וַיַרְּא אֱלֹהִׁים אֶת-הָּאוֹר כִׁי-טוֹב; וַיַבְּדֵל אֱלֹהִׁים בֵין הָּאוֹר וּבֵין הַחֹשֶךְ
Vayar Elohim et-ha'or ki-tov vayavdel Elohim bein ha'or uvein hachoshech
“Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”
Todo es una narración
וַיַרְּא אֱלֹהִׁים אֶת-הָּאוֹר כִׁי-טוֹב; וַיַבְּדֵל אֱלֹהִׁים בֵין הָּאוֹר וּבֵין הַחֹשֶךְ
Vayar Elohim et-ha'or ki-tov vayavdel Elohim bein ha'or uvein hachoshech
“Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.”
La luz (אוֹר , "Or") es símbolo de la revelación divina y del conocimiento espiritual, por lo cual esa luz representa esa bondad inherente en lo creado la misma que manifiesta Su sabiduría, metáfora para nuestro conocimiento que necesita de esa claridad para que nuestro entendimiento salga de la oscuridad, ignorancia y caos que le cogobierna.
Al separar la luz de las tinieblas nos llama a hacer una distinción entre lo espiritual y lo material, lo revelado y lo oculto a buscar sus manifestaciones en busca del orden y equilibrio que necesitan nuestras interacciones e interrelaciones.
La palabra "טוֹב " (tov), bueno, tiene un valor numérico de 17, lo cual nos llama a la plenitud espiritual y a esa armonía que ofrece Su luz, para lo cual debemos buscar integrarnos a Él a través de nuestra propia bondad y la búsqueda de nuestro crecimiento integral.
Buscarle y nutrirnos de Su palabra es iluminar nuestro ser interior para que nuestra alma se reencuentre con esa chispa de la luz divina, y puede atender los retos, pruebas y desafíos cotidianos desde otra mirada, reconociéndose desde la bondad y no desde el egoísmo malvado del mundo.
El bien como elemento esencial nos llama a cultivar desde nuestras intenciones, deseos, pensamientos, emociones, interacciones e interrelaciones ese equilibrio que en este mundo nos permite diferenciar la oscuridad de nuestras vidas de Su luz.
Trabajar a diario para proyectar nuestra capacidad interior de manifestar Su luz nos debe llevar a buscar esa armonía espiritual reconociendo que la verdadera sabiduría proviene de alinearnos con la voluntad y la bondad del Creador.
La palabra bondad por ello nos habla de esa recarga espiritual y profunda que ella significa y que nos llama a actuar de tal manera que incluso aunque el pecado mora en nosotros, podamos desentrañar su fluir y aplicar sus enseñanzas en nuestra vida diaria.
En hebreo, la palabra bondad se traduce como חסד (Jésed), y es una de las Sefirot principales en la Árbol de la Vida cabalístico. Es una de las características divinas que se asocian con la energía de Dios en la creación del mundo. Siendo esta una de las energías divinas que fluye hacia el mundo. Es la manifestación de la misericordia y el amor incondicional de Dios.
Se entiende que cuando una persona actúa con bondad, está canalizando esta energía divina. En el Árbol de la Vida cabalístico, Jésed se encuentra en la parte superior izquierda, directamente opuesta a Guevurá, la energía de la severidad o el juicio. Esto refleja el equilibrio entre la bondad infinita de Dios y la necesidad de un orden y límites. Jésed se traduce como misericordia, generosidad, bondad y gracia divina. Cuando se actúa desde Jésed, se busca beneficiar a los demás sin esperar nada a cambio, simplemente como una manifestación del amor divino.
La palabra חסד (Jésed) tiene los siguientes valores numéricos: ח (Chet) = 8, ס (Samej) = 60, ד (Daled) = 4, el valor total de la palabra Jésed es 72. Este número es muy significativo, ya que está asociado con el Nombre de Dios conocido como Shem HaMeforash, un nombre de 72 letras que se utiliza para invocar el poder divino de misericordia y protección. Este número refleja la expansión ilimitada de la bondad de Dios, ya que 72 es un número que se considera un canal de luz infinita que puede fluir al mundo.
