וַיַּצְמַח יְהוָּׁה אֱלֹהִים מִן־הָּׁאֲדָּׁמָּׁה כָּׁל־עֵּץ נֶחְמָּׁד לְמַרְאֶה וְטוֹב לְמַאֲכָּׁל וְעֵּץ הַחַיִּים בְתוֹךְ הַגָּׁן וְעֵּץ הַדַעַת טוֹב וָּׁרָּׁע׃
Vayyatzmach Adonai Elohim min-ha'adamah kol-etz nechmad lemareh vetov lema'achal ve'etz hachayim betoch hagan ve'etz hada'at tov vara.
“Y el Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer, y también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.”
El concepto Vayyatzmach Adonai Elohim (וַיַּצְמַ ח יְהוָּׁה אֱלֹהִ ים): "Y el Señor Dios hizo brotar", gracias a la expresión "vayyatzmach" (וַיַּצְמַ ח), "hizo brotar" o "crecer", denota esa capacidad divina de dar vida y permitir que las cosas florezcan, lo cual nos indica que incluso nuestras ideas deben brotar de Él, crecer para convertirse en virtudes, en conocimiento del mundo que debe transformarse en nuestro reconocimiento como sus hijos.
Él creó el árbol y sembró en él esas potencialidades, las mismas que desde nuestra naturaleza espiritual nos llaman a dejar que su bondad brote en nosotros. Kol-etz nechmad lemareh vetov lema'achal (כָּׁל־עֵּץ נֶחְ מָּׁ ד לְ מַ רְ אֶה וְטוֹב לְ מַ אֲכָּׁל ): "Todo árbol agradable a la vista y bueno para comer", es una expresión que nos sugiere que la creación divina es tanto estéticamente placentera como funcionalmente útil, siendo estos dos contextos, belleza y utilidad, aspectos de nuestra esencia que debemos equilibrar.
Tengamos en cuenta que los árboles agradables a la vista simbolizan el aspecto estético, pero a la vez espiritual, de la vida, mientras que los árboles buenos para comer simbolizan ese aspecto práctico y material. Por lo tanto, en vez de seguir comiendo del árbol del conocimiento, debemos nutrirnos del Ve'etz hachayim betoch hagan (וְעֵּץ הַ חַ יִּים בְ תוֹךְ הַ גָּׁן): "Y el árbol de la vida en medio del huerto", el cual, como nuestro Señor Jesucristo: "Árbol de la Vida" (etz hachayim), es el símbolo central de nuestro proceso terrenal, ya que nos indica la conexión directa con lo divino y la fuente de toda vida espiritual.
El Árbol de la Vida, que a la vez nos debe servir de mapa y guía a través de la fe, describe las sefirot en sus emanaciones. Se encuentra "en medio del huerto" como el centro de toda la creación, siendo nuestro eje alrededor del cual gira todo lo demás. Por su parte, el árbol del conocimiento del bien y del mal, Ve'etz hada'at tov vara (וְעֵּץ הַ דַ עַת טוֹב וָּׁרָּׁ ע ), representa, además de esa dualidad, nuestra capacidad de discernir entre el bien y el mal, una elección que nos genera el riesgo de caer en la confusión moral, una fragmentación que hace que nuestra percepción del mundo tenga solo esas categorías, obviando en todo, la unidad divina.
El concepto de "etz" (עֵּץ), que también se puede entender como "árbol", por su valor gemátrico de 160, nos dice que en ese signo debemos vislumbrar la unidad y totalidad que significa nuestro Padre celestial para todo el universo; por ello, todos los árboles en el huerto, y por extensión todo lo creado, está conectado de una manera intrínseca y sagrada.
La palabra "Chayim" (חַ יִּים), que significa "vida", por su valor gemátrico de 68, se asocia al concepto de vitalidad y existencia continua, ya que la vida no es solo la existencia biológica, sino la conexión activa y consciente con la fuente divina. Por ende, la vida, la dualidad, la belleza y el propósito forman parte del acto creador del cual todo brota, siendo el fruto de los árboles más que alimento o algo estéticamente agradable, sino la posibilidad de incentivar nuestro potencial divino al nutrirnos de Él.
La tarea de buscar enraizarnos en la vida espiritual y el conocimiento divino como fundamento de nuestras existencias implica equilibrar esa dualidad que está plagada de distracciones de un mundo material, en el que debemos buscar siempre esa conexión con la fuente divina, manteniendo nuestro enfoque en el "Árbol de la Vida", nuestro Señor Jesucristo, quien nos guía hacia nuestro "jardín" interior.
Desde la perspectiva de la Kabaláh, todo lo que existe en la creación tiene una función y un propósito en el plan divino, incluso aquello que parece "negativo" o "peligroso". Por ello, el Árbol del conocimiento del bien y del mal debe entenderse como una posibilidad para el desarrollo de nuestro libre albedrío (Bejirah Jofshit).
Uno de los principios clave en la creación del ser humano, según la Kabaláh, es que debe tener libre albedrío. Sin la existencia de una opción real de elegir el mal, no habría mérito en elegir el bien. Por ende, el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal (Etz HaDaat Tov VaRa) representa la mezcla, la confusión entre lo correcto y lo incorrecto. Al permitir su existencia en el Gan Edén, el Creador introduce la posibilidad del error, pero también del crecimiento espiritual auténtico.
