GÉNESIS · I · 23

Génesis 1:23

Todo es una narración

I · 23

וַיְּהִׁי-עֶרֶב וַיְּהִׁי-בֹקֶר, יוֹם חֲמִׁישִׁי

Vayehi-erev vayehi-boker, yom chamishi

“Y fue la tarde y fue la mañana: el quinto día.”

Reflexión

Al hablar del concepto de tarde, וַיְּהִׁ י -עֶרֶ ב (Va-yehí érev), la expresión ערב (érev), que tiene un valor para la gematría de 272, nos da la idea de mezcla, ya que es el momento en que el día comienza a mezclarse con la noche.

Esta transición nos invita a la unión con las fuerzas opuestas que moran en nosotros, producto de nuestra lejanía con Él, buscando la mañana, וַיְּהִׁ י -בֹקֶ ר (Va-yehí bóker). Según la expresión בֹקֶ ר (bóker) y su gematría de 302, se proyecta el concepto de claridad, revelación y el comienzo de un nuevo ciclo.

Nuestra oscuridad desea Su luz, un proceso que necesita del caos de este mundo, lo cual nos indica que el quinto día, י֥וֹם חֲמִׁ ישִָֽׁ י (Yom jamishí), al relacionarlo con la sefirá Gevurah (fuerza y juicio) del Árbol de la Vida, nos llama a la expansión para disfrutar del poder y las bendiciones del Creador. Este es el patrón de transformación y crecimiento que constituye nuestro ciclo diario.

La tarde, además, nos prepara para el descanso y la renovación, lo que implica que los momentos en que experimentamos confusión o incertidumbre son necesarios para que ocurra esa transformación una vez nuestro entendimiento se ilumine y disipe nuestras sombras. Este despertar espiritual implica un renacer, gracias a que escogemos el camino hacia el crecimiento personal.

El contexto de Gevurah también introduce la idea de limitación y estructura dentro de la creación, para poder contener y dar forma, un proceso creativo que nos va acercando a la plenitud y nos prepara para lo que será el clímax del sexto día y la culminación con el Shabat, necesitando para ello disciplina y autocontrol.

El "Yom Chamishi" (Día Cinco), con las aves y peces, también nos habla de la sefirá Tiferet (belleza/armonía), la cual equilibra Chesed y Gevurah, y se manifiesta en la diversidad y la interconexión de las criaturas vivientes. Quizá por ello, uno de los atributos más mencionados para hacer referencia a nuestro Creador es Adonai, que significa "Señor", o Hashem, "El Nombre", para alabarle y agradecerle por la constante oportunidad de ser parte de Su obra.

Para entender mejor los conceptos de tiempo, eternidad, y la misma relación ese tiempo humano y lo que podría ser el divino, podemos releer el Salmo 90:4, que dice: "Porque mil años ante Tus ojos son como el día de ayer que ya pasó.", frase que es la raíz de la idea de que "mil años nuestros son como un día para Dios", lo cual en la Kabalá es más que una metáfora, sino una enseñanza profunda sobre cómo Dios no está limitado por el tiempo, mientras que nosotros sí.

En Kabalá, se habla de Ein Sof (אין סוף), que significa "sin fin", para referirse al aspecto más elevado e infinito de Dios. El Ein Sof no tiene tiempo. El tiempo es una creación, algo que aparece después del Tzimtzum (la contracción inicial de la Luz Infinita para dar lugar a la creación). Esto significa que la eternidad no es una duración infinita, sino una realidad sin tiempo.

Desde esta perspectiva humana debemos asimilar que lo que para nosotros toma mil años, para el Creador puede ser solo un "instante" ya que en el plano divino, todo el tiempo existe simultáneamente: pasado, presente y futuro.

La guematría nos habla de términos como: Yom (יום) = Día = 10 )י + (6 )ו ( + 40 (ם ) = 56, Olam (עולם ) = Mundo / Eternidad = 70 )ע + (6 )ו + (30 )ל + ( 40 (ם ) = 146 y Elef (אלף ) = Mil = 1 )א + (30 )ל + (80 )ף = (111, Uno de los nombres de Dios, Ehyeh (אהיה), que significa "Yo seré", tiene valor 21. Este nombre se asocia con la atemporalidad, pues Dios "es, fue y será" simultáneamente.

La guematría del nombre completo de Dios (el Tetragrámaton, YHVH - יהוה) es 10 + 5 + 6 + 5 = 26. Si multiplicamos: 26 (YHVH) × 40 (mem, símbolo del agua, del tiempo en la gestación y del cambio) = 1040, ello nos lleva al concepto cercano de mil (Elef), otra forma en que la guematría sugiere la relación entre el nombre de Dios y el "mil" como unidad divina de tiempo.

En la Kabalá se habla del tiempo cíclico y espiritual, no solo lineal. Nuestros calendarios (como el hebreo, gregoriano, etc.) son maneras humanas de contar algo que, para Dios, no necesita ser contado. El calendario hebreo, por ejemplo, se basa en el ciclo lunar y solar, y tiene raíces espirituales en el orden de las sefirot y los meses con significados ocultos. Pero para el Creador, el tiempo es una ilusión útil, creada para permitir la experiencia, el tikún (rectificación) y el libre albedrío.

Desde la Kabalá el tiempo humano es una herramienta de aprendizaje espiritual. La eternidad divina no es un tiempo muy largo, sino la ausencia total de tiempo. Mil años: un día es un modo de mostrar que lo que para nosotros es extenso y complejo, para Dios es claro y simple. La cuenta divina no se mide en segundos ni en días, sino en niveles de conciencia y propósito cumplido.

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