וַיֹּאמֶר יְהוָּה אֱלֹהִים אֶל־הַנָּחָּשׁ כִי עָּשִיתָּ זֹּאת אָּרוּר אַתָּה מִכָּל־הַבְהֵמָּה וּמִכָּל־ חַיַת הַשָּדֶה עַל־גְחֹּנְךָ תֵלֵך וְעָּפָּר תֹּאכַל כָּל־יְמֵי חַיֶיךָ.
Va-yómer Adonai Elohim el-ha-najásh: Ki asíta zot, arur atá mi-kol ha- behemá u-mi-kol jayát ha-sadé; al-gejonjá teléj ve-afar tojal kol-yemé jayéja.
“Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por cuanto has hecho esto, maldita serás entre todos los animales y entre todas las bestias del campo; sobre tu vientre andarás y polvo comerás todos los días de tu vida."”
Aunque es claro que la Biblia refleja el amor del Creador y su deseo de que nos reconectemos a Él como fuente de vida, hay algunos pasajes que vale la pena releer con más profundidad para no caer en el simplismo de pensar, como en este caso, que Él nos maldijo al expresar a la serpiente, después de engañar a Eva y causar la caída de la humanidad, una especie de condena eterna que, en parte, pareciera compartimos actualmente.
Sin embargo, la condena de arrastrarse sobre su vientre y comer polvo por el resto de sus días realmente simboliza que las fuerzas del mal, el ego y la tentación que nos alejan del camino espiritual y de la conexión con lo divino siempre estarán limitadas al poder de las fuerzas negativas que también fluyen en la tierra y que quedan atadas a ella.
Todo lo que es condenado a arrastrarse, como la serpiente, pierde su capacidad de elevarse, lo que simboliza la limitación del poder del mal cuando el ser humano reconoce su verdadera naturaleza y se conecta con la sabiduría divina para continuar cogobernando. La gematría nos ayuda a comprender que la serpiente הַ נָּחָּ שׁ (Ha-Najásh), con un valor de 358, al coincidir con el valor de מָּ שִׁ יחַ (Mashíaj), "Mesías", queda sujeta a esa fuerza que representa nuestro redentor.
Por ende, el engaño y la tentación deben transformarse en una fuerza de redención, siendo la serpiente la prueba que, una vez superamos su influencia, podemos acceder a la redención y, por ende, a una reconexión con lo divino. El עָּפָּר (Afar), "polvo", con un valor gemátrico de 350, del cual todos formamos parte, representa solo lo material, lo mundano y lo bajo.
La serpiente, por lo tanto, al ser condenada a comer polvo, está siendo relegada al nivel más bajo de existencia, lo que simboliza el destino del mal cuando es dominado por la conciencia divina. Por lo tanto, el mal, al que tanto priorizamos, solo puede tentarnos y desviarnos temporalmente, pero estamos destinados a superarlo, ya que es subyugado por el poder divino del Mesías.
Al reconocer la naturaleza ilusoria del mal y superar las tentaciones del ego, podemos transformarlas en oportunidades para crecer espiritualmente. Es por ello que el polvo también simboliza la humildad, y recordar que "polvo somos" nos reitera nuestra dependencia de la divinidad, buscando mantenernos conectados con nuestra esencia para evitar caer en la trampa del ego.
A través del reconocimiento y la superación de nuestras pruebas, como lo hicieron Adán y Eva, podemos alcanzar un estado de mayor conexión con lo divino, siempre y cuando nos dejemos guiar por Su palabra, la cual nos ofrece los recursos para profundizar en la comprensión de todo aquello que nos genera tentación, deseos de maldad y, en fin, una supuesta realidad que, en el fondo, contiene una oportunidad para la redención y el crecimiento espiritual.
Varios conceptos dentro del versículo nos deben permitir comprender de forma mas clara que ese polvo (afar – עָּפָּר) del que el ser humano es formado y que se convierte en el castigo de la serpiente, que “comerá polvo”, es el componente esencial del universo (estrellas, cosmos, materia), ya que este no es solo tierra física, sino materia espiritual primaria, un símbolo del estado más bajo, receptivo y oculto de la creación, desde el cual todo puede ser elevado.
Afar (עָּפָּר) representa el nivel más bajo de la materia, lo más humilde, pasivo y receptivo. Sin embargo, este polvo es potencial puro, la base sobre la cual Dios puede imprimir la Neshamá (el alma superior). El alma proviene del aliento divino (neshimá), pero habita en un cuerpo hecho de afar, es decir, el alma se viste con las limitaciones del mundo material para cumplir su misión.
