וַיִׁבְּרָּא אֱלֹהִׁים אֶת-הַתַנִׁינִׁם הַגְּדֹלִׁים, וְּאֵת כָּל-נֶפֶש הַחַיָּה הָּרֹמֶשֶת, אֲשֶר-שָּרְּצוּ הַמַיִׁם לְּמִׁינֵהֶם,וְּאֵת כָּל-עוֹף כָּנָּף לְּמִׁינֵהוּ; וַיַרְּא אֱלֹהִׁים, כִׁי-טוֹב
Vayivra Elohim et-hatanninim hagedolim ve'et kol-nefesh hachayah haromeset asher shar'tsu hamayim leminayhem ve'et kol-of kanaf leminayhu vayyar Elohim ki-tov
“Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su especie, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.”
El concepto de תַ נִׁינִִׁ֖ם (Tanniním), que simboliza "monstruos marinos" o "grandes criaturas", se refiere más que a seres poderosos que habitan en las profundidades del océano, a fuerzas primordiales y aspectos ocultos de la creación. Desde la gematría, תַ נִׁין (Tanin) equivale a 510, lo que se relaciona con la fuerza y el control de lo desconocido.
Esta lectura también nos invita a diferenciar la chispa divina presente en todo ser viviente de nuestra esencia o alma, ya que todo se mueve y existe por Él, lo que implica que esa infusión de vida está en todas las criaturas. Esta interpretación nos incentiva a comprender, desde el concepto טָֽ וֹב (Tov), "bueno", que todo lo creado tiene un propósito positivo y está alineado con la voluntad divina.
El concepto de mal es simplemente el resultado de alejarnos de Él y de la armonía que fluye en todo el universo. La diversidad y complejidad del mundo nos llama a ser útiles a Su obra para que el desequilibrio que genera Su alejamiento, respetando nuestra voluntad, no genere fuerzas caóticas que, sin embargo, Él controla y equilibra conforme a Sus leyes.
Así que las fuerzas más poderosas y aparentemente caóticas tienen un lugar en el orden divino, ya que todo depende de Su hálito de vida, de Su Aliento, Néfesh Hachayá, que vibra con Su Palabra y se infunde en todo lo Creado.
La chispa divina está presente en todas las formas de vida y nos llama a reconectarnos voluntariamente con Él a través de Su obra, otorgando nuestra bondad, טָֽ וֹב (Tov), que es inherente a nuestra esencia y anhela acogerse a ese plan divino. Debemos encontrar la bondad en cada aspecto de nuestras vidas, incluso en las partes que parecen difíciles de entender o aceptar.
Quizá por ello, quienes perciben al Creador en todo sugieren que existen hasta 72 formas de llamarlo, (Shem HaMephorash), títulos y atributos que describen más Sus diferentes aspectos y manifestaciones, todo partiendo de la combinación del Tetragrámaton, que con sus combinaciones, יהוה (Yod-He-Vav-He), nos da las mayores luces para reconocernos como Sus hijos.
Cada uno de estos signos nos habla de nuestra esencia: י (Yod), la letra más pequeña del alfabeto hebreo, representa ese punto de partida, la chispa divina de la creación, esa esencia inalcanzable e indefinible. ה (He), que aparece dos veces en el Tetragrámaton, está asociada con la revelación y la expansión, simbolizando el soplo de vida y Su presencia divina. ו (Vav), como conector, traducido como "y", simboliza la unión entre lo divino y lo terrenal, el vínculo entre el cielo y la tierra. Mientras que ה (He) refuerza la idea de la manifestación de lo divino en el mundo físico y el proceso continuo de creación y revelación.
Es por ello que el Tetragrámaton es considerado la representación más pura y directa del ser de nuestro Creador. Estos signos corresponden a los diferentes niveles de existencia y emanaciones divinas (Sefirot) dentro del Árbol de la Vida, por lo que, más allá de entenderlos como simples señales, son un mapa que nos describe cómo nuestro amoroso Padre celestial interactúa con el universo y lo sostiene.