Árbol del Conocimiento (עֵּץ הַ דַ עַת טוֹב וָּׁרָּׁ ע). La frase en hebreo: עץ הדעת טוב ורע (“Etz HaDaat Tov VaRa”) tiene una guematría total de: עץ (Etz) = 160, הדעת (HaDaat) = 479, טוב (Tov) = 17, ורע (VeRa) = 276, Total: 160 + 479 + 17 + 276 = 932, numero cercano a la guematría de "תשובה" (Teshuvá) = 708, concepto de retorno o arrepentimiento.
Algunos cabalistas interpretan que el propósito oculto del árbol es que, a través del error, el ser humano tenga la posibilidad de retornar más cerca aún del Creador, lo cual es parte del Tikkún (la reparación espiritual del mundo).
En el sistema de las sefirot, que describe los canales a través de los cuales la divinidad se manifiesta en el mundo, hay siempre una tensión entre: Jésed (bondad) y Gevurá (rigor). Luz y ocultamiento. Unidad y dualidad. El Árbol del Conocimiento representa el descenso de la conciencia desde la unidad (Ein Sof) hacia el mundo de la multiplicidad donde el bien y el mal coexisten.
El Zohar, obra principal de la Kabaláh, enseña que el mal no tiene existencia independiente, sino que es un velo que oculta la luz divina. “No hay mal en el mundo que no esté destinado a ser convertido en bien.” — Zohar, parte 2, 43b. Es decir, el mal (como el "pecado de comer del árbol") existe solo para ser trascendido o transformado, no como algo con valor propio.
Por lo tanto, al brotar el Árbol del conocimiento se nos permite el libre albedrio y la decisión personal de nuestra elevación espiritual, ya que el mal es tan solo aparente y se nos posibilita para nuestra transformación, Teshuva o retorno. No es gratuito que a través de nuestros arboles y vegetación nos nutramos, de allí la importancia de buscar que nuestros alimentos físicos, mentales y espirituales sean coherentes al modelo de vida que queremos llevar.
Etz (עֵּץ), en hebreo significa “árbol”. Es una palabra profundamente simbólica en la Torá. Aparece por primera vez en: Bereshit / Génesis 2:9 – “Y hizo surgir Hashem Elohim de la tierra todo árbol )etz( delicioso a la vista y bueno para comer, y el árbol de la vida )etz ha-jayim( en medio del jardín...” Así, desde el principio, Etz está vinculado al conocimiento, la vida, y la elección.
Etzem (עֶצֶם ) significa “hueso”, pero también “esencia”, “núcleo” o “identidad esencial”. En: Bereshit / Génesis 2:23 – “Ésta es hueso )etzem( de mis huesos...” Por tanto, "etzem" representa aquello que sostiene internamente, el fundamento o estructura esencial de algo.
Etz (עֵּץ) tiene gematricamente este valor: ע =70 , ץ =90 → Etz = 160 Etzem (עֶצֶם): tiene desde la gematría este valor: ע =70, צ =90, ם =40 → Etzem = 200 La diferencia entre Etz y Etzem es 40, el valor de la letra Mem (מ). El Mem en Kabalá representa agua, sabiduría fluida (como en "Mayim" = מים), pero también simboliza transición y gestación, como los 40 días del diluvio, 40 semanas de embarazo, 40 años en el desierto, 40 días de Moisés en el Sinaí.
La sabiduría (מ) que conecta el árbol externo (etz) con el núcleo interno (etzem) es el proceso de maduración espiritual. Así, Etz + Mem = Etzem, o sea: Árbol + Sabiduría = Esencia.
El Etz HaJayim (Árbol de la Vida) es el esquema de las sefirot, las emanaciones divinas. Es una estructura espiritual, pero también orgánica, viva, y nutricia. Cada ser humano es como un árbol cósmico, con raíces en el mundo espiritual y ramas en el mundo físico.
El Zohar comenta que el Etz HaJayim representa el camino de la unidad divina, mientras que el Etz HaDaat Tov vaRa (árbol del conocimiento del bien y del mal) representa la dualidad y la confusión del ego. El Zohar asocia el etzem (esencia) con el nivel oculto del alma, lo que está más allá de la forma, pero es lo más real.
El hueso (etzem) es lo que no se descompone, lo que permanece incluso después de la muerte. Se dice que del “luz bone” (un pequeño hueso indestructible en la base del cráneo), Dios resucitará al ser humano. Esto refuerza que etzem = esencia imperecedera.
Concepto Etz (Árbol) Etzem (Esencia) Nivel Externo Interno Representa Conductas, elecciones, vida Identidad, alma, propósito Requiere Cuidado, podas, decisiones Reflexión, silencio, conexión Enseñanza “Elige el árbol correcto” “Conéctate con tu raíz eterna”
Nutrir nuestro árbol (Etz) con buenas acciones, aprendizajes y relaciones. Conectar con nuestro etzem, nuestro propósito esencial, más allá del ego. Usar la sabiduría (mem) para integrar ambos niveles: vivir con coherencia entre lo que hacemos y lo que somos. Reconocer que en cada momento podemos elegir entre el árbol de vida y el árbol de la ilusión.
“El hombre es como el árbol del campo.” (Devarim 20:19) Así como el árbol se nutre desde sus raíces invisibles, nuestra fortaleza depende de nuestra conexión con la esencia (etzem), no solo de la apariencia (etz).