Según la Cábala, actuar con bondad es canalizar la energía divina hacia el mundo material. En el nivel más alto, ser bondadoso implica convertirse en un canal consciente de las fuerzas divinas, permitiendo que el amor y la misericordia de Dios se expresen a través de ti.
Dios como modelo de bondad: Jésed es uno de los atributos divinos que se muestran como una emanación de Dios. En la Cábala, se considera que cuando nos comportamos con bondad, estamos reflejando el amor divino hacia los demás. Esto nos conecta directamente con la fuente divina, y nos ayuda a crecer espiritualmente.
Transformación del ego: En la Cábala, para poder expresar bondad verdadera, debemos transcender el ego. Esto significa que la bondad no debe ser una mera forma de auto-complacencia o una manera de recibir algo a cambio, sino una manifestación pura de amor hacia el prójimo, desinteresada.
La Bondad como Fuerza de Creación: Jésed es también considerado el principio de la creación. Según los textos cabalísticos, fue a través de la bondad de Dios que el mundo fue creado. Esto enseña que la bondad no solo es una acción, sino una fuerza creadora. Así, cuando actuamos bondadosamente, no solo ayudamos a otros, sino que participamos en la creación de un mundo mejor.
El pecado es visto en la tradición cabalística como una separación de lo divino. Este concepto se conecta con la "Klippot" o cáscaras, que son las fuerzas oscuras o negativas que bloquean la luz de Dios. El pecado, entonces, es la cáscara que oscurece nuestra verdadera naturaleza divina, que es la bondad.
Reconocer la dualidad interna: Según la Cábala, todos los seres humanos tienen una chispa divina dentro de sí, pero también poseen un aspecto más oscuro o egoísta (la inclinación al mal o "Yetzer HaRa"). Por eso, aunque la bondad es nuestra verdadera naturaleza, el pecado está presente y debe ser enfrentado y corregido.
Tikkun Olam (Reparación del Mundo): Uno de los conceptos clave en la Cábala es Tikkun Olam, que significa la reparación del mundo. Según este principio, cada persona tiene la responsabilidad de corregir su alma y, a través de sus acciones, reparar el mundo. Ser bondadoso es un proceso de corrección de nuestras imperfecciones y de superación del ego, que nos acerca más a nuestra verdadera naturaleza divina.
Transformación del pecado en bondad: La Cábala enseña que, a través del teshuvá (arrepentimiento), podemos transformar nuestras faltas en algo positivo. El arrepentimiento sincero y el deseo de corregir nuestros errores nos permiten transmutar la oscuridad en luz, y a través de ello, actuar con bondad. Cuando estamos conscientes de que el pecado mora en nosotros, podemos reconocer nuestras imperfecciones y trabajar hacia la superación del ego, buscando vivir de acuerdo con la bondad divina.
El camino hacia la luz: Para el cabalista, el camino de la bondad es un camino de elevación espiritual. Es un proceso continuo de limpiar nuestras emociones y pensamientos de la negatividad y de canalizar la energía divina de Jésed para hacer el bien, tanto a nivel personal como colectivo. En este proceso, el amor y la misericordia son fundamentales.
Ser conscientes de nuestra naturaleza divina: Aunque el pecado mora en nosotros, nuestra verdadera esencia es bondad divina. Reconocer esto nos permite actuar con bondad, incluso cuando nuestras imperfecciones nos empujan en la dirección equivocada.
Cultivar la compasión hacia uno mismo y hacia los demás: La bondad comienza desde el interior, y la compasión hacia nuestras propias debilidades y las de los demás es fundamental. Entender que todos somos seres imperfectos nos ayuda a ser más generosos en nuestro amor y perdón, lo que se convierte en una verdadera manifestación de Jésed.
Practicar el perdón: Al perdonarnos a nosotros mismos y a los demás, nos liberamos del peso del pecado y canalizamos la bondad divina en nuestras vidas. El perdón es una de las formas más poderosas de actuar con bondad.
Estudiar la Torá y las enseñanzas espirituales: La Torá y los textos cabalísticos son herramientas poderosas para entender cómo vivir en armonía con lo divino. Al estudiar las enseñanzas de bondad, aprendemos a manifestar la luz y la misericordia de Dios en nuestras acciones diarias.
