GÉNESIS · II · 3

Génesis 2:3

Él nos creó

II · 3

וַיְבָּׁרֶךְ אֱלֹהִים אֶת-יוֹם הַשְבִיעִי, וַיְקַדֵּש אֹּתוֹ: כִי בוֹ שָּׁבַת, מִכָּׁל-מְלַאכְתּוֹ, אֲשֶר בָּׁרָּׁא אֱלֹהִים לַעֲשוֹת

Vayevarech Elohim et-yom hashvi'i vayekadesh oto: ki vo shavat mikol- melachto asher bara Elohim la'asot

“Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él descansó de toda la obra que había creado y hecho.”

Reflexión

El concepto de "Vayevarech" es "baraj" (בָּׁרַ ךְ), que significa "bendecir", y nos habla también de esa transmisión de energía divina para la cual los reinos superiores aportan su luz a los inferiores, siendo ese séptimo día el que provee una energía única que diferencia al Shabat de los demás días de la semana.

Somos fragmentos de Su esencia; por ello, la palabra "bara" (בָּׁרָּׁ א), "creó", que tiene un valor gemátrico de 203, al desglosarse en 200 (reish) y 3 (gimel), nos sugiere una conexión entre lo vasto y lo pequeño, lo macro y lo micro, recordándonos que somos parte integral de un todo y, por lo tanto, no podemos despreciar a nada ni a nadie, ya que todo en esencia es el Creador.

Et-yom hashevii (אֶת־יוֹם הַ שְ בִ יעִ י ): "séptimo día", simboliza la completitud y la perfección, y el uso de "et" (אֶת ) antes de "yom" resalta la especificidad y singularidad del día, sugiriendo una conexión directa y potente con lo divino. Es por ello que el término vayekadesh oto (וַיְקַ דֵּ ש אֹּתוֹ ): "Y lo santificó", que viene de la raíz "kadosh" (קָּׁ דוֹש), que significa "santo" o "separado", se convierte en un llamado a apartarnos de lo mundano para asumir ese propósito sagrado.

"Kadosh" (קָּׁ דוֹש ), "santo", y su valor de 410 concuerda con el tiempo en que estuvo en pie el Primer Templo de Jerusalén, insinuando que debemos enfocarnos en la santidad del tiempo (Shabat) y la santidad del espacio (Templo) para alcanzar esa reconexión con lo divino.

La santidad debe asociarse con la elevación por encima de lo mundano. Al santificar el Shabat, el mismo Creador estableció un tiempo especial dedicado a la conexión espiritual y la reflexión. Ki vo shavat (כִי בוֹ שָּׁ בַת): "Porque en él cesó", nos llama a comprender que la palabra "shavat" (שָּׁ בַת ), que comparte raíz con "Shabat" y significa "cesar" o "descansar", nos lleva implícitamente a cesar no solo en la inactividad, sino también en el pecado, logrando una transición de la creación activa a la contemplación y disfrute de lo creado.

La expresión Mikol-melachto asher bara Elohim la'asot (מִ כָּׁל־מְ לַאכְתּוֹ אֲשֶ ר בָּׁרָּׁ א אֱלֹהִ ים לַעֲשוֹת ): "De toda la obra que Dios había creado para hacer", nos lleva al concepto en el cual la creación se mantiene en un ciclo de continua transformación. La palabra "la'asot" (לַעֲשוֹת), "para hacer", nos indica que hay trabajo pendiente, ya que es la participación humana en lo creado la que puede llevar a este mundo hacia su perfección.

El Shabat, como regalo divino, es un tiempo bendecido y santificado que debemos destinar a la reflexión, la conexión y la renovación espiritual. Aprovechando esta oportunidad, podemos elevar nuestra alma al reconectarnos con la esencia divina, participando así activamente en la continua creación y perfeccionamiento del mundo.

Es la humanidad la que debe continuar este proceso, asumiendo un rol activo en la mejora de nosotros mismos y de nuestros entornos, utilizando el Shabat como un momento para recargar energías y recibir inspiración. Así, la combinación de la bendición y la santificación del séptimo día nos llevará a equilibrar nuestras vidas entre la acción y la contemplación, lo material y lo espiritual.

Bendecir (ברך - Baraj) proviene de la raíz ברך , que también significa "rodilla" en hebreo, lo que alude al acto de inclinarse o reconocer algo superior. En la Kabalá, bendecir no es tanto “dar algo a Dios”, sino canalizar una energía divina hacia el mundo. Su valor de 222, un número 2 triple sugiere multiplicación, expansión, canalización de abundancia.

Tres veces la letra "ב" (bet, 2) simboliza la dualidad fecunda, el inicio de la creación (la Torá empieza con la letra "ב"). Bendecir implica abrir canales de flujo divino en el mundo físico. No es un pedido, es una afirmación de unión. En este sentido, cuando bendecimos, estamos participando del acto de atraer luz divina hacia este mundo. No se trata solo de pedir, sino de ser un canal para la energía del Ein Sof (la Luz Infinita).

Desde la Kabalá, el alma humana está compuesta por varios niveles (Néfesh, Rúaj, Neshamá, etc.), y la mayoría de las personas se relaciona desde los niveles más bajos, que están conectados con el deseo personal de recibir para sí mismo (Kabalá llama a esto "Kli" o recipiente). Pedir viene del Deseo de Recibir y alabar, agradecer y santificar vienen del Deseo de Dar o de Recibir para dar — una corrección espiritual más elevada.

La Kabalá enseña que el alma baja a este mundo para transformarse: de un receptor pasivo a un canal consciente de la Luz. Por eso, agradecer y santificar es un acto superior al de simplemente pedir. Implica reconocer el orden superior del universo y alinearse con él.

Maldecir, juzgar y reclamar, son vistas en la Kabalá como expresiones de la desconexión del flujo divino. Cuando el ser humano no siente la presencia de la Luz (Shejiná), cae en estados de juicio (Din) y oscuridad espiritual. Maldecir proviene de la raíz de la energía del juicio no rectificado. Juzgar a otros refleja una falta de corrección interna. Reclamar muestra una conciencia de carencia, no de plenitud. En cambio, el justo (Tzadik) se dice que "bendice incluso lo amargo", porque ve en toda una oportunidad de conexión y corrección.

La Kabalá enseña que el propósito del ser humano es convertirse en un "co-creador", elevando la realidad física hacia lo espiritual mediante palabras, intenciones y acciones. Bendecir, agradecer y santificar son formas de elevar la conciencia, transformar el deseo de recibir egoísta y alinearse con la voluntad divina.

← Versículo anteriorVolver al capítuloVersículo siguiente →