וַיְכֻלּוּ הַשָּׁמַיִם וְהָּׁאָּׁרֶץ וְכָּׁל-צְבָּׁאָּׁם
Vayechullu hashamayim veha'aretz vechol-tzeva'am
“Así fueron acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.”
Él nos creó
וַיְכֻלּוּ הַשָּׁמַיִם וְהָּׁאָּׁרֶץ וְכָּׁל-צְבָּׁאָּׁם
Vayechullu hashamayim veha'aretz vechol-tzeva'am
“Así fueron acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.”
El término Vayechullu (וַיְכֻלּוּ), "y fueron acabados", contiene la raíz "כלה" (kalah), que significa "anhelar" e incluso puede interpretarse como "consumirse", indicando que la creación, una vez completada físicamente, debía comenzar a hacer realidad ese deseo profundo de conexión y culminación, retornando a la Unidad, gracias a que todos los fragmentos de Luz voluntariamente asumimos dichos propósitos.
Es por ello que Hashamayim (הַ שָּׁ מַ יִם): "Los cielos", que proviene de la palabra "shamayim", relacionada con el "agua" (mayim), nos habla de la fluidez y la naturaleza espiritual de los cielos, los cuales representan a su vez los reinos superiores de conciencia, los mismos que están conectados con las esferas superiores del Árbol de la Vida, la eternidad.
Si añadimos el término Veha'aretz (וְהָּׁ אָּׁרֶ ץ): "Y la tierra", se nos reitera que esa manifestación divina parte de lo físico, de este mundo material, por lo que la dualidad entre "shamayim" y "aretz", que podría entenderse como una tensión entre lo espiritual y lo material, realmente es un llamado a equilibrar ambos polos desde nuestras vivencias.
Así, la expresión Ve'chol-tzva'am (וְכָּׁל־צְבָּׁאָּׁם): "Y todo su ejército", nos habla de fuerzas y energías que actúan en el universo. Según la gematría, "tzva'am" (צבאם), cuyo valor es 138, nos lleva a la "Kabbalah" (קבלה), con un valor gemátrico de 137, recordándonos la importancia del estudio de cada uno de los signos de Su Palabra para poder asumir ese plan unificador, ratificado con el concepto kollel, que como mensaje nos expresa la unidad en todas las cosas.
Nuestro principio es entonces también el final, la culminación de un ciclo de la creación, que da inicio a la integración que empieza desde lo material en busca de lo espiritual, y que, partiendo de lo inferior, nos llevará a lo superior y a lo inferior. Por lo tanto, descalificar nuestra estancia en esta tierra es obviar que estamos llamados a cualificarnos con las experiencias terrenales que enriquecen nuestros seres.
Al encontrar ese equilibrio interior, estamos también alcanzando la plenitud en nuestras vidas, al unir nuestras aspiraciones mundanas a una visión espiritual integral y trascendente, gracias a la guía del Espíritu Santo, quien, a través de la oración y Su Palabra, nos da las herramientas para iluminar nuestro entendimiento consciente.
La Kabalá y la guematria nos recuerdan que tenemos un propósito como seres humanos creados, ya que somos socios en la creación / Tikún Olam, para Reparar el mundo.
"Tikún" (תיקון ), que significa reparación, como expresión nos reitera que al principio de todo, la Luz Infinita de Dios (Ein Sof) llenaba toda la realidad. Para crear el mundo, Dios realizó el Tzimtzum (contracción), creando un "espacio" donde pudiera existir algo distinto a Él.
En ese proceso de creación ocurrió lo que se llama Shevirat haKelim (la rotura de las vasijas): las vasijas que iban a contener la luz divina no pudieron soportarla y se rompieron. Esa ruptura dejó chispas de luz divina (nitzotzot) esparcidas por toda la creación.
Nuestra misión es encontrar esas chispas ocultas en lo cotidiano, lo material, lo mundano... y elevarlas. Ya sea a través de acciones éticas, mitzvot, estudio, relaciones humanas, arte, etc. Cada uno de nosotros tiene una parte del Tikún que solo él o ella puede hacer.