La bondad (Jésed) en la Cábala es una de las fuerzas divinas que nos conecta con la esencia misma de la creación. Aunque el pecado está presente en nosotros, podemos transformarlo a través de la conciencia, el perdón y el trabajo espiritual interior. La bondad no es solo una acción externa, sino una energía que podemos canalizar hacia el mundo, participando en la reparación del mundo y elevando nuestra conciencia. Actuar con bondad, entonces, es ser un canal consciente de la luz divina que sana y transforma tanto a nosotros mismos como al mundo que nos rodea.
De allí que el concepto de dar y recibir debe ser un tema central en nuestras vivencias, ya que refleja la dinámica de las fuerzas divinas en la creación y la interacción humana. La clave para un crecimiento espiritual integral es lograr un equilibrio perfecto entre estas dos fuerzas: la generosidad de dar y la apertura de recibir.
En la Cábala, tanto dar como recibir están intrínsecamente ligados a las Sefirot, que son las emanaciones divinas que estructuran la realidad. Cada Sefirá tiene una función y una energía particular, y la dinámica entre ellas refleja la forma en que operan estas fuerzas en el mundo espiritual y físico. Las dos fuerzas que nos interesan aquí son Jésed (bondad, dar) y Guevurá (juicio, recibir).
Jésed (Dar): Representa la bondad y la generosidad. Es la energía que se da sin restricciones, como la misericordia divina que se extiende sin esperar nada a cambio. Es el principio de la expansión y la superabundancia.
Guevurá (Recibir): Representa el principio de restricción y orden, de definir límites para evitar el desbordamiento. Guevurá asegura que, aunque la bondad se dé, sea recibida de manera adecuada. En otras palabras, recibir no es solo tomar, sino hacerlo de una manera que permita la correcta administración de lo recibido.
La Cábala enseña que Jésed sin Guevurá podría conducir a un desbordamiento que no sería beneficioso, mientras que Guevurá sin Jésed sería una energía fría y restrictiva que no generaría crecimiento. El equilibrio perfecto se encuentra en la interacción armoniosa entre estas dos fuerzas.
Entre Jésed (dar) y Guevurá (recibir) se encuentra Tiferet, que representa el equilibrio y la armonía. Tiferet es el punto de integración entre la generosidad ilimitada de Jésed y la restricción y disciplina de Guevurá. Este centro de equilibrio en el Árbol de la Vida cabalístico muestra cómo, en la vida espiritual, dar debe ir acompañado de una recepción adecuada para que las bendiciones de Dios fluyan sin causar daño. Cuando dar y recibir están equilibrados, entonces las energías divinas fluyen de manera óptima, y podemos vivir en armonía.
La Gematría es una herramienta cabalística que nos permite ver la conexión entre las palabras y los números. A través de los valores numéricos de las letras hebreas, podemos extraer significados más profundos de los textos sagrados y entender mejor las dinámicas de las fuerzas espirituales.
La palabra "Dar" (נתן, Natan) tiene un valor numérico de 550. Este número es interesante, ya que se asocia con la abundancia y el flujo. Al considerar este número, se puede entender que el acto de dar, en la perspectiva cabalística, está relacionado con un flujo energético que debe ser constante. Dar es una forma de liberar energía para que esta se expanda y se multiplique.
La palabra "Recibir" (לקח, Lakaj) tiene un valor numérico de 130. Este valor refleja una recepción medida que permite que lo recibido sea asimilado y transformado de manera adecuada. El número 130 también puede ser desglosado como 1 + 3 + 0 = 4, lo que representa una base sólida para recibir y estructurar lo que se ha recibido de forma ordenada.
Al combinar los significados de ambos términos, podemos ver que dar (Natan) tiene una energía expansiva y libre, mientras que recibir (Lakaj) es más limitado y estructurado. La armonía se encuentra cuando ambos aspectos están equilibrados: cuando lo que se da se recibe de forma adecuada, y lo que se recibe se puede usar sabiamente para seguir dando.
