁם; וַיְּהִׁי-עֶרֶב וַיְּהִׁי-בֹקֶר יוֹם שֵנִׁי
Vayikra Elohim larakia shamayim; vayehi-erev vayehi-boker yom sheni
“Y llamó Dios al firmamento Cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día.”
Todo es una narración
וַיִׁקְּרָּא אֱלֹהִׁים לָּרָּקִׁיעַ שָּמָּיִׁם; וַיְּהִׁי-עֶרֶב וַיְּהִׁי-בֹקֶר יוֹם שֵנִׁי
Vayikra Elohim larakia shamayim; vayehi-erev vayehi-boker yom sheni
“Y llamó Dios al firmamento Cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día.”
La expresión "Shamayim" (שָּ מַ יִׁם) nos habla de algo más que del cielo físico; se refiere a un reino espiritual elevado, que representa esa esfera superior que nos cubre y en la cual reside la sabiduría, la cual comprendemos a través de la Luz, la misma que nos invita a vivir de acuerdo con la voluntad de nuestro Creador, para reencontrarnos con la pureza y el orden que tanto nos falta en lo terrenal.
Similar al concepto de "Mayim" (agua), "Shamayim" contiene las palabras "Esh" (fuego, אש ) y "Mayim" (agua, מים ), lo que simboliza la armonía y el equilibrio, incluso en las fuerzas opuestas, las cuales deberíamos entenderlas más bien como complementarias, por lo que se nos llama a trabajar desde nuestro equilibrio interior para contribuir a la armonía del cosmos, aportando lo mejor de nosotros, para que esos aspectos opuestos que subyacen en nuestras vivencias encuentren, en la justicia y la misericordia divina, el juicio y el amor que debemos promover.
La gematría nos muestra a través de la palabra: "Shamayim", con un valor de 390 (ש =300 ,מ =40 ,י =10 ,מ =40), que al descomponer estos signos en 3 + 9 + 0 = 12, dicho resultado nos llama a percibirnos dentro de las 12 tribus de Israel, esas que empezaron con diez hermanos egoístas que entregaron a José, quien más tarde les salvaría y unificaría como familia, como un solo pueblo en pro de esa plenitud y totalidad que contiene la estructura espiritual a la que pertenecemos. Denotándonos así que necesitamos de esos ciclos o procesos de vida que enlazan lo terrenal con lo celestial individualizando así nuestro crecimiento integral.
El mundo físico (el "rakia") es, lógicamente, una extensión del reino espiritual "Shamayim". Por ello, debemos reconocer la presencia divina en todo lo que constituye nuestra vida, insumos que están allí para ayudarnos en ese proceso de elevación que nos obliga a orientar nuestras intenciones, deseos, emociones, pensamientos, palabras, interacciones e interrelaciones en pro de ese crecimiento integral espiritual.
"Shamayim" nos proyecta, desde esos signos lingüísticos, la armonía entre el fuego y el agua, para que también busquemos equilibrar nuestras emociones, deseos y pensamientos, guiándolos hacia un propósito más elevado. Incluso la mención de la tarde y la mañana dentro de estas reflexiones debe incitarnos a percibir en el ciclo continuo del tiempo una oportunidad para esa constante renovación, alineándonos con la voluntad del Creador y cumpliendo así con nuestro propósito en este mundo.
La creación del "Shamayim" en este segundo día nos revela la importancia de elevar nuestra conciencia, armonizándola con los aspectos aparentemente opuestos de nuestras vidas, logrando reconocer en todo, esa invitación a reconectarnos con nuestra esencia espiritual desde lo terrenal. Es por ello, que el segundo día, "Yom Sheni" (Día Dos) - Separación de las Aguas, nos lleva a la sefirá Biná (Entendimiento), que nos recuerda nuestra capacidad de discernimiento. Es necesario que, gracias a esa conciencia, fijemos límites, teniendo en cuenta sus mandatos y preceptos.
La separación de las aguas, que representa la división entre los diferentes niveles de realidad, alejándonos de lo espiritual para que experimentemos más lo material, contiene esa estructura necesaria para que podamos crecer de manera coherente y consciente, lo que significa que, como el agua, estamos llamados a integrarnos al Creador a cada instante a través de esta Su obra.
El Segundo Día de la Creación, según el relato bíblico en el Génesis (Bereshit), describe la separación de las aguas para formar el cielo, lo cual se considera un proceso de creación de estructura y orden en el cosmos. El Segundo Día de la Creación nos recuerda que el firmamento (Rekia) se asocia con la noción de separación y distinción. Es un símbolo de la capacidad para establecer límites y orden dentro del caos.
Esto se refleja en la idea de que el firmamento separa las aguas, creando un espacio donde la vida puede desarrollarse y el orden puede ser establecido. Este proceso también refleja la acción del entendimiento y discernimiento, cualidades asociadas con la Sefirá de Biná (entendimiento) en el Árbol de la Vida.
Las aguas (Mayim) son a menudo vistas como símbolos de la creación primordial, la energía cósmica en su estado más fluido y sin forma. El proceso de separación de las aguas simboliza la organización de esta energía primordial, creando el espacio para la manifestación de la vida y la materia.
La palabra "Rekia" (רָּ קִִׁ֑ יעַ ) tiene un valor numérico de 222 en la Gematría. Este número se puede analizar en términos de su relación con las otras Sefirot, el equilibrio entre las fuerzas opuestas y la idea de la expansión y estructuración del universo. En algunas enseñanzas cabalísticas, el número 222 también se asocia con la armonía, la creación ordenada y la claridad.
El acto de separar las aguas en dos partes (superiores e inferiores) puede simbolizar el concepto de distinción entre el bien y el mal, lo físico y lo espiritual. Esto se relaciona con la importancia del discernimiento en el proceso de creación y en la vida espiritual.
En la tradición cabalística, el Segundo Día de la Creación es el único día en el que Dios no declara que la creación fue "buena". Esta ausencia de la declaración "y vio Dios que era bueno" se interpreta de diversas maneras, pero comúnmente se entiende que el Segundo Día es un día en el que el proceso de separación y de discernimiento, aunque esencial para la creación, también refleja la dualidad y el conflicto inherente a la existencia.
El Segundo Día de la Creación según la Cábala y la Gematría nos enseña sobre el proceso de crear orden a partir del caos, la importancia de la separación y el discernimiento para el establecimiento de un orden cósmico, y la manifestación de una estructura en la que puede surgir la vida y la luz espiritual.