וַיִׁתֵן אֹתָּם אֱלֹהִׁים, בִׁרְּקִׁיעַ הַשָּמָּיִׁם, לְּהָּאִׁיר, עַל-הָּאָּרֶץ
Vayiten otam Elohim birkia hashamayim leha'ir al-ha'aretz
“Y los puso Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra.”
Todo es una narración
וַיִׁתֵן אֹתָּם אֱלֹהִׁים, בִׁרְּקִׁיעַ הַשָּמָּיִׁם, לְּהָּאִׁיר, עַל-הָּאָּרֶץ
Vayiten otam Elohim birkia hashamayim leha'ir al-ha'aretz
“Y los puso Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra.”
Rakia HaShamayim (Firmamento de los Cielos) y LeHa'ir (Alumbrar) nos presentan esa escalera o puente que debe existir entre lo Divino y lo Terrenal, una puerta estrecha que separa ese "Rakia" (firmamento) de nosotros, quienes debemos entender toda esa estructura, la misma que separa pero que, a la vez, conecta los reinos superiores (cielos) con el mundo material (la tierra).
Las lumbreras en el firmamento simbolizan la función del "Rakia", para que entendamos que ese canal o puente es el que nos permitirá que la luz divina fluya desde lo espiritual hacia lo físico, ya que es su luz la fuente que ilumina toda la creación. Quizá por ello el verbo "LeHa'ir" (alumbrar) nos habla de esa acción de dar luz, la misma que nos trae a este mundo, donde se nos revelan poco a poco nuestros propósitos.
Claridad que eleva nuestra conciencia, la cual recibe esas chispas de luz que emanan de Él como reflejo de todas las lumbreras existentes en el firmamento, con las cuales debemos integrarnos como fragmentos de su esencia. Es indispensable que nuestros conocimientos se articulen a Su sabiduría para que esta guíe nuestras vivencias.
LeHa'ir (לְּ הָּ אִׁ יר) tiene un valor gemátrico de 252 (ל =30 ,ה =5 ,א =1 ,י = 10, ר =200), que al descomponerse en 2+5+2=9, nos proyecta la verdad y la culminación, ya que la acción de alumbrar simboliza la culminación de un proceso en el cual la luz divina revela la verdad y guía el camino hacia la realización espiritual en nuestro destino final, nuestra morada celestial.
Rakia (רָּ קִׁ יעַ ) tiene un valor gemátrico de 310 (ר =200 ,ק =100 ,י =10), el cual nos da la idea de recompensa y espiritualidad, sugiriendo que el firmamento no solo es un espacio físico, sino también un reino espiritual donde las bendiciones y la luz divina se manifiestan y son accesibles para aquellos que buscan la verdad. Por lo tanto, si somos receptivos a la luz divina que desciende del firmamento, tal como las lumbreras que iluminan la tierra, y recibimos esta luz reflejándola en nuestras vidas a través de nuestras intenciones, deseos, emociones, palabras, interacciones, decisiones e interrelaciones, seremos guiados para elevarnos hacia el cielo cumpliendo con nuestro propósito espiritual en la tierra.
Nuestra búsqueda de conexión entre los reinos espiritual y material nos reitera que nuestras vidas en la tierra están profundamente entrelazadas con lo divino, y que se nos llama a crecer luminosamente desde nuestro entendimiento. Esta conciencia es fundamental para reconocer y nutrir esta conexión, permitiendo que la luz y la sabiduría divinas fluyan en nuestras acciones diarias.
LeHa'ir nos insta a buscar la verdad y la claridad en todas las áreas de nuestra vida. Al igual que la luz revela lo que está oculto, debemos esforzarnos por alcanzar un mayor entendimiento y conciencia, iluminando tanto nuestro camino como el de quienes nos rodean. Es el momento de abrirnos a esta luz, de reflejarla en nuestras vidas y de buscar siempre la verdad y la claridad en nuestro camino espiritual.
Todo fue hecho por la palabra del Creador partiendo de las 4 letras del tetragrámaton y esas chispas de Luz las encontramos en la Torá que comienza con "Bereshit" (בראשית ), para hablarnos de ese principio, cuya primera letra es Bet (ב ), sin embargo quienes piensan que entonces debió iniciar con Alef (א ), obvian que aunque esta es la primera del alfabeto hebreo, ella representa la dualidad de este mundo, creado a través de la Palabra.
La letra ב tiene valor numérico 2 y representa la dualidad de la creación: cielo y tierra, luz y oscuridad, cuerpo y alma. La creación comienza con separación, necesaria para el Tikún (corrección). Alef (א ), en cambio, representa la unidad divina absoluta (אחד – Ejad), anterior a la creación.
Alef es la semilla oculta Aunque no aparece al principio, la letra א está implícita en todo. Según el Zóhar, todo el universo se sustenta en el Alef, pero la manifestación empieza con Bet. Esto es como decir: la unidad divina (א) se oculta para que la pluralidad (ב) pueda existir.
Humildad del Alef En Midrash (Bereshit Rabbah), se dice que todas las letras quisieron ser la primera de la Torá, pero Dios eligió la Bet. El Alef aceptó humildemente no ser el primero, y por eso fue recompensado como la primera letra de los Diez Mandamientos: "Anoji Hashem..." (אנכי ה׳ ).
. El Tetragrámaton (יהוה ) y las letras como origen de todo El Tetragrámaton – יהוה (YHVH) es el Nombre Inefable de Dios, y según la Cábala: Es la estructura espiritual del universo. Cada letra representa un nivel del árbol de la vida (sefirot): י (Yod): Jojmá: Sabiduría. El punto inicial de toda creación, la chispa divina ה (He): Biná: Entendimiento. Expansión de la idea, matriz espiritual ו (Vav): Zeir Anpin (6 sefirot). Canal de energía hacia lo material ה (He final): Maljut: Reino. El mundo material, receptáculo de la Luz
¿Qué enseña esto? El mundo es creado y sostenido por las letras divinas, y en especial por el Nombre de Dios. Las letras no son símbolos humanos: son fuerzas vivas. Como dice el Sefer Yetzirá, Dios creó el mundo con las 22 letras del alfabeto hebreo.
Vivir entre Alef y Bet Vivimos en un mundo de dualidad (ב), pero con la conciencia de que todo surge de una unidad (א ) más alta. El trabajo espiritual es elevar la dualidad (conflictos, deseos, materia) a su origen divino en el Alef: la Unidad Suprema. Ejemplo práctico: Cada vez que elegimos armonía sobre división, o compasión sobre juicio, estamos revelando la Alef en la Bet — espiritualizando lo material.
Reconocer que el Nombre Divino está en nosotros Según la Cábala, el ser humano está hecho a imagen de יהוה: La Yod representa la cabeza (pensamiento), la Vav el tronco (conexión), las dos He los brazos (acción). Esto sugiere que somos una extensión viva del Nombre Divino, y nuestras palabras y acciones deben "escribir el Nombre de Dios" en el mundo.
Elevar el lenguaje y las letras Toda letra, toda palabra, tiene poder. Así como Dios creó con palabras, nosotros también creamos realidad con lo que decimos. Ser conscientes de nuestro lenguaje, de los nombres que damos, de cómo hablamos, es una forma de canalizar la energía sagrada.
La Torá comienza con Bet, no con Alef, porque el mundo comienza en la división pero apunta hacia la unidad. Las letras del Tetragrámaton son canales de energía divina que están en nosotros y en todo. Vivir espiritualmente hoy es actuar con conciencia de esas letras, buscando la unidad en la dualidad, y haciendo de nuestra vida un reflejo del Nombre de Dios.