En la Cábala, el "polvo" es símbolo de Maljut, la sefirá más baja, donde toda la Luz se condensa y se oculta, esperando ser elevada a través del Tikkun. Por ello cuando se habla de castigo este no es literal, sino profundamente simbólico ya que el polvo aquí representa lo mínimo espiritual, lo inanimado.
El castigo de la serpiente es vivir en un plano espiritual donde no hay vitalidad divina evidente, donde todo está oculto tras la materia. Para los cabalistas, esto significa que la serpiente (el Satán, el ego, la fuerza de separación) queda encerrada en lo más bajo del mundo material, sin acceso a la Luz superior, alimentándose solo de apariencia, no de esencia. Así, el polvo es el símbolo de un mundo sin elevación espiritual, donde no hay hambre de trascendencia.
עפר (Afar – Polvo): ע (Ayin) = 70, פ (Peh) = 80, ר (Resh) = 200→ Total = 350 es igual al valor de: סגור (Sagur) = Cerrado. Esto representa la cerradura espiritual, lo que está encerrado y no se puede elevar por sí solo. También: 350 es 7 × 50 → El número 7 representa la creación material (los 7 días), y 50 es la liberación espiritual (como en el Jubileo o el Omer). El polvo contiene la posibilidad de la liberación espiritual total, pero está escondida en lo más bajo.
Hoy en día sabemos que nuestros cuerpos están literalmente hechos de polvo de estrellas — partículas formadas en explosiones estelares. La Cábala antigua ya intuía que el hombre estaba compuesto de materia cósmica con alma divina. En el Zóhar, se dice: “Del polvo de la tierra se formaron los mundos, y dentro del polvo se oculta la chispa divina de cada criatura.” (Zóhar, Bereishit)
Así, el polvo representa: El comienzo más bajo del que todo puede surgir. La humildad esencial de la materia como recipiente para la Luz. El lugar donde la Luz infinita (Or Ein Sof) puede encarnarse sin anularse. En el lenguaje de las sefirot: Afar = Maljut (el receptor total). Neshamá = Tiferet o Biná (las fuerzas superiores)
El polvo representa el potencial oculto, la materia más básica desde la cual se puede revelar lo más sublime. Por eso: El hombre puede elevarse desde el polvo hasta los cielos. La serpiente queda atada al polvo, sin posibilidad de ascenso, como símbolo del deseo egoísta que se autoalimenta. El polvo es la base de todo, pero también el punto de retorno: “al polvo volverás” (Génesis 3:19) → es decir, volverás al punto de humildad y origen para reiniciar.
Nuestro salvador Jesucristo descendió a lo mas bajo y camino en ese polvo para redimirnos para que ese Tikun nos permitiera retornar a ese estado original del que el primer Adán nos sacó. Porque si por este entró el pecado al mundo, por un hombre también nuestra redención.
Although it is clear that the Bible reflects the Creator's love and His desire for us to reconnect with Him as the source of life, there are passages that are worth rereading with greater depth to avoid the simplism of thinking, as in this case, that He cursed us when He addressed the serpent after it deceived Eve, causing humanity's fall, with what seems like an eternal condemnation that, in part, we share today.
However, the curse of crawling on its belly and eating dust for the rest of its days actually symbolizes that the forces of evil, ego, and temptation that draw us away from the spiritual path and connection with the divine will always be limited to the power of negative forces that also flow on the earth and are bound to it.
Anything condemned to crawl, like the serpent, loses its ability to rise, symbolizing the limitation of the power of evil when humanity recognizes its true nature and connects with divine wisdom to continue co-governing. Gematria helps us understand that the serpent הַנָחָשׁ (Ha-Najásh), with a value of 358, coincides with the value of מָ שִׁ יחַ (Mashíaj), "Messiah," and is thus subject to the force that represents our redeemer.
Therefore, deception and temptation must be transformed into a force of redemption, with the serpent being the test that, once we overcome its influence, we can access redemption and thus reconnect with the divine. The עָפָר (Afar), "dust," with a gematria value of 350, of which we are all part, represents only the material, the mundane, and the lowly. Thus, the serpent, by being condemned to eat dust, is relegated to the lowest level of existence, symbolizing the fate of evil when it is dominated by divine consciousness. Therefore, the evil we so often prioritize can only tempt and divert us temporarily, but we are destined to overcome it, as it is subjugated by the divine power of the Messiah.
