וַיֹאמֶר אֱלֹהִׁים, יִׁקָּווּ הַמַיִׁם מִׁתַחַת הַשָּמַיִׁם אֶל-מָּקוֹם אֶחָּד, וְּתֵרָּאֶה הַיַבָּשָּה; וַיְּהִׁי-כֵן
Vayomer Elohim yikkavu hamayim mitachat hashamayim el-makom echad vetera'eh hayabashah; vayehi chen
“Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.”
"Yabasha" (יַבָּשָּ ה), lo seco, representa la manifestación del mundo físico, donde la vida puede existir y desarrollarse. Por lo tanto, nuestro planeta, más que un símbolo de un espacio material donde la acción tiene lugar, es el escenario propicio para dar estructura y forma al universo, permitiendo que la energía divina se concentre en lo material después de su fragmentación, la cual permitió nuestra creación.
Una vez se dio la separación de la esencia divina para permitir nuestra existencia, se requirió un espacio que fomentara ese reencuentro, lo que significa que su Palabra, su luz, las aguas, permitieron la aparición de la tierra seca, que refleja la importancia de reintegrar todo lo que se separó al orden de la creación.
Este principio rector de todo lo creado nos proyecta, en el macrocosmos del universo, esa búsqueda que inicia en nuestro microcosmos como seres humanos. Este orden requiere, por ende, de unos límites que, a su vez, dieron estructura a nuestras vidas para que, de igual manera, se reordenara nuestro proceso de crecimiento lumínico esencial, que lógicamente parte de nacer a la luz en este plano terrenal.
"Yabasha" tiene un valor gemátrico de 317 (י =10 ,ב =2 ,ש =300 ,ה =5), asociando conceptos de fortaleza y fundamento, lo que denota la idea de que la tierra seca es el fundamento sobre el cual se construye nuestro principio en la vida. Así que, al ser polvo de esta tierra que emerge en el tercer día, dicha plataforma es donde nuestra esencia, que solemos ver solo como material, puede reconectarse con lo espiritual.
"Yabasha" sugiere la necesidad de consolidar una base sólida desde lo material para sostener nuestra vida, que es en esencia espiritual, proceso que nos lleva a integrarnos desde lo exterior hacia lo interior, desde la tierra hacia el cielo, en un acto continuo de transformación que nos incita al Creador, a lo divino.
Si hoy nuestra base sólida es lo terrenal, el suelo solo debe servirnos de plataforma hacia el cielo, lo que significa que, respetando el orden de la creación, como parte de la tierra seca, debemos crear desde esta nuestra estructura espiritual, creciendo y desarrollándonos de manera equilibrada.
Ese acto de separar las aguas y permitir que emerja la tierra seca nos recuerda además la importancia de discernir y organizar nuestras prioridades, para crear esos entornos en los que podamos cumplir con nuestro propósito existencial, relacionándonos con este mundo que debemos atravesar desde nuestro desierto hacia la tierra prometida.
La conexión con lo espiritual parte del polvo, de los fragmentos de Su luz, para manifestarnos su voluntad sin interferir con la nuestra, teniendo que ordenarnos desde nuestras estructuras perceptibles para ir separando nuestro fundamento en pro de nuestro crecimiento personal, el cual debe armonizar lo material y lo espiritual, estableciendo una base sólida para cumplir con nuestro propósito divino en el mundo.
La idea de que "las aguas se junten en un lugar" nos lleva a comprender que las aguas suelen ser un símbolo de la Shejiná (la presencia divina en el mundo material), o la parte femenina de la divinidad que fluye a través del universo. Las aguas también pueden representar el flujo de energía cósmica y espiritual que da vida a la creación.
El lugar donde las aguas se reúnen podría simbolizar la unidad de la creación, la armonización de las fuerzas opuestas, o el equilibrio entre el cielo (espiritual) y la tierra (material). Es el punto donde lo divino y lo material se encuentran, un espacio de revelación o de manifestación.
El "lugar seco" donde las aguas se juntan es típicamente interpretado como Malkut, el reino material que recibe la energía espiritual, pero también puede ser vinculado simbólicamente al Edén o al futuro estado de redención espiritual. La Gematría estudia los valores numéricos de las palabras hebreas, y se puede usar para hacer conexiones místicas entre diferentes conceptos.