La Cábala nos enseña que el trabajo espiritual de dar y recibir no es solo un acto externo, sino que comienza en el interior de cada persona. Lograr el equilibrio entre dar y recibir involucra la transformación del corazón y la mente, ya que muchas veces el ego puede impedir que recibamos lo que es verdaderamente divino y que ofrezcamos lo mejor de nosotros.
Cultivar la Generosidad Sin Exceso: Debemos aprender a dar sin esperar nada a cambio, pero también ser conscientes de cuándo dar en exceso podría ser perjudicial para nosotros o para los demás. La sabiduría cabalística nos enseña a dar en medida, para que el flujo de energía no se convierta en una sobrecarga.
Abrirnos para Recibir: Recibir es un acto tan importante como dar. La humildad y la gratitud son claves para recibir de manera correcta. Si una persona no sabe cómo recibir, puede bloquear las bendiciones divinas que están destinadas para ella. Al estar abiertos y agradecidos por lo que recibimos, permitimos que el ciclo de dar y recibir se complete de forma saludable.
Integrar la Recepción: La Cábala enseña que lo que recibimos debe ser integrado espiritualmente antes de volver a ser dado. Así, la energía que recibimos no solo es disfrutada, sino que se transforma y se comparte de manera que beneficia a los demás. La acumulación sin propósito o la posesividad son consideradas distorsiones en el proceso divino.
Balancear las Fuerzas de Jésed y Guevurá: Debemos trabajar constantemente para equilibrar las fuerzas de Jésed (dar) y Guevurá (recibir) dentro de nosotros. Esto se puede lograr a través de la oración, la meditación y el estudio de la Torá, que nos enseñan a vivir en equilibrio con las leyes espirituales.
El equilibrio entre dar y recibir no solo es esencial para el crecimiento espiritual individual, sino que es un principio divino que sostiene la creación misma. En la Cábala, todo lo que existe en el mundo está regido por este principio. Cuando entendemos y aplicamos correctamente esta dinámica, no solo mejoramos nuestras vidas espirituales, sino que contribuimos al bienestar del mundo entero. Al lograr este equilibrio, podemos ser canales de luz divina y participar activamente en la reparación del mundo (Tikkun Olam).
Dar y recibir son dos aspectos de una misma energía divina, y la clave es vivir en equilibrio con ambas fuerzas. A través de la Cábala y la Gematría, podemos entender que estas fuerzas no son opuestas, sino complementarias, y que al aprender a canalizarlas adecuadamente, podemos transformar nuestra vida y el mundo que nos rodea.
Y desde esa misma lectura la visión de separar (בָּרוּךְ, "Badal" en hebreo) es una de las condiciones fundamentales del mundo material y de nuestra experiencia humana. A través de esta separación, la humanidad experimenta la fragmentación de su alma, su conexión con lo divino, y la percepción de la dualidad entre el mundo espiritual y el mundo material.
La Cábala enseña que la creación comenzó a partir de un acto de separación de la luz infinita de Dios. Según el Zohar, la luz de Dios era infinita, pero para crear el mundo, Dios hizo un "Tzimtzum", que es un retroceso o contracción de Su luz. Esta contracción permitió el espacio para la creación del mundo material. De esta forma, la separación comenzó en el mismo momento de la creación. El universo resultante es percibido como fragmentado, y nuestra tarea espiritual es reparar esas fracturas y reconectar lo que ha sido separado.
En la visión cabalística, el ser humano es una chispa de la luz divina, y la alma humana está originalmente conectada con la Fuente Divina. Sin embargo, a lo largo de nuestras vidas, la separación de nuestra alma ocurre cuando el ser humano se aleja de su propósito espiritual. La caída espiritual ocurre cuando las personas se desconectan de su alma, y la espiritualidad y la conciencia divina quedan opacadas por las influencias materiales, emocionales y egoicas del mundo físico.
En la Cábala, esta separación se refiere a un alejamiento del estado original de unidad con lo divino, a una desconexión con la luz infinita y con el propósito de la creación. Es un proceso que involucra tanto la necesidad de redención como la capacidad de reparar a través de la Tikkun (reparación).
