GÉNESIS · I · 28

Génesis 1:28

Todo es una narración

I · 28

וַיְּבָּרֶךְ אֹתָּם אֱלֹהִׁים, וַיֹאמֶר לָּהֶם אֱלֹהִׁים פְּרוּ וּרְּבוּ, וּמִׁלְּאוּ אֶת-הָּאָּרֶץ וְּכִׁבְּשֻׁהָּ; וּרְּדוּ בִׁדְּגַת הַיָּם וּבְּעוֹף הַשָּמַיִׁם, וּבְּכָּל-חַיָּה הָּרֹמֶשֶת עַל-הָּאָּרֶץ

Vayevarech otam Elohim vayomer lahem Elohim pru urvu umilu et- ha'aretz vekivshuha; urdu vidgat hayam uve'of hashamayim uvechol- chayah haromeset al-ha'aretz

“Y los bendijo Dios, y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.”

Reflexión

La raíz "ברך" (Barach) y su valor gemátrico de 222 asocian el término con la idea de un flujo de bendición desde lo alto para todos, por lo que la humanidad está dotada de ese potencial para llevar a cabo su misión en la tierra. El mandato "פְּ רוּ וּרְּ בוּ" (Pru urvu): "Fructificad y multiplicaos" nos propone la proliferación de buenas acciones, pensamientos y palabras.

La fecundidad debe entenderse como la expansión de la luz divina en el mundo, siendo necesario que nos acojamos a Su voluntad. Como hijos, "וְּכִׁבְּ שֻׁ הָּ " (Vechivshúa): debemos ejercer control y dominio sobre la tierra, pero no de manera despótica, sino en armonía con las leyes de la naturaleza, reflejando la responsabilidad de ser custodios y no tiranos.

El valor gemátrico de 28 (כ"ח, Koaj) significa "fuerza" y resalta la fuerza y el poder dados al ser humano para cumplir con ese mandato divino, pero también implica la responsabilidad de utilizar ese poder con sabiduría y justicia. Por lo tanto, nuestras bendiciones están ligadas a ese poder y la responsabilidad de dar forma y dirección a la creación, ya que tenemos el potencial divino para crear, multiplicar y gobernar de manera justa y compasiva.

Desafortunadamente, no estamos multiplicando la bondad, la justicia y la paz en el mundo, sino que estamos utilizando nuestras fuerzas de manera destructiva, culpando incluso a fuerzas espirituales de ello. La maldad surge de no revisar los efectos de nuestras intenciones, emociones, pensamientos, interrelaciones e interacciones, que tienen un impacto no solo en nosotros sino en el mundo, siendo nuestra tarea llenar la tierra con la luz divina.

No tenemos licencia para explotar la creación; el llamado es a actuar como administradores responsables, cuidando de la tierra y todas sus criaturas con amor y respeto. Estamos llamados a utilizar nuestra fuerza (Koaj) para el bien, actuando como canales de bendición en el mundo, y así cumplir con nuestra misión divina de reflejar la imagen del Creador, quien nos desafía a considerar cómo podemos contribuir de manera más significativa y consciente a la creación de un mundo mejor y más armonioso.

Tal vez por ello, ante nuestra prolongada lejanía y la magnificación de nuestro caos, se hizo humano, haciéndose a nuestra imagen y semejanza, con el propósito de que entendiéramos su sencillo lenguaje de amor.

La Bendición Divina (ברכה - "Berajá") tal como aparece en Bereshit (Génesis),) no es simplemente una "bendición" como un regalo o deseo de bien. En Kabaláh, una berajá es una canalización de Shefa (שֶ פַע ), un flujo espiritual que desciende desde los mundos superiores hacia los inferiores.

La bendición proviene principalmente desde Jojmá (sabiduría divina) y se filtra a través de Jesed (misericordia), Tiferet (belleza-equilibrio), hasta Maljut (reino, receptáculo). Es en Maljut donde la bendición se manifiesta — es el lugar donde el humano puede recibir, manifestar y expandir esa energía.

Por ello los cinco verbos: Fructificad (פְּ רוּ – Perú), Multiplicaos (וּרְּ בוּ - urvú), Llenad (וּמִׁ לְּ אוּ - umilú), Sojuzgadla (וְּכִׁבְּ שֻׁ הָּ - vejibshuhá) y señoread (וּרְּ דוּ - ur'dú), representan esos aspectos del trabajo espiritual que todo ser humano debe realizar como imagen de Elohim.

Se trata de amar (Jesed – Perú- פרו ), de crear vida, de extender Su bondad, de multiplicar lo bueno (Netzaj - Urvú - ורבו), de vencer el ego, de ser humildes (hod - Umilú - ומלאו ), de llenar el mundo de luz desde lo interno, de tener disciplina (Guevurá - Vejibshuhá - וכבשוה), de dominar los impulsos, de refinar la materia, de ejercer soberanía espiritual (Maljut - Ur'dú - ורדו) de cogobernar la vida desde el alma.

ברכה (Berajá) = 227, פרו (Perú) = 286, רבו (Ravú) = 208, ומלאו (Umilú) = 123, וכבשוה (Vejibshuhá) = 341, ורדו (Ur'dú) = 210, Si sumamos todas: 286 + 208 + 123 + 341 + 210 = 1168, nos da el valor de frases como: "Luz desde las alturas" – (אוֹר מֵ רוֹם) en su forma extendida y también se asocia con la manifestación total de la bendición en los mundos inferiores.

Y si restamos la guematría de ברכה (227) del total: 1168 - 227 = 941, un número que está vinculado a conceptos como "Tikún Olam" (reparación del mundo), especialmente si se ve como sumatoria de múltiples procesos de corrección.

Por ende "señorear" desde la Kabaláh, no es dominio en el sentido imperialista. Es reinado espiritual, el dominio de la conciencia elevada sobre lo instintivo. Es lo que hace el rey David al elevar sus deseos al servicio de Hashem. Radah (רדה) implica bajar a lo más bajo para elevarlo, no para someterlo destructivamente.

Es por ello que desde la perspectiva cabalística, estas bendiciones no son solo para el mundo físico. Cada uno de nosotros debe: Fructificar: Crear algo bello en este mundo (arte, relaciones, ideas), Multiplicarse: Expandir el bien, inspirar a otros, Llenar: Habitar espacios con conciencia divina, Sojuzgar: Dominar pasiones, elevar lo material y Señorear: Ser soberano de tu alma, liderar desde el alma.

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