GÉNESIS · I · 19

Génesis 1:19

Todo es una narración

I · 19

וַיְּהִׁי-עֶרֶב וַיְּהִׁי-בֹקֶר, יוֹם רְּבִׁיעִׁי

Vayehi-erev vayehi-boker, yom revi'i

“Y fue la tarde y fue la mañana: el cuarto día.”

Reflexión

El cuarto día es cuando Dios crea los astros: el sol, la luna y las estrellas, por ende un orden en el tiempo y en el mundo físico El cuarto día marca la introducción de un orden en el mundo físico, ya que ahora el tiempo puede ser medido. Esto es clave para la realización del mundo material y la existencia humana, que depende del tiempo y el espacio.

El Sol (or ha-gadol) representa la fuerza activa, masculina, y espiritual. La Luna (or ha-katan) representa la receptividad, lo femenino, y también el mundo inferior o material. En la Kabalá, esto se asocia con el juego entre las sefirot como Tiferet (belleza/armonía) y Maljut (reino). El sol puede aludir a Tiferet (la emanación equilibrada del árbol de la vida), y la luna a Maljut (el receptor final).

Además se da Inicio del libre albedrío y el calendario espiritual, al establecer los astros como “señales”, Dios también introduce los conceptos de festividades, tiempos sagrados y por ende la posibilidad de una vida espiritual organizada. Aquí entra en juego la idea de que el humano puede alinear su vida con los ritmos cósmicos.

La palabra hebrea para "cuarto" es רביעי (Revi’i): ר =200 ,ב =2 ,י =10 ,ע = 70, י =10, Total 292, que es el número que comparte valor con la palabra "חרב " (jérev), que significa espada. Esto puede interpretarse como una alusión al poder de cortar, separar, discernir, algo que los astros hacen al dividir la luz y la oscuridad, el tiempo en días y noches.

También tiene la misma guematría que "בכור" (bejor), que significa primogénito. Esto puede tener connotaciones de algo que marca un inicio o un nuevo orden, como lo hacen los astros al establecer ciclos. Por lo tanto este cuarto día de la creación simboliza: El establecimiento del orden cósmico y el tiempo espiritual y, la relación entre lo espiritual y lo material, a través del simbolismo del Sol y la Luna.

En la guematría, 292 sugiere temas de discernimiento, separación y primacía, todos relacionados con la aparición de los astros y su función de marcar el flujo del tiempo.

Yom Revi'i (Cuarto Día) se integra a la Sefirá de Netzaj para hacernos entender que somos eternos y que esa es nuestra victoria. Netzaj representa la perseverancia, la eternidad y el triunfo sobre los obstáculos, especialmente sobre la muerte, como lo demostró nuestro Salvador Jesucristo. Es la fuerza que nos impulsa a seguir adelante, una fe que, incluso en medio de las pruebas y desafíos, nos recuerda la importancia de la persistencia y la continuidad en nuestro camino espiritual.

Cada ciclo de "tarde" y "mañana" simboliza el equilibrio entre la luz y la oscuridad, entre la revelación y la ocultación. La tarde representa el período de preparación e introspección, mientras que la mañana simboliza la claridad, la revelación y la acción. Este ciclo continuo nos enseña la importancia de estar en sintonía y en frecuencia con el vibrar de Su palabra y con los ritmos naturales que ella nos otorga.

El concepto de "Revi'i" (רְּ בִׁ יעִׁ י ) tiene un valor gemátrico de 292 (ר =200, ב =2 ,ע =70 ,י =10 ,י =10), que se descompone en 2+9+2=13, llevándonos al concepto "Ejad" (אחד), "uno", unidad con el Creador. Esto nos reitera que todos los días de la creación están interconectados y que cada día es una manifestación de la voluntad divina que nos lleva hacia un propósito común y unificado.

Así como el proceso de la creación continuó sin interrupciones, debemos aprender a mantener nuestro enfoque y determinación en la búsqueda de la verdad y la realización espiritual, superando los desafíos y obstáculos que puedan surgir. Vivir en armonía con los ciclos naturales de la vida es nuestra mejor alternativa, y la alternancia entre la tarde y la mañana nos enseña que cada momento tiene su valor y propósito. Debemos aprender a equilibrar la acción con la reflexión, la luz con la oscuridad, para alcanzar un estado de paz y armonía interior.

Entender esta sefirá con fuerza, restricción y disciplina nos lleva a dejar de quejarnos por todo y, en su lugar, agradecer por cada nueva enseñanza, entendiendo que cada experiencia es necesaria no solo para nuestro mejoramiento, sino para mantener nuestro equilibrio integral dentro de la estructura del universo.

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