GÉNESIS · I · 3

Génesis 1:3

Todo es una narración

I · 3

וַיֹאמֶר אֱלֹהִׁים יְּהִׁי אוֹר וַיְּהִׁי-אוֹר

Vayomer Elohim yehi or vayehi or

“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”

Reflexión

"Vayomer Elohim Yehi Or Vayehi Or" ("Y el Creador dijo: Sea la luz, y fue la luz"), es una revelación divina, una manifestación tangible de Su voluntad. Esa Luz es la sabiduría para nuestras propias vidas, con el propósito de que nos reconozcamos como Sus hijos, por lo que nuestras palabras y pensamientos generan Luz, crean, aunque a veces nos recreemos en el caos de nuestro alejamiento.

Moldear nuestras vivencias con Su palabra implica que Su luz, Su sabiduría, ilumine nuestro entendimiento, llamándonos a reproducir Su bondad y alejándonos de nuestras ignorancias, oscuridad y maldad.

"Or" (אור ) nos llama a iluminar nuestra "razón" con un conocimiento profundo de Él, hasta comprender que esta experiencia terrenal temporal es solo una pequeña parte de nuestra esencia, lo que nos obliga a buscar en nuestra alma ser guiados por esa voluntad divina que es infalible.

Es un mensaje constante para que, a través de la oración, el estudio de Su palabra, y el proponernos voluntariamente buenas acciones, nos acerquemos a Él a través de Su obra.

Es por ello que la palabra "decir" (en hebreo, "אמר" - "Amar") tiene un significado profundo que trasciende su función comunicativa en el lenguaje cotidiano. La acción de "decir", especialmente cuando proviene de Dios, está relacionada con los procesos de emanación divina, la creación del mundo y el poder transformador de la palabra.

En la Cábala, el verbo "decir" está estrechamente vinculado al proceso de creación y a la manifestación de la luz divina en el mundo físico y espiritual. La palabra en hebreo para "decir" es אמר (Amar), que también tiene una raíz en א (Aleph), מ (Mem) y ר (Resh). Este verbo se refiere a la emisión de la palabra divina que da forma a la realidad. En particular, es una palabra cargada de poder creativo.

Según la tradición cabalística, el universo fue creado por la palabra de Dios. En el relato bíblico de la creación del mundo en el libro de Génesis, se repite constantemente la frase "Y dijo Dios..." ("ויאמר אלוהים"), lo que indica que el acto de crear tiene lugar por medio de la palabra divina. De acuerdo con la Cábala, cada palabra de Dios que se "dice" contiene una energía espiritual que manifiesta la existencia. Cada palabra de Dios, cuando se pronuncia, activa las fuerzas cósmicas que dan vida a la creación. El verbo "decir" en este contexto está relacionado con el proceso de emanación, donde la luz divina se proyecta de manera controlada y ordenada para formar todo lo que existe en los mundos espirituales y materiales.

El concepto de Tzimtzum (la "contracción" de la luz divina) en la Cábala también está vinculado a la palabra. En un sentido espiritual, Dios "se contrae" para dar espacio a la creación, pero esa contracción no implica vacío, sino que permite que el acto de "decir" se convierta en el vehículo a través del cual la luz divina se adapta y se proyecta hacia abajo, formando las estructuras espirituales y físicas del universo. Decir no es solo un acto de comunicación, sino un acto creativo que llena de significado y sustancia las diferentes capas de la realidad.

Ahora, al analizar la palabra "אמר" desde el punto de vista de la Gematría, podemos obtener una mayor comprensión de su profundidad espiritual. א (Aleph) = 1, מ (Mem) = 40, ר (Resh) = 200, el valor numérico total de אמר es 241, número que es muy significativo en la Cábala porque está relacionado con varias palabras y conceptos espirituales profundos que pueden ayudarnos a entender mejor el acto de "decir".

El valor numérico de la palabra "אמר" (241) es muy cercano al valor numérico de la palabra "luz" (אור - Or), cuyo valor es 207. Aunque no es una coincidencia exacta, hay una fuerte relación simbólica entre la palabra "decir" y la "luz" en la Cábala, porque la luz divina se manifiesta a través de la palabra de Dios. En el Zohar y otros textos cabalísticos, se explica que la luz de la creación se emite a través de las palabras de Dios. La luz y la palabra son inseparables en el proceso de creación, y "decir" es un medio para traer la luz espiritual que da vida y forma al universo.

