וּזְהַב הָּׁאָּׁרֶץ הַהִיא טוֹב שָּׁם הַבְדֹּלַח וְאֶבֶן הַשֹּהַם
"U'zehav ha'aretz ha'hi tov; sham ha-bdolach ve'even ha-shoham."
“Y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y piedra de ónice.”
Él nos creó
וּזְהַב הָּׁאָּׁרֶץ הַהִיא טוֹב שָּׁם הַבְדֹּלַח וְאֶבֶן הַשֹּהַם
"U'zehav ha'aretz ha'hi tov; sham ha-bdolach ve'even ha-shoham."
“Y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y piedra de ónice.”
Si el oro (זָּׁהָּׁ ב - Zahav) representa la perfección, la pureza y la luz divina, como símbolo de la sabiduría superior y del conocimiento espiritual, nos indica lo "bueno" (טוֹב - Tov) y todo lo que esa expresión sugiere, recordándonos los peligros de la riqueza material, que nos distrae de todo aquello que tiene un valor intrínseco superior, un bien espiritual.
Las riquezas generan apegos, egoísmos y envidias, y deben ser usadas por los creyentes en pro del bienestar general, donde también se encuentra lógicamente nuestro crecimiento integral individual. En este contexto, el término bedelio (בְ דֹּלַח - Bdolah), más allá de referirse a una sustancia resinosa, nos habla de la búsqueda de claridad mental en pro de priorizar la pureza espiritual, que contiene un gran valor espiritual, el cual debemos relacionar con la transparencia de nuestras acciones para encontrar la verdad en el camino espiritual.
Por su parte, el ónice (שֹּהַ ם - Shoham), como piedra, simboliza el fortalecimiento y la protección espiritual, ya que es una piedra que a menudo se usa para la construcción de cimientos, tanto en un sentido material como espiritual. Esta propuesta, gracias a la gematría y al valor numérico de 46, nos lleva al concepto de "lev" (לב - corazón), para que no permitamos que nuestras emociones nos gobiernen indebidamente, ya que ellas, como indicadores, deben denotarnos nuestra claridad y pureza.
El valor numérico 345, por su parte, nos lleva al concepto de "Moshe" (משה - Moisés), sugiriendo esa conexión con la ley y la necesidad de su revelación, mandatos que fueron dados a este patriarca y que nos ayudan a reconsiderar lo que calificamos como valioso para nuestras vidas. El oro, el bedelio y el ónice, mencionados como presentes en una tierra donde "el oro es bueno", nos dirigen hacia una meditación sobre cómo estas riquezas materiales deben reflejar realmente valores espirituales.
La tierra que produce estos elementos preciosos debe ser vista metafóricamente como ese espacio interior nuestro, donde el oro es sabiduría, el bedelio es claridad y verdad, y el ónice es fuerza y fundamento, grandes tesoros espirituales que deben ser cultivados y descubiertos.
Se trata de mirar más allá de las apariencias materiales para encontrar la "buena" esencia de las cosas, aquella que nutre y fortalece el espíritu. Incluso la presencia del bedelio y el ónice junto al oro en esta tierra especial nos recuerda que nuestro viaje espiritual requiere pureza, claridad de propósito y cimientos fuertes sobre los cuales edificar nuestras vidas.
En la cábala, todo lo material es un reflejo de lo espiritual, por ello las piedras preciosas, como el oro (זהב ), el bedelio (בדלח ) o el ónice (שֹּהַ ם ), no son intrínsecamente "malas", pero su valor es meramente reflejo de una chispa divina. Cuando se los idolatra, se pierde el contacto con la fuente espiritual.
La gematría de Oro – זהב (Zahav): 14 + 5 + 7 es 26, que es la misma que el Nombre de Dios (YHVH – יהוה ). Esto puede ser entendido como que el oro refleja un aspecto divino, pero también puede ser malinterpretado como algo divino en sí mismo, lo que lleva a la idolatría.
Por su parte la de Bedelio – בדלח (Bedolach) y Ónice – שֹּהַ ם (Shoham)nos hablan de un estado original que debemos vislumbrar como puras manifestaciones de la abundancia espiritual ya que en la tradición cabalística, cuando el hombre desciende del nivel espiritual, ya no ve estas piedras como símbolos, sino como objetos de deseo y por ello pierde la capacidad de percibir su raíz divina.
Esas equivalencias: זהב (Zahav) = 14 )ז + (5 )ה + (7 )ב = (26 → Nombre de Dios (יהוה), también nos hablan de: אֱלִ יל (Elil), que significa "ídolo vacío", tiene guematria 71, igual que עין (Ayin), que significa "ojo" — esto nos recuerda que la percepción (el ojo) puede idolatrar lo vano si no está guiada por el conocimiento. La cábala enseña que la riqueza no es una bendición en sí misma, sino una prueba: puede elevar o degradar al alma, según cómo se la use.
La confusión entre lo material y lo divino forma parte del tikún olam, la corrección del mundo. La humanidad necesita aprender a discernir entre lo que brilla por fuera y lo que brilla desde dentro. La luz de las piedras preciosas es una metáfora de la Luz Infinita (Or Ein Sof), pero malinterpretada.
El Zohar explica que el "mal" muchas veces se presenta revestido de belleza, para probar al alma. Así, el oro puede ser tanto el becerro de oro como los materiales del Mishkán (Tabernáculo). Lo que importa es la intención y la dirección espiritual.
Según la cábala y la guematría, confundimos el valor de las piedras preciosas porque vemos con ojos físicos lo que debería percibirse espiritualmente. Estas piedras tienen origen divino, pero al separarlas de su raíz y convertirlas en fin en sí mismas, caemos en la ilusión (klipá). La verdadera bendición no es el objeto, sino la luz espiritual que refleja — cuando se usa con conciencia y propósito.