וַיִּטַע יְהוָּׁה אֱלֹהִים גַן־בְעֵּדֶן מִקֶדֶם וַיָּּׁשֶם שָּׁם אֶת־הָּׁאָּׁדָּׁם אֲשֶר יָּׁצָּׁר׃
Vayyit'a Adonai Elohim gan-be'eden miqqedem vayasem sham et- ha'adam asher yatzar.
“Y plantó el Señor Dios un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado.”
La expresión Vayyit'a Adonai Elohim (וַיִּטַ ע יְהוָּׁה אֱלֹהִ ים): "Y plantó el Señor Dios", nos recuerda que el acto de plantar "vayyit'a" (וַיִּטַ ע) nos llama, antes que nada, a revisar nuestras potencialidades gracias a la energía divina que es nuestra esencia, para poder restablecer ese espacio donde lo espiritual y lo material coexisten armónicamente, tal y como sucedía en el huerto del Edén.
Gan-be'eden miqqedem (גַן־בְ עֵּדֶ ן מִ קֶ דֶ ם): "Un huerto en Edén, al oriente", es un escenario que, de acuerdo con la palabra "Gan" (גַן) "huerto" o "jardín", y "Edén" (עֵּדֶ ן ) "deleite" o "placer", nos habla de ese estado ideal de armonía que debe reinar también entre lo espiritual y lo material. Al estar ubicado este en "miqqedem" (מִ קֶ דֶ ם ), "al oriente", dicha dirección es símbolo de iluminación, donde nos orientamos hacia la fuente de la luz espiritual.
Edén, que más allá de visualizarlo como un lugar físico, nos indica un estado de conciencia iluminado en el que nos sabemos cercanos al Creador, quien nos colocó allí: Vayasem sham et-ha'adam asher yatzar (וַיָּּׁשֶ ם שָּׁ ם אֶת־הָּׁ אָּׁדָּׁ ם אֲשֶ ר יָּׁצָּׁר), expresión "vayasem" (וַיָּּׁשֶ ם ), "puso", que nos indica que el Creador nos ubicó en ese espacio con un propósito específico al ser co-creadores y, por ende, mayordomos del mundo, teniendo que trabajar en el cuidado de Su obra para elevar esos entornos físicos hacia estados más espirituales.
Esta metáfora, como tantas otras, nos reitera que cada ser humano tiene dentro de sí un "jardín" espiritual que debe ser cultivado, un alma que debe reorientarse hacia el oriente, hacia la fuente de la luz divina. Nuestro objetivo es mantener este jardín en un estado de equilibrio y santidad, protegiéndolo de las fuerzas negativas que pueden desequilibrarlo y de las que nosotros nos retroalimentamos al no atender el mandato de evitar la tentación de dichos frutos.
La palabra "Gan" (גַן), por su valor gemátrico de 53, se relaciona con la expresión "Av" (אָּׁב ), que significa "padre" y que tiene un valor de 3, así como con "Nun" (נון), que tiene un valor de 50, para darnos la idea de ese poder creativo divino, representado por el Padre que nos otorgó su potencial infinito, representado por la Nun como semilla, para que buscáramos nuestra perfección en su eternidad.
Por lo tanto, el "Edén" (עֵּדֶ ן), con su valor gemátrico de 124, nos proyecta esa combinación con los nombres que le damos al Creador para simbolizar la plenitud de la bendición divina y la perfección espiritual que se encuentran en el estado de Edén cuando nos conectamos conscientemente a su voluntad.
En nuestra vida cotidiana, debemos cuidar tanto de nuestro entorno físico como de nuestro jardín espiritual interior, la conciencia, buscando nuestra orientación permanente hacia la fuente de la luz divina, el Espíritu Santo, que nos posibilita vivir en un estado de equilibrio y plenitud gracias a que nos comunicamos con Él a través de la oración.
Nunca perdamos de vista que el "Edén" no es simplemente un lugar geográfico, sino un nivel de conciencia espiritual extremadamente elevado. En el Árbol de la Vida (Etz Chaim), el Edén se asocia con Kéter, la más alta de las sefirot, que representa la voluntad divina pura, la fuente de toda existencia. El Edén es el estado original del alma antes de su encarnación, en perfecta unidad con lo divino.
עדן =124. Algunas interpretaciones lo relacionan con otras palabras que suman 124, como דין חסד ("juicio" y "misericordia"), sugiriendo que el Edén contiene un equilibrio oculto entre ambos principios.