"Tierra seca" (אֲדָּ מָּ ה יַבָּשָּ ה): En gematría, אֲדָּ מָּ ה ("tierra") tiene el valor numérico de 45. יַבָּ שָּ ה ("seca") tiene el valor numérico de 410. Juntos, suman 455, lo que podría ser interpretado como una referencia a un estado de completitud o una manifestación plena en el plano material. "Agua" (מַ יִׁם): La palabra "agua" en hebreo (מַ יִׁם) tiene el valor numérico de 90, y este valor puede asociarse con conceptos de flujo y energía divina que se manifiestan en el mundo.
Si uno compara estas cifras y su relación, podría deducir que la interacción entre agua y tierra seca implica una transmutación de las fuerzas espirituales (aguas) en una manifestación material (tierra seca), lo cual tiene un paralelo con el proceso de la creación en Malkut.
El "lugar seco" puede ser visto tanto como Malkut, el reino material, en la Cabala, que es el lugar donde lo espiritual se materializa, como una manifestación de lo divino en el mundo físico. No necesariamente es el Edén (aunque podría tener una relación simbólica, ya que el Edén representa un estado de pureza espiritual), ni tampoco es directamente el nuevo cielo y la nueva tierra, aunque esas también son manifestaciones de la transformación espiritual de la creación.
La Gematría aporta una visión de la interacción entre agua y tierra, indicando un proceso de transformación o materialización de lo espiritual en el mundo físico. Ambos sistemas ofrecen interpretaciones que invitan a una reflexión profunda sobre la interacción entre lo divino y lo material, y cómo esa interacción se manifiesta a lo largo del proceso de la creación.
En el contexto cabalístico, este "lugar" puede ser interpretado como el corazón del ser humano o la sefirá de Malkut (el reino), que es el último de los diez atributos en el Árbol de la Vida. Malkut es la esfera que recibe la luz divina de las esferas superiores y la manifiesta en el mundo físico. Es en ese "lugar" donde las aguas espirituales, representando la energía divina, se encuentran y se manifiestan en el mundo material.
Si se considerara una palabra que haga referencia a "aguas" o a "lugar" en gematría, podría interpretarse de manera simbólica en relación a la unión de fuerzas espirituales y físicas. Sin embargo, la gematría de términos relacionados como "mayo" o "lugar" esta asociado con temas de revelación, creación, o manifestación divina, dependiendo de las palabras claves involucradas.
"El lugar donde las aguas se junten" puede interpretarse en la Cabala como un símbolo de la manifestación de lo divino en el mundo material, el punto de encuentro entre lo espiritual y lo físico ya que en la Cabala, las aguas suelen ser un símbolo de la Shejiná (la presencia divina en el mundo material), o la parte femenina de la divinidad que fluye a través del universo. Las aguas también pueden representar el flujo de energía cósmica y espiritual que da vida a la creación.
Y aunque el "lugar seco" podría interpretarse de varias maneras en estos sistemas místicos, todo nos lleva a ese sentido más profundo y simbólico en donde la tierra seca puede ser vista como un símbolo de lo material, lo físico, lo manifestado, en contraste con las aguas que representan lo espiritual o lo no manifiesto, punto donde las energías espirituales superiores se materializan, y, por lo tanto, podría considerarse el "lugar seco" donde las aguas espirituales se reúnen para crear la tierra material.
Contrario al Edén, que en la Cabala, puede ser visto como un estado de pureza y unidad divina, donde lo espiritual y lo material se encuentran en armonía. Sin embargo, el Edén no es necesariamente el "lugar seco" sino un lugar más simbólico, representando un estado de conciencia elevada y una conexión directa con lo divino. El Edén puede interpretarse también como una condición ideal donde el alma humana vive en completa armonía con el Creador, antes de la caída.
Por ello en algunas interpretaciones cabalísticas, el nuevo cielo y la nueva tierra que se mencionan en las escrituras proféticas (como en el libro de Isaías o Apocalipsis) podrían ser entendidos como un estado futuro de redención y transformación espiritual, donde la separación entre lo espiritual y lo material ya no existe. Esto es algo que sucederá al final de los tiempos, cuando todas las energías espirituales sean plenamente reveladas y el mundo material se transforme en un reflejo perfecto de lo divino.