El Corazón del Hombre (לב - Lev). Otro concepto interesante en la Gematría relacionado con אמר (decir) es su correspondencia numérica con la palabra "corazón" (לב - Lev), cuyo valor también es 32 (llevando la suma a 241). El corazón en la Cábala no solo es el órgano físico, sino que también simboliza el centro espiritual del ser humano, el lugar donde residen las emociones y los deseos más profundos. El "decir" está relacionado con las intenciones del corazón. En la tradición cabalística, se cree que la palabra de Dios emana del corazón divino, y al decir algo, una persona está manifestando lo que hay en su corazón y, por lo tanto, reflejando lo divino. Esta relación simbólica entre la palabra y el corazón refleja el poder creativo y transformador que la palabra posee tanto en lo divino como en lo humano.

El acto de "decir" en la Cábala no es simplemente una expresión de sonidos; es una acción cosmológica y teúrgica. La palabra tiene la capacidad de transformar la realidad porque, según la tradición cabalística, el universo entero fue creado por la palabra divina. En el libro de los Salmos (33:6), se dice: "Por la palabra de Hashem fueron creados los cielos", lo que refuerza la noción de que la creación es un acto verbal. La palabra divina actúa como una energía vibratoria que organiza y estructura la materia en los diferentes mundos. En este sentido, cuando Dios dice, está creando y sustentando la creación de manera continua.

A través de las sefirot (las emanaciones divinas), la palabra de Dios fluye desde el mundo de la emanación (Atzilut) hasta el mundo físico (Asiyah), dando forma a todo lo que existe. Cada letra hebrea tiene un poder espiritual inherente. En la Cábala, las letras del alfabeto hebreo no son solo símbolos lingüísticos; son fuerzas cósmicas que contienen la energía divina que modela la creación. Al "decir" algo, se invoca una letra específica de este alfabeto que, en unión con otras letras, crea una realidad espiritual.

Desde la perspectiva cabalística, "decir" es un acto sagrado y profundo. Las palabras no son meras unidades de comunicación; son canales de la luz divina que crean y sostienen la realidad. A través de la palabra de Dios, el universo fue creado y sigue siendo sostenido. Decir algo es invocar la realidad espiritual y material que se manifiesta a través de las sefirot y las leyes divinas.

Para los seres humanos, nuestra palabra también tiene un poder transformador. Cuando hablamos, especialmente cuando hablamos con intención pura, podemos afectar nuestra propia realidad y la de los demás. La palabra humana, aunque limitada en comparación con la palabra divina, sigue siendo una herramienta poderosa para crear, sanar, manifestar y transformar nuestra existencia.

Así, el acto de decir, especialmente cuando lo hace el Creador, es mucho más que una simple declaración. Es una acción cósmica de creación, organización y mantenimiento de toda la existencia, vinculada a la luz y el corazón del mundo divino.

Por lo cual la palabra de Dios, la luz y la oscuridad en la Cábala y la Gematría tienen una gran profundidad lo que nos permite comprender cómo se manifiesta tanto la creación divina como los estados espirituales de revelación y ocultación. La idea de que la palabra de Dios genera luz es central en el pensamiento cabalístico, y la cuestión de si la oscuridad representa el silencio de Dios es una reflexión profunda sobre los aspectos de revelación y ocultación en el universo divino.

En la Cábala, la luz divina es una manifestación esencial del Infinito (Ein Sof), la fuente primaria de toda creación. La luz no solo es física, sino también espiritual, y tiene múltiples niveles de expresión, desde la luz pura y sin restricciones en el mundo de Atzilut (el mundo de la emanación) hasta la luz que, al ser contraída en el proceso de Tzimtzum, da forma a la creación física y espiritual. Esta luz es la luz que ilumina y manifiesta la voluntad divina a través de las palabras de Dios.

La palabra divina es un canal por el cual esta luz emana y se proyecta. Al "decir" algo, especialmente en el acto de creación, Dios emite una luz cósmica que estructura la realidad. Esta luz es lo que permite la manifestación del universo desde lo invisible hacia lo visible. En la Cábala, se cree que la luz no es solo una propiedad física, sino una energía espiritual que trasciende la materia, permitiendo la creación y la revelación de todo lo que existe.

La oscuridad, por otro lado, no es vista necesariamente como la antítesis de la luz, sino como un estado de ocultación o reticencia divina. Este concepto se explica a través del proceso de Tzimtzum. El Tzimtzum es el acto por el cual Dios se contrae para crear un "espacio vacío" donde la creación pueda ocurrir sin la presencia abrumadora de lo infinito.

Tzimtzum no es un "vacío" físico en el sentido común, sino un vacío espiritual, que permite la existencia de un espacio autónomo donde la creación pueda ocurrir sin ser completamente absorbida por la luz infinita de Dios. Esta contracción se ve como una forma de ocultación de la luz divina, lo que crea lo que algunos llaman "oscuridad".