El Huerto (גן עדן – Gan Eden), es una manifestación inferior del Edén, un espacio de interacción entre el mundo espiritual y el mundo material. Es allí donde el alma encarnada (Adán) podía experimentar la proximidad divina. Simbólicamente, Gan Eden representa el nivel de Tiféret, la sefirá de la belleza, equilibrio y armonía, que es el punto de encuentro entre las energías superiores e inferiores.
El Zohar dice que Gan Eden tiene un aspecto superior y uno inferior: Gan Eden HaElyon: para las almas después de la muerte. Gan Eden HaTajton: el estado espiritual alcanzable en vida por los tzadikim (justos).
El Árbol de la Vida es el diagrama central de la Cábala, compuesto por las diez sefirot y los 22 senderos que las conectan. En el contexto del Génesis, simboliza la vida eterna, es decir, la conciencia unificada del todo, donde no hay separación entre Creador y criatura.
Se considera que antes de la caída, Adán tenía acceso al Árbol de la Vida: vivía en un estado de conciencia pura, sin dualidad ni muerte. Tras la caída, se colocó un "querubín con espada flameante" para impedir el acceso: esto representa el velo del ego y del deseo egoísta que separa al ser humano de su naturaleza divina.
עץ חיים =233. Algunos cabalistas vinculan este número con conceptos como אור גדול (Or Gadol – Gran Luz) = 233, que representa la sabiduría divina oculta en el árbol. El propósito del Edén y del Árbol de la Vida es la tikún (rectificación) del alma, es decir, su evolución hacia un estado de unidad y conocimiento de Dios.
El relato del Edén es una alegoría del estado original del alma y su misión en el mundo material: descender, refinar la creación, y regresar a la fuente con mayor conciencia. El árbol prohibido (del conocimiento del bien y del mal) representa la dualidad. Al comer de él, el ser humano adquiere ego, separación, y juicio. El trabajo espiritual es volver al Árbol de la Vida: unificación, integración y conciencia divina.
Desde esa mirada Adán y Javá (Eva) estaban en el Gan Éden mundo simbólico de la estructura espiritual del ser humano y del universo, lugar que sin ser físico, nos habla de estado de conciencia espiritual suprema, de unidad con la Divinidad, donde no existía separación entre el Creador y Su creación.
Escenario que representa el nivel de Maljut en su forma pura y elevada, completamente unida a las sefirot superiores. Adán fue creado con un alma total (neshamá klalit) que contenía todas las almas. Sin embargo al comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal (Etz HaDaat), el alma eligió la conciencia de separación, juicio, dualidad y se desató el desequilibrio entre las sefirot de Jesed (bondad) y Gevurá (disciplina).
La Cabalá enseña que el pecado no fue físico, sino una ruptura en la conciencia espiritual. Zohar (Bereshit): “El verdadero Gan Éden está oculto en el interior del alma, y el exilio es el olvido de quién eres.” Por ello aunque la expulsión no fue un castigo permanente, sino parte del proceso de tikún (reparación), el retorno al Edén es sinónimo de la Redención Final (Guéulá) y de la restauración de la unidad entre el Creador y la creación.
El alma, al elevarse por medio del trabajo espiritual —mitzvot, refinamiento de midot, oración consciente—, reconecta con el estado previo a la caída busca ese Gan Éden que no está “detrás de nosotros”, sino delante — como destino.
“Gan Éden” )גן עדן ( :גן (Gan) = 3 + 50 = 53, עדן (Éden) = 70 + 4 + 50 = 124, para un total de Gan Éden de 177, que al compararse con: a. חיים (Jaim – vida) = 8 + 10 + 40 = 58, nos da 177 = 3 × 59, casi una triplicación de "vida", aludiendo a la vida en sus tres niveles: Nefesh (alma viviente), Ruaj (alma emocional), Neshamá (alma espiritual superior).
תשובה (Teshuvá – retorno) = 713. Aunque es un número diferente, el concepto está vinculado: el camino de regreso al Edén es por medio de la Teshuvá, entendida cabalísticamente como: "Regresar a la conciencia de unidad con la Luz Infinita" (Ein Sof).
Según el Zohar y el Ari )Isaac Luria(: Cada persona trabaja para rectificar la chispa del Edén en su alma. El alma pasa por gilgulim para completar el retorno. A través del estudio de la Torá, la oración con intención (kavaná) y la práctica de las mitzvot, vamos reconstruyendo el vaso (kli) que puede recibir la Luz como en el Edén original.
El retorno es entonces una misión, por ende el Eden no es un lugar perdido, sino una realidad interior a la que debemos despertar, por ello no se trata de “volver atrás”, sino de elevarnos hasta ese nivel de conciencia una vez más, con el mérito de haberlo elegido con libre albedrío.