La palabra hebrea para "separar" es "Badal" (בָּרוּךְ), y en la Gematría su valor numérico es 72. El número 72 tiene connotaciones de poder espiritual, pero también de equilibrio. Este número es importante en la Cábala porque está relacionado con el nombre divino de 72 letras (el Nombre de Dios de 72 letras que aparece en el Éxodo 14:19-21). La separación de la unidad original implica un proceso en el que la humanidad debe ser consciente de su fragmentación y buscar la reconexión con la luz divina que originalmente emanaba en unidad.
En el mundo material, el ego y las fuerzas del mal juegan un papel crucial en la separación. El ego se identifica con lo material, lo pasajero y lo externo, mientras que nuestra alma se conecta con lo eterno y lo divino. Así, el ego crea una falsa identidad que nos lleva a vivir separados de nuestra verdadera esencia espiritual.
Además, la Cábala habla de los kelipot, que son las "cáscaras" o las energías de oscuridad que ocultan la luz divina. Estas cáscaras separan la luz de Dios de la manifestación en el mundo material, y es tarea del ser humano romper esas cáscaras a través del arrepentimiento, la reparación (Tikkun) y la corrección espiritual.
La Cábala también ofrece el camino hacia la integración de todas las partes fragmentadas del ser, comenzando por la integración de la alma, los pensamientos, las emociones y las acciones. Esto se logra a través de los principios de Tikkun Olam (la reparación del mundo) y Tikkun HaNefesh (la reparación del alma). Aquí están algunas claves para lograr la integración de nuestro ser.
La integración en la Cábala se refiere a la reconexión con la luz divina y el restablecimiento de la unidad original entre el alma y la Fuente Divina. A través de la oración y la meditación, podemos cultivar un estado de conciencia en el que nuestras vidas estén alineadas con el propósito divino.
La integración también implica el balance entre las fuerzas opuestas de Jésed (dar) y Guevurá (recibir), como se menciona en las Sefirot. Es necesario aprender a equilibrar el deseo de dar sin fin con la necesidad de establecer límites y orden en nuestra vida, para que no haya desbordamientos de energía.
Cada individuo debe trabajar en la reparación personal de las fracturas de su alma. Esto involucra vivir una vida ética, enfrentar nuestras imperfecciones y errores, y trabajar constantemente para superar las barreras del ego. Esto puede incluir prácticas espirituales como el teshuvá (arrepentimiento), la meditación cabalística, y el estudio de la Torá.
La Cábala también enfatiza la unión con los demás. La separación que vemos en el mundo físico es solo una ilusión creada por las fuerzas del mal (kelipot). El trabajo espiritual implica reconocer que todos somos un solo pueblo, que nuestras almas están conectadas y que, a través del amor y la compasión mutuos, podemos superar las divisiones y unirnos espiritualmente.
Para aquellos que se sienten separados de su alma y distantes de Dios, la Cábala ofrece las siguientes recomendaciones para la reintegración:
Reflexión y Autoexamen: La introspección profunda sobre nuestras acciones, pensamientos y deseos nos permite identificar las áreas de separación y trabajar para corregirlas. Meditación y Oración: La meditación cabalística y la oración profunda nos permiten conectar con la luz divina y experimentar la unidad espiritual. Practicar la Misericordia (Jésed): Al practicar la bondad y la generosidad de manera desinteresada, abrimos las puertas para la reparación del alma. Estudio de la Torá: El estudio de la sabiduría cabalística, en particular el Zohar y otros textos sagrados, nos guía a través de los procesos de reparación y reunificación. Reconocer la Unidad en la Diversidad: La integración también implica reconocer que todas las personas, todos los aspectos del mundo y toda la creación están interconectados en una unidad divina. Así, al sanar nuestras relaciones con los demás, también estamos sanando nuestra relación con Dios.
La separación es una parte inherente de nuestra experiencia humana, pero no es el estado final. La Cábala nos enseña que nuestra misión es superar la separación a través de la reconexión con nuestra alma, con los demás y con la Fuente Divina. Al hacerlo, podemos participar en el proceso de Tikkun Olam, reparando el mundo y trayendo luz a la oscuridad. La integración espiritual y la reparación son posibles si elegimos caminar con humildad, amor, y consciencia, buscando siempre la unidad y la paz tanto en nuestro interior como en nuestras relaciones exteriores.