וַיַעַש אֱלֹהִׁים אֶת-שְּנֵי הַמְּאֹרוֹת הַגְּדֹלִׁים, אֶת-הַמָּאוֹר הַגָּדוֹל לְּמֶמְּשֶלֶת הַיוֹם, וְּאֶת-הַמָּאוֹר הַקָּטֹן לְּמֶמְּשֶלֶת הַלַיְּלָּה, וְּאֵת הַכוֹכָּבִׁים
Vaya'as Elohim et-shenei hame'orot hagedolim, et-hama'or hagadol lememshelet hayom, ve'et-hama'or hakaton lememshelet halailah, ve'et hakochavim
“E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.”
Cuando se nos habla de "Shenei HaMe'orot" (Dos Grandes Lumbreras), la luz mayor y la luz menor, no solo se hace referencia al sol y la luna como cuerpos celestes, sino también a las diferentes formas en que la luz divina se manifiesta en nuestras vidas. La "lumbrera mayor" (el sol) simboliza la luz de la revelación, la claridad y la conciencia plena, mientras que la "lumbrera menor" (la luna) representa la luz reflejada, la introspección y los aspectos más ocultos de nuestra conciencia.
La asignación de la luz mayor para gobernar el día y la luz menor para gobernar la noche simboliza, por ende, el equilibrio necesario entre la claridad y la oscuridad, la revelación y el misterio, la acción y la reflexión; un aspecto armónico esencial para nuestro crecimiento integral y saludable.
"HaMe'orot" (הַ מְּ אֹרוֹת ), las lumbreras, tiene un valor gemátrico de 613 (ה = 5, מ =40 ,א =1 ,ו =6 ,ר =200 ,ת =400), un concepto particularmente significativo en el judaísmo, ya que 613 es el número total de mandamientos (mitzvot) en la Torá. Esto sugiere que las lumbreras, o la luz divina, están intrínsecamente conectadas con la totalidad de la ley divina, iluminando el camino que debemos seguir para vivir de acuerdo con los preceptos del Creador.
Nuestro Señor Jesucristo nos recordó que el amor es el vínculo perfecto que nos permite mantener un equilibrio entre la luz y la oscuridad en nuestras vidas. Así como el sol y la luna gobiernan el día y la noche, nosotros también debemos aprender a gobernar nuestros momentos de claridad y de introspección, utilizando ambos para crecer espiritualmente.
Las estrellas, aunque pequeñas desde nuestra perspectiva, nos ayudan a comprender que el verdadero propósito del firmamento es recordarnos que hay una sola fuente luminosa, nuestro Creador, y que todas las luces, por pequeñas que las apreciemos, nos representan como pequeños fragmentos de su esencia.
Así es como nuestros pequeños instantes requieren de una gran comprensión para que nuestras acciones cotidianas reflejen su bondad, destellos que tienen un impacto significativo en todo el firmamento que está totalmente interconectado, ya que nada está fuera de Él. Esto implica que sus mandamientos son nuestra guía para vivir en alineación con su voluntad.
No perdamos de vista que Primero está la luz y luego los recipientes, ello se sustenta en que la luz fue creada en el primer día, pero los recipientes para contener esa luz (sol, luna, estrellas) aparecen recién en el cuarto día. Esto tiene que ver con la enseñanza de que la energía precede a la forma, idea cabalística que apoyada en la gematría nos reitera que la palabra מְּ אֹרֹת (Me’orot) = "luminarias", tiene valor numérico 647, lo que nos lleva a un Midrash interesante que dice que originalmente las dos luminarias eran iguales, pero la luna fue “empequeñecida”.
Lo cual se se refleja en el texto: "La luminaria mayor para el día, la menor para la noche", de notándonos que el sol (Zeir Anpin) contiene el aspecto masculino, proactivo, expansivo de Dios, mientras que la Luna (Maljut) el aspecto femenino, receptivo, la Shejiná). Lo que además nos explica que hay una danza entre estas dos fuerzas, y el universo es el resultado de esa interacción.