La oscuridad no es maligna ni negativa; más bien, es el espacio necesario para la libertad de la creación. Sin este "vacío" o ocultación, la creación no podría existir como una realidad autónoma. Por lo tanto, si pensamos en la oscuridad como el silencio divino, podemos interpretarlo como un acto de retirada o ocultación, similar a un momento de no-revelación en el cual la luz divina no se manifiesta de forma abierta.

El silencio divino tiene una dimensión simbólica importante en la Cábala. Se dice que en el momento de la creación, Dios habló, pero cuando se retira o se retrae, la creación experimenta momentos de silencio, es decir, una ausencia temporal de la palabra de Dios. Este silencio representa una pausa en el flujo de la revelación divina, dando espacio para que los seres creados puedan existir en su propia libertad.

En términos de Gematría, la palabra "silencio" (שקט - Sheket) tiene un valor numérico de 520, lo que puede ser significativo si lo comparamos con otros términos y conceptos espirituales. Por ejemplo, el valor de "luz" (אור - Or) es 207, y si analizamos las relaciones entre estos números, podemos deducir que la oscuridad o el silencio tienen un papel de equilibrio con la luz, creando la dinámica de la creación.

Comparación de la Luz y el Silencio: Luz (אור ) = 207, Silencio (שקט ) = 520. Este contraste numérico puede sugerir que el silencio divino (la ausencia de palabra) es una especie de espacio vacío o de pausa, que permite la creación de la luz, como un ciclo necesario para la manifestación de la realidad.

Desde la perspectiva cabalística, la oscuridad no es un vacío absoluto ni algo inherentemente negativo, sino un espacio sagrado de ocultación, en el que el Creador retira temporalmente su presencia directa para permitir que la creación se desarrolle en libertad. Este acto de ocultación y silencio divino permite que las criaturas puedan existir sin estar completamente sometidas a la luz abrumadora de la divinidad.

El silencio en este contexto puede entenderse como una ausencia de revelación directa, que da espacio a la creación y a la libertad de las criaturas para desarrollar su propia existencia, sin una constante imposición de la presencia divina.

En un sentido más filosófico, el silencio de Dios representa una interrupción o un descanso en la manifestación de la luz, creando el equilibrio entre la revelación y la ocultación, entre la luz y la oscuridad. Este espacio de silencio o ocultación es necesario para que el ser humano y las criaturas del mundo puedan tener libre albedrío y experimentar la creación en sus propios términos.

Desde la perspectiva cabalística y gemátrica, la oscuridad no es simplemente la ausencia de luz, sino un espacio de silencio divino, una forma de ocultación que permite que la creación se exprese libremente sin la constante revelación de la luz divina. La palabra de Dios, al decir, genera luz, mientras que el silencio divino (que se podría asociar con la oscuridad) es un acto de retirada que da lugar a la libertad y a la posibilidad de una creación autónoma.

Este concepto tiene implicaciones importantes para nuestra vida espiritual, ya que nos enseña que tanto la luz como la oscuridad son necesarias para el equilibrio cósmico. A veces, necesitamos momentos de silencio o ocultación en nuestras vidas para crecer y desarrollarnos espiritualmente, tal como la creación misma fue gestada a través de la combinación de luz y oscuridad.

Y es por ello que la frase "Yo soy el que soy" ("אהיה אשר אהיה" - Ehyeh Asher Ehyeh) que se encuentra más adelante en el Libro del Éxodo (3:14), cuando Dios se revela a Moisés en la zarza ardiente. Esta frase es una de las más poderosas y enigmáticas de toda la Biblia, y su significado va mucho más allá de una simple afirmación de existencia. En la Cábala y la Gematría, esta frase tiene profundas implicaciones espirituales y filosóficas que nos permiten explorar el concepto de ser, la identidad divina y cómo esto se conecta con el "yo" humano y el ego. Vamos a desglosar su significado desde esas perspectivas.

En la Cábala, la revelación de Dios como "Yo soy el que soy" tiene un significado multifacético relacionado con el concepto de existencia infinita y autossuficiencia divina. "Ehyeh Asher Ehyeh" se traduce generalmente como "Yo soy el que soy", pero también puede interpretarse como "Seré el que seré". Esta ambigüedad resalta el concepto de que Dios es eterno, infinito y no sujeto a los límites del tiempo o la forma. Dios es el Ser absoluto, que no depende de nada más para existir y no está limitado por nada.

En la Cábala, se dice que Dios es el "Ein Sof" (האין סוף ), lo que significa "El Infinito", y está más allá de toda comprensión humana. La esencia de Dios está más allá de la definición; no hay una descripción precisa de lo que Él es porque Él no está contenido dentro de los parámetros de lo finito. La frase "Yo soy el que soy" es una forma de mostrar que la esencia de Dios no tiene principio ni fin y que se manifiesta de manera trascendental, fuera de las limitaciones que podemos comprender con nuestras mentes finitas.