La Guematría o Gematria, גימטריא ), cuando nos habla de los monstruos marinos los entrelaza con temas de creación, caos, redención y el equilibrio de fuerzas espirituales en el universo. Es por ello que el mismo Leviatán (לויתן) debe entenderse mucho más que un monstruo marino ya que representa las fuerzas del caos primitivo, el aspecto oculto del mal, pero también una fuerza que será redimida al final de los tiempos.
En algunos textos, es una criatura andrógina, originalmente creada junto a su contraparte femenina, pero Dios mató a la hembra para evitar la reproducción de fuerzas caóticas sin control. La palabra לויתן (Leviatán) tiene un valor numérico de 496 y este es el mismo valor que la palabra מלכות (Maljut), que es el nivel más bajo del Árbol de la Vida cabalístico, asociado con la realización material del mundo espiritual. Esto implica que el Leviatán representa una energía espiritual poderosa, que puede ser manifestada en el mundo físico, si se purifica o domina.
Los Otros "monstruos marinos": Taninim (תנינים ) — dragones o monstruos marinos, representan las fuerzas primordiales que Dios creó y luego restringió para que no invadieran el orden del mundo. Rahav (רהב): Otro monstruo marino asociado al caos, a veces considerado una personificación del orgullo o arrogancia cósmica al cual se lo menciona en Isaías 51:9 y Job 26:12 y también simboliza la energía desbordante del juicio sin compasión.
En la tradición mística del Talmud y el Zohar: El Leviatán será servido como comida a los justos en la era mesiánica (ver Talmud Bavlí, Baba Batra 74b). Esto simboliza que las fuerzas del caos serán eventualmente transformadas en algo positivo y nutritivo para el alma.
Incluso esos mostruos que representan el caos son símbolos igualmente del final de los tiempos, de ese potencial reprimido que además se manifiesta en nuestra siquis y emociones que debemos dominar.
Lo mismo se puede entender de esas aves aladas (en hebreo: עוף כנף — of kenaf), que aparecen en el contexto de la creación del quinto día: "וְּעוֹף יְּעוֹפֵף עַל -הָּ אָּרֶ ץ עַל -פְּ נֵי רְּ קִׁ יעַ הַ שָּ מָּ יִׁם ", Ve’of ye’ofef al ha’aretz al penei rakiá hashamayim. Las cuales simbolizan: la capacidad del alma para elevarse.
Las alas representan las cualidades emocionales o espirituales que nos permiten "volar" por encima de lo mundano. Las aves viven en el mundo físico, pero se elevan hacia el cielo, igual que el alma humana que vive en un cuerpo, pero busca lo espiritual.
También ello nos habla de los niveles de ángeles y seres celestiales, ya que en algunos textos cabalísticos y del Zohar, ciertos tipos de aves representan ángeles o sefirot (manifestaciones divinas). Por ejemplo, el Zohar asocia a las aves con mensajeros espirituales entre mundos.
Y todo ello nos habla de esa Dualidad de dirección: arriba y abajo, en donde las aves van al cielo, pero comen de la tierra, lo cual simboliza la necesidad de balancear lo espiritual y lo físico. Esto se conecta con el principio cabalístico de Tiferet: armonía entre opuestos.
עוף כנף (Ave alada): עוף =156 y כנף =150 para un total de 306, que en guematría también equivale a: איש לבב (ish levav) = hombre de corazón, lo cual Implica alguien con sabiduría emocional o elevación del alma. Numero que también está cercano a רוח חכמה (ruaj jojmá) = espíritu de sabiduría. Lo que sugiere que las aves aladas son símbolos de personas con corazón espiritual y sabiduría elevada, que trascienden lo terrenal.
Aprender a elevarnos por encima de las dificultades, sin desconectarnos de la realidad nos llama a buscar lo espiritual incluso mientras vivimos en el mundo físico, a usas nuestras "alas": cualidades como la compasión, el entendimiento, la intuición para ascender a desarrollar el equilibrio: como las aves, que dependen del cielo y de la tierra, nosotros también debemos equilibrar mente y cuerpo, materia y espíritu.
Se trata de usar nuestros potencial y talentos para ese objetivo trascendente atendiendo esos mensajes que nos llegan al alma gracias a asumir la sabiduría divina desde el corazón logrando asi nuestro crecimiento interior integral.