By recognizing the illusory nature of evil and overcoming the temptations of the ego, we can transform them into opportunities for spiritual growth. This is why dust also symbolizes humility, and remembering that "we are dust" reiterates our dependence on divinity, seeking to remain connected with our essence to avoid falling into the trap of ego.
Through the recognition and overcoming of our trials, as Adam and Eve did, we can reach a state of greater connection with the divine, as long as we allow ourselves to be guided by His word, which offers us the resources to delve into the understanding of everything that generates temptation, desires for evil, and, ultimately, a supposed reality that, deep down, contains an opportunity for redemption and spiritual growth.
Varios conceptos dentro del versículo nos deben permitir comprender de forma mas clara que ese polvo (afar – עָּפָּר) del que el ser humano es formado y que se convierte en el castigo de la serpiente, que “comerá polvo”, es el componente esencial del universo (estrellas, cosmos, materia), ya que este no es solo tierra física, sino materia espiritual primaria, un símbolo del estado más bajo, receptivo y oculto de la creación, desde el cual todo puede ser elevado.
Afar (עָּפָּר) representa el nivel más bajo de la materia, lo más humilde, pasivo y receptivo. Sin embargo, este polvo es potencial puro, la base sobre la cual Dios puede imprimir la Neshamá (el alma superior). El alma proviene del aliento divino (neshimá), pero habita en un cuerpo hecho de afar, es decir, el alma se viste con las limitaciones del mundo material para cumplir su misión.
En la Cábala, el "polvo" es símbolo de Maljut, la sefirá más baja, donde toda la Luz se condensa y se oculta, esperando ser elevada a través del Tikkun. Por ello cuando se habla de castigo este no es literal, sino profundamente simbólico ya que el polvo aquí representa lo mínimo espiritual, lo inanimado.
El castigo de la serpiente es vivir en un plano espiritual donde no hay vitalidad divina evidente, donde todo está oculto tras la materia. Para los cabalistas, esto significa que la serpiente (el Satán, el ego, la fuerza de separación) queda encerrada en lo más bajo del mundo material, sin acceso a la Luz superior, alimentándose solo de apariencia, no de esencia. Así, el polvo es el símbolo de un mundo sin elevación espiritual, donde no hay hambre de trascendencia.
עפר (Afar – Polvo): ע (Ayin) = 70, פ (Peh) = 80, ר (Resh) = 200→ Total = 350 es igual al valor de: סגור (Sagur) = Cerrado. Esto representa la cerradura espiritual, lo que está encerrado y no se puede elevar por sí solo. También: 350 es 7 × 50 → El número 7 representa la creación material (los 7 días), y 50 es la liberación espiritual (como en el Jubileo o el Omer). El polvo contiene la posibilidad de la liberación espiritual total, pero está escondida en lo más bajo.
Hoy en día sabemos que nuestros cuerpos están literalmente hechos de polvo de estrellas — partículas formadas en explosiones estelares. La Cábala antigua ya intuía que el hombre estaba compuesto de materia cósmica con alma divina. En el Zóhar, se dice: “Del polvo de la tierra se formaron los mundos, y dentro del polvo se oculta la chispa divina de cada criatura.” (Zóhar, Bereishit)
Así, el polvo representa: El comienzo más bajo del que todo puede surgir. La humildad esencial de la materia como recipiente para la Luz. El lugar donde la Luz infinita (Or Ein Sof) puede encarnarse sin anularse. En el lenguaje de las sefirot: Afar = Maljut (el receptor total). Neshamá = Tiferet o Biná (las fuerzas superiores)
El polvo representa el potencial oculto, la materia más básica desde la cual se puede revelar lo más sublime. Por eso: El hombre puede elevarse desde el polvo hasta los cielos. La serpiente queda atada al polvo, sin posibilidad de ascenso, como símbolo del deseo egoísta que se autoalimenta. El polvo es la base de todo, pero también el punto de retorno: “al polvo volverás” (Génesis 3:19) → es decir, volverás al punto de humildad y origen para reiniciar.
Nuestro salvador Jesucristo descendió a lo mas bajo y camino en ese polvo para redimirnos para que ese Tikun nos permitiera retornar a ese estado original del que el primer Adán nos sacó. Porque si por este entró el pecado al mundo, por un hombre también nuestra redención.