וְּהָּיוּ לִׁמְּאוֹרוֹת בִׁרְּקִׁיעַ הַשָּמָּיִׁם, לְּהָּאִׁיר עַל-הָּאָּרֶץ; וַיְּהִׁי-כֵן
Vehayu lime'orot birkia hashamayim leha'ir al-ha'aretz; vayehi chen
“Y sean por lumbreras en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.”
Cuando nuestro Señor Jesucristo se presentó como la Luz del mundo, no solo hablaba de su señorío en el contexto de "Meorot" (Lumbreras), sino también en "Ha'aretz" (La Tierra), donde reinará eternamente. Sus manifestaciones iluminan tanto el mundo físico como el espiritual, siendo las lumbreras del firmamento señales de su existencia.
No debemos perder de vista que "Ha'aretz" (la tierra) es un escenario receptor de Su luz, y en este mundo, Su luz debe ser manifestada y revelada. La tierra, como receptáculo, recibe las vibraciones de Su palabra, como Verbo, y esa sabiduría debe iluminar nuestro entendimiento para que nuestros conocimientos no sigan siendo parte de la oscuridad, el caos, el desorden, la desinformación, la ignorancia y ese universo inconsciente en el que no logramos coordinar plenamente nuestra voluntad.
Al ser receptivos a Su sabiduría y guía, nuestras vidas serán dirigidas hacia el propósito espiritual. En la gematría, "Meorot" (מְּ אוֹרוֹת ), al sumar 247, número que se descompone en 2+4+7=13, nos remite a la unidad del Creador, representada por la palabra "Ejad" (אחד), que significa "uno". Este concepto se integra al de "Ha'aretz" (הָּ אָּרֶ ץ) y su valor gemátrico de 296 (ה =5 ,א =1 ,ר =200 ,ץ =90), que nos habla de estabilidad y de cómo esta estructura la creación, fundamento sobre el cual se desarrolla la vida física y espiritual. Es un espacio en donde la voluntad divina se materializa, denotándonos un orden que, sin embargo, a veces no queremos asimilar.
Por esta razón, sus preceptos y mandatos nos llaman a ser receptivos a la luz y a su sabiduría. Incluso las lumbreras que iluminan la tierra, como guías, nos señalan con sus destellos que somos parte de un propósito superior. Esto implica que nuestra mente oscura, como vasija, debe iluminarse con esas chispas de luz divinas, proyectadas como imaginarios que nos llevan a tomar decisiones sabias y a actuar de manera coherente con dicha perspectiva espiritual.
Todo tiene una estructura y un propósito en esta creación. Ese marco sólido, basado en los principios bíblicos, es el que nos permite recibir y manifestar la luz divina de manera más efectiva, creando un entorno propicio para el crecimiento espiritual y la realización de nuestro propósito en la tierra.
En Génesis (Bereshit) no se menciona directamente al sol, la luna o las estrellas por sus nombres en los primeros días, sino que se habla de “luminarias” (lumbreas), en hebreo, "מְּ אֹרֹת " (me’orot) cuando Dios las crea en el cuarto día.
Lenguaje abstracto y simbólico que nos reitera que el sol, la luna o las estrellas no son solo cuerpos físicos, sino canales de energía espiritual. Por ello se habla de “luminarias” porque lo que importa no es el objeto, sino la función que cumple en la Creación: dar luz.
El Zohar explica que la luz (or) representa la emanación divina (sefirótica), y las luminarias son vehículos para esa luz. La visión de despersonalizarlos nos reitera además el error de algunas culturas antiguas de ver los astros como dioses, asi que al llamarlos solo “luminarias”, el texto muestra que son simplemente creaciones al servicio del Creador.
No perdamos además de vista que si analizamos desde la ciencia o el misticismo estos conceptos podemos interpretar mejor las enseñanzas allí plasmadas ya que ese "polvo de estrellas" contiene los elementos de nuestro cuerpo (carbono, oxígeno, nitrógeno, hierro) lo que implica que todo se formó de Èl, de su esencia.
La Cábala enseña que el universo fue creado a partir de la Luz Infinita del Creador (llamada Ein Sof, "Sin Fin"). Antes de que existiera algo físico, sólo había una luz espiritual pura. Cuando el Creador decidió "crear", contrajo su Luz (esto se llama Tzimtzum) para permitir un espacio donde lo "otro" pudiera existir. De esa luz condensada en niveles (sefirot), surgió toda la creación, incluso nosotros. Así que todo lo creado contiene una "chispa divina", o polvo o esencia espiritual.
Al traducir la frase "אבק כוכבים" (avak kokhavim = polvo de estrellas): אבק (avak = polvo), א )1 + (ב )2 + (ק )100 = (103 ,כוכבים (kokhavim = estrellas):
כ )20 + (ו )6 + (כ )20 + (ב )2 + (י )10 + (ם (40) = 98, nos da un total de 103 + 98 = 201. Lo cual coincide con palabras como: אוֹר בוֹרֵ א ("Or Bore" = Luz del Creador): אוֹר )207 ,(בורא (216), incluso el 201 también es el valor de אריה (Aryeh = león), símbolo de poder, fuego y realeza espiritual (atributo de nuestro Salvador), reforzando la idea de que el polvo de estrellas representa una energía superior.
Místicamente, ese "polvo" contiene: Chispas de Luz Divina – partículas del Ein Sof que descendieron y se "ocultaron" en la materia. Y son esas letras espirituales con las cuales se creo todo, según el Zohar, todo se formó por combinaciones de las letras hebreas, que son "códigos energéticos", lo que nos habla de allí esta la memoria de nuestro origen, en todo en el universo se creo por el Big Bang de Su voz.
La Cábala nos reitera que todo lo creado —incluyéndonos— contiene esencia del Creador. Que el "polvo de estrellas" como metáfora moderna contiene esas partículas cargadas de Luz divina, de memoria sagrada, de intención divina.