וַיִּבֶן יְהוָּׁה אֱלֹהִים אֶת־הַצֵּלָּׁע אֲשֶר־לָּׁקַח מִן־הָּׁאָּׁדָּׁם לְאִשָּׁה וַיְבִאֶהָּׁ אֶל־הָּׁאָּׁדָּׁם
Va-yiven Adonai Elohim et-ha-tzela asher-lakach min-ha-adam l'ishah va- yevi'eha el-ha-adam
“Y de la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre.”
Una vez que el Creador terminó su proceso con Eva, llamándonos a la unidad luego de su fragmentación, nos dejó clara la necesidad de nuestra complementariedad en todo. Por lo tanto, expresiones como "construir" וַיִּבֶן (Va-yiven) nos invitan a asumir el proceso de creación desde su estructuración, es decir, entendiendo que la mujer, al ser un ser construido, tiene un propósito y una función específica dentro de la creación: construir vidas, dar a luz, guiar a esos hijos y fomentar la unificación.
La misma expresión "costilla" desde otra lectura אֶת־הַ צֵּלָּׁע (et-ha-tzela), צֵּלָּׁע (tzela), nos indica que, al ser fragmentos, necesitamos sumarnos, unir nuestras partes, siendo Eva, en el caso de Adán, "la otra mitad", creada para estar junto a él y ayudarle en ese propósito. La expresión לְ אִ שָּׁ ה (l'ishah) - "para ser una mujer", אִ שָּׁ ה (ishah) אִ יש (ish), que significa "hombre", nos muestra esa profunda conexión e interdependencia entre el hombre y la mujer, y por ende, entre toda la humanidad.
Al hacer referencia a וַיְבִ אֶהָּׁ אֶל־הָּׁ אָּׁ דָּׁ ם (va-yevi'eha el-ha-adam) - "y la trajo al hombre", el verbo וַיְבִ אֶהָּׁ (va-yevi'eha) implica un acto de presentación, lo que sugiere que Él no solo creó a la mujer, sino que la introdujo en la vida de Adán como su complemento perfecto. Por ello, la gematría de בָּׁנָּׁה (banah - construir) 57 (ב =2 ,נ=50 ,ה=5) nos vuelve a presentar el acto de creación como un proceso de formación, que implica nuestra construcción, la cual parte de lo verbal, de renombrar lo creado. Siendo אִ שָּׁ ה (ishah - mujer), con un valor de 306 (א=1 ,ש =300 ,ה=5), quien tiene la capacidad de ser el canal de vida para que esa relación nos reconecte con lo espiritual a partir de lo físico.
La mujer es presentada no como un ser secundario, sino como una construcción divina que completa al hombre, reflejando la intención del Creador de que el ser humano no esté solo, sino en relación con lo creado, ya que estamos destinados a vivir en conexión y reciprocidad, gracias a relaciones profundas y significativas que requieren esfuerzo y construcción. No se trata solo de encontrar a alguien, sino de construir una relación basada en respeto, amor y propósito compartido.
Y aunque nos cuesta entender la atemporalidad del relato como a su vez que en algunos contextos se hable que al crearnos a Su imagen, nos haya creado varón y hembra, utilizando un término plural y simultáneo, debe quedarnos claro que el proceso de llevar al hombre a un sueño profundo para que mientras dormía tomar una de sus costillas (צלע ) para hacer la mujer, solo nos ratifica esa separación, seguida por la invitación a que voluntariamente pudiesen ser una sola carne.
La Cabala y el Zóhar explican ambos relatos en sus diferentes planos, ya que uno es el plano del alma (neshamáh), Adam fue creado andrógino: contenía dentro de sí ambas polaridades: masculina y femenina. Unidad que representa la esencia del alma humana antes de entrar en el mundo de la dualidad.
“pero luego en el plano material el Creador nos hace con dos rostros” – (Zóhar, Bereshit), separando el plano del cuerpo, de la conciencia. La separación de lo femenino de dentro del hombre es entonces una expresión de la multiplicidad en el mundo físico, lo femenino es creado desde él, pero como otro: para que haya reconocimiento, elección y relación. El verbo usado para “hizo” a la mujer es וַיִּבֶן (va-yivén) = “edificó”, que implica estructura, belleza y complejidad espiritual.
Principio profundo de la mística que nos habla de la unidad inicial, para luego mostrarnos la separación en pro de la reunificación voluntaria hacia lo superior, y es que esa unidad indiferenciada (Adam y Javá como uno) no permitía nuestro reconocimiento.
La separación crea la posibilidad de relación, elección y amor libre. La reunificación consciente entre masculino y femenino es más alta que la unidad original: ya no es pasiva ni inconsciente, sino construida. Este ciclo es también el mapa del alma humana y del universo según la Cabaláh.
Y Aunque la mujer fue "creada aparte", la Cabala insiste: que Cada ser humano tiene dentro de sí ambas energías: El hombre contiene Nukvá (femenina oculta) y la mujer contiene Zeir Anpín (masculino oculto) por lo que el trabajo espiritual es reconocer y equilibrar ambas fuerzas internas. Esto se llama tikún ha-nefesh — rectificación del alma.
Asi que Eva, Javá, es traída al hombre como negedó — “frente a él”. kenegdo” (כְנֶגְדוֹ) que tiene doble sentido: Como ayuda (ezer) y como opuesto o frente a él (neged) — es decir, alguien que lo desafía y lo completa a la vez. No es una extensión del hombre, sino un otro con el que puede construirse una unidad mayor que la suma de las partes.
La energía femenina está en el hombre, pero fue exteriorizada para que pueda reconocerla, honrarla y amarla. La dualidad no contradice la unidad esencial, sino que la revela a través de la relación. La Cabala enseña que el propósito espiritual es reunir lo masculino y lo femenino, tanto externamente (en pareja) como internamente (en el alma). Javá, aunque surge “de” Adam, es un ser completo, independiente y divinamente estructurado, reflejo de la Shejináh en el mundo.