En la Kabalá, se dice que el mundo está fragmentado porque vemos la multiplicidad, pero en realidad todo es parte del Uno (Ejad). Nuestra finalidad espiritual es vivir de forma que revelemos que "אין עוד מלבדו " (ein od milvado – no hay nada fuera de Él). Esto no significa anularnos, sino reconocer que todo lo que hacemos puede ser parte del plan divino.
El Zóhar habla mucho del propósito humano como ser un agente de unificación entre los aspectos divinos masculino y femenino — entre Zeir Anpin (el aspecto masculino, más activo, cósmico) y la Shejiná (el aspecto femenino, inmanente, que habita en el mundo).
Cuando hacemos actos de bondad, cumplimos mitzvot con intención (kavaná), o elevamos nuestras acciones mundanas, ayudamos a unir estos aspectos divinos, provocando yijudim (unificaciones espirituales).
"Adam" (אדם) = 45, Alef = 1, Dalet = 4, Mem = 40 → 1 + 4 + 40 = 45. Este número 45 también es el valor del Nombre de Dios cuando se escribe como Mah (מה), que representa humildad y la pregunta existencial: "¿Qué soy?"
Los sabios enseñan: el ser humano debe vivir con la conciencia de Mah aní? (¿quién soy yo?), una búsqueda constante de propósito. "Tikún" (תיקון ) = 566, Representa esfuerzo, reparación, integración.
Si sumas Tikún Olam (566 + 146) = 712, es también el valor de "Teshuvá" (תשובה) + "Or" (אור ) = retorno + luz. Es decir: el propósito es retornar a nuestra fuente, trayendo luz al mundo.
"Olam" (עולם) = 146. Proviene de la raíz עלם , que significa "ocultar". Vivimos en un mundo donde la divinidad está oculta, y nuestro trabajo es revelarla a través de nuestras acciones.
Entender que fuimos creados para ser co-creadores es asumir que nuestra alma hace parte de un proceso cósmico de reparación y revelación y que cada acto que hacemos tiene potencial espiritual, por lo cual nuestro propósito es encontrar lo sagrado incluso en lo cotidiano, asumiendo que el mundo está roto, pero nosotros estamos aquí porque somos parte de la solución.
Somos parte de todo lo Creador y debemos integrarnos a Él, unidad que nos habla de esos cuerpos celestes, que no son solo estrellas o planetas, sino seres espirituales (ángeles o fuerzas divinas que cumplen la voluntad de Dios), todos contamos con esas manifestaciones del poder divino, con su energía o "fuerza" la cual actúa en los diferentes niveles o mundos espirituales.
צבאות השמים צבאות השמים = צ )90 + (ב )2 + (א )1 + (ו )6 + (ת (400) = 499, ה )5 + (ש )300 + (מ )40 + (י )10 + (ם (final mem, 40) = 395, Total = 499 + 395 = 894, número que no es muy común en guematría simple, pero a veces los sabios buscan equivalencias o reducciones (como suma de cifras o encontrar otras frases con el mismo valor). Una reducción interesante es: 8 + 9 + 4 = 21, que es el valor de אהיה (Ehyeh – "Yo seré"), uno de los nombres divinos.
En la Kabalá, los "ejércitos del cielo" están relacionados además con las sefirot, especialmente Tzévaot (צבאות ), uno de los nombres de Dios asociados con la sefirah de Netzaj (Victoria). Este es el aspecto de Dios que "dirige los ejércitos", tanto espirituales como físicos.
Esos Ángeles y jerarquías celestiales desde la tradición cabalística y también la angelología judía describen por ende esa estructura compleja de seres que actúan como "tropas" al servicio del plan divino. En Zohar y otros textos, se explica que estos ejércitos pueden ser tanto fuerzas de luz como de juicio, y su armonía es crucial para el equilibrio cósmico.