En la Cábala, el acto de ser tiene varias capas y se vincula estrechamente con la idea de emanación divina. A través del Tzimtzum (la contracción de la luz infinita de Dios), Dios "hace espacio" para la creación, pero la esencia divina permanece en todo lo que existe. El proceso de ser implica que la luz divina se proyecta de manera controlada a través de las sefirot (las diez emanaciones divinas) para formar el mundo y todo lo que contiene.

Ser en este contexto no es simplemente existir de manera física, sino que es un acto continuo de emanación y creación, donde todo lo que existe es una manifestación del ser divino. El ser de Dios es inmutable e infinito, y su emanación cubre toda la existencia, desde el plano más espiritual hasta el plano físico. En la Cábala, cada cosa creada posee una chispa de divinidad. Por lo tanto, el ser humano mismo es un reflejo de ese Ser Divino. Pero el desafío es reconocer ese Ser en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea.

La pregunta sobre qué es el "yo" y cómo se conecta con la frase divina "Yo soy el que soy" nos lleva a un terreno fundamental de la Cábala y la Gematría. Según la tradición cabalística, el "yo" humano, o "ani" (אני ) en hebreo, es una construcción que está relacionada con nuestra conciencia de sí mismos y nuestra identidad individual. Sin embargo, esta identidad no es la esencia última de quiénes somos, sino que es una manifestación limitada del Ser divino que se encuentra en nuestro interior.

En la Cábala, el "yo" o "ani" es como un "vehículo" que puede reflejar o distorsionar la luz divina. El ego es la parte de nuestra conciencia que se identifica con nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras ideas y deseos personales, separándonos de la comprensión de nuestro ser esencial, que es uno con lo divino. El ego a menudo nos lleva a creer que somos seres separados, cuando en realidad somos una extensión de lo divino. El ego es una ilusión que nos impide ver nuestra verdadera esencia como seres interconectados con el Todo.

La Gematría nos ofrece una herramienta para explorar aún más el significado de "Yo soy el que soy". Como mencionamos, la frase en hebreo es "אהיה אשר אהיה" (Ehyeh Asher Ehyeh). Vamos a desglosar las letras y sus valores numéricos: אהיה (Ehyeh) tiene un valor numérico de 21. אשר (Asher) tiene un valor numérico de 501. אהיה (Ehyeh) nuevamente tiene un valor numérico de 21. Si sumamos los valores de las palabras, obtenemos 543.

El valor numérico de 543 es interesante porque tiene varias asociaciones dentro de la Gematría. Uno de los conceptos relacionados con 543 es la palabra "שיר" (Shir), que significa "canción" o "himno". Esto puede ser interpretado como que la creación misma es una melodía divina, y la "palabra" de Dios es la armonía que da forma a todo el universo. Así, "Yo soy el que soy" no solo indica existencia, sino también armonía, orden y expresión divina en toda la creación.

Ahora, volvamos a la reflexión de si el "yo" divino es el mismo que el ego humano. En la Cábala, el ego no es el "ser" real, sino una máscara o distorsión que nos impide acceder a la verdadera esencia de nuestro ser, que es divina. El ego está vinculado con la identificación errónea de nuestra conciencia como un ser aislado y separado, cuando en realidad somos una manifestación de lo divino.

El ego es el "yo falso" que está desconectado de la luz divina, mientras que el verdadero "yo" es una chispa de la luz infinita de Dios, un reflejo de "Ehyeh Asher Ehyeh". En términos cabalísticos, el propósito del ser humano es trascender el ego y volver a reconocer su unidad con lo divino, entender que no somos seres separados sino una parte del todo divino. El camino espiritual es el proceso de reconocer nuestra verdadera identidad divina más allá de las ilusiones del ego, y unir nuestra voluntad con la voluntad divina.

Desde la perspectiva cabalística, el "yo" en su verdadera esencia es la manifestación del Ser divino, un reflejo de la luz infinita de Dios. El ego, por otro lado, es una construcción que se siente separada y limitada. La enseñanza clave de la Cábala es que el ser humano debe trascender el ego para descubrir su verdadero "yo", que es uno con lo divino, el mismo "Yo soy el que soy".

La revelación de Dios a Moisés a través de la frase "Yo soy el que soy" no solo nos muestra la naturaleza infinita y autosuficiente de Dios, sino también el potencial del ser humano para reconocer su divinidad interna y salir de las limitaciones del ego hacia una comprensión más profunda de su verdadera identidad, que es una con el Todo divino.

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