Tener claro que la Torá no está hablando sólo del cielo físico. Habla de estructuras espirituales que luego se reflejan en lo físico, es de suma importancia ya que así como vemos galaxias, soles y sistemas, espiritualmente hay niveles, mundos y sefirot y las “luminarias” representan emanaciones divinas que brillan en cada plano del universo, desde lo más alto hasta el mundo físico.
En Kabalá, este universo es parte de una red infinita, donde cada estrella, cada sol, es un canal de luz que refleja una inteligencia espiritual. En vez de preguntarnos “¿dónde está el sol en el texto?”, debemos entender cuál es la luz que se transmite a través del sol, y qué enseña sobre nuestra alma, porque según la Kabalá, cada persona es también una me’orah, una luminaria y nuestra misión es reflejar esa luz divina, como la luna refleja la del sol.
Y aunque todo contiene la esencia divina y nos influencia esta claro que nuestro destino es hacia Èl, hacia la eternidad y ello incluso nos lo revelan los astros, lo que no puede confundirse en que estos cogobiernen nuestras búsquedas, ya que como lo dice el Talmud (Shabat 156a) se dice:“Ein mazal l’Yisrael”. No hay constelación (determinismo astral) para Israel. Esto no significa que los astros no influyan, sino que el alma conectada a su raíz divina puede elevarse por encima de la influencia astral.
El mismo Zohar (principal texto de la Cábala) explica: Los planetas y signos zodiacales canalizan energías espirituales desde mundos superiores hacia nuestro mundo físico. Son como “conductos” o “engranajes” cósmicos. Pero el ser humano, hecho a imagen del Creador, tiene la capacidad de influir incluso en esos canales.
La palabra hebrea para suerte o destino es מַ זָּל – Mazal, se traduce más bien como flujo celestial, o la forma en que una energía espiritual “gotea” hacia nosotros. Mazal tiene valor guemátrico: מ )40 + (ז )7 + (ל (30) = 7, que es también el valor de: עוז (oz = fuerza) y está relacionado con Yesod, la sefirá que canaliza la energía hacia lo terrenal. Lo que significa que mazal no es destino rígido, sino un flujo potencial al que podemos conectarnos si cambiamos de conciencia, logrando un mejor mazal o alineación con el Creador.
Está claro que sí hay mapas celestiales que reflejan inclinaciones, tendencias, caminos probables, pero ello no es un destino fijo. El ser humano, a través de la conciencia, la intención, la plegaria, la acción y el estudio espiritual, puede cambiar el rumbo que vienen tomando a través de esos senderos, los mismos de los que nos habla el Árbol de la vida y las sefira.
En el Sefer Yetzirá (el “Libro de la Formación”), se dice que el universo fue creado con: Sefirot (emanaciones divinas), Letras hebreas, Las doce constelaciones, Los siete planetas clásicos, Los elementos del alma, en donde todo está conectado, pero el alma nuestras es co-creadora con el Creador.
כוכב – Kokhav (estrella) = כ )20 + (ו )6 + (כ )20 + (ב )2 = (48,מזל – Mazal (flujo astral) = 77, nos reitera que 48 es también el valor de מילוי – Milui (plenitud), lo que sugiere que las estrellas están llenas de mensajes. Ahora גזרה – Gezerá (decreto, destino) = ג )3 + (ז )7 + (ר )200 + (ה (5) = 215, y תשובה – Teshuvá (retorno, arrepentimiento) = 713, asi como תפילה – Tefilá (oración) = 515, son acciones espirituales que cambian la gezerá.
Por ende quienes buscan un destino incluso en lo astrológico obvian que allí solo se puede tener una lectura parcial o mapa para transitar por ende cada quien elige el rumbo a tomar pudiendo cambiar de sendero, desvíos para los cuales tenemos la guía del Creador gracias al Espíritu Santo.