Oración

Nuestras oracciones nos mantienen comunicados con Él.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y tu misericordia a ti, Padre Celestial, dador de la vida. Te doy gracias, mi Rey, porque a diario inspiras lo que debo pensar, decir y hacer, e incluso cómo debo convivir conforme al bienestar que Tú prodigas.
Gracias porque los destellos de tu Palabra iluminan mi entendimiento y guían mi ser para que sean tus virtudes las que me permitan experimentar a través de cada interacción mi caminar diario, corrigiéndome con tu amor en esos aspectos que, por mi naturaleza pecaminosa, implican impureza e imperfección.
Gracias, Creador, por hablarle a mi mente, a mi corazón, a mi alma, a mi ser y por guiarnos como tus hijos con tu Espíritu en cada paso que damos en nuestras coexistencias.
Gracias, amado Creador, porque desde la tranquilidad de sabernos cercanos a ti, aquí y ahora en este peregrinaje, alabamos cada una de las tareas pasadas, presentes o futuras que nos prescribes, ya que ellas deben llevarnos a nuestro crecimiento holístico e integral.
Gracias, Padre amoroso, por este caminar cotidiano a tu lado, que nos llena de nuevas motivaciones y nos inspira constantes alabanzas hacia ti. Gracias por darnos, a través de tu Palabra, los mandatos e instrucciones para asumir con coherencia nuestras responsabilidades.
Gracias por escuchar nuestras plegarias, incluso aquellas llenas de quejas que no corresponden al deber de agradecerte.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y tu misericordia a ti, Padre Celestial, porque atiendes cada una de nuestras oraciones, plegarias o rezos, que cual Salmos nos llevan a recitar palabras fraternales y serviciales que solo buscan adorarte, sabiendo de alguna forma que ese abanico de sonidos nos acerca a nuevas experiencias que necesitamos para que tu aliento nos llene de esperanza y así afrontar los diversos desafíos que propone el camino de la vida.
Gracias porque incluso esos versos recitados, que emanan de nuestros labios impuros para referirse a tu deidad, los conviertes en las eternas canciones de alabanza que mereces, al adornarlos con tu misericordia.
Gracias porque, más allá de mis rezos o plegarias, me permites comunicarme permanente y plenamente contigo.
Gracias por enseñarme a amar cada partícula de mi cuerpo, a valorar cada partícula de mi vida, a bendecir la vida, lo que tengo, lo que hago, las personas con las cuales convivo y todo lo que siento y soy.
Te amo y te bendigo, Señor Jesucristo, mi Creador, Hijo del Altísimo, y te agradezco por cada una de mis interacciones e interrelaciones, a través de las cuales me permites integrarme contigo y tu obra.
Padre amado y Creador, gracias por enseñarme, a través de tu misericordia y con la guía del Espíritu Santo, a agradecerte en cada instante por la existencia que me otorgaste, así como la de aquellos seres con los que cohabito, especialmente por las vidas de aquellos que un día califiqué incluso como enemigos y con los que hoy entiendo me estás capacitando para acercarlos como prójimos y retornar juntos a tu Edén.
Así que hoy bendigo las vivencias otorgadas a través de cada una de las personas que forman parte de este mundo y por sus vidas y sus familias.
Agradezco infinitamente a cada uno de esos seres porque con sus interacciones —por conflictivas que me parecieran— me enseñan que el perdón no era para ellos, como erróneamente creía, sino para conmigo mismo, ya que he vivido cargado de esos resentimientos milenarios. Necesito acogerme más a tu misericordia para que, a través de ella y de ellos, me reorientes y así vivir conforme a tu voluntad.
Gracias, Creador, por acompañarme y ayudarme a dejar de intentar cambiar a los demás y, en cambio, entender que debo concentrarme en cambiarme a mí mismo. Por ello, gracias por ayudarme a aceptar a las personas como son, comprendiendo que todos estamos como debemos estar, experimentando nuestras propias perspectivas, lo que implica además no apegarnos a nada, ni siquiera a ideas, y dejar fluir todo como debe ser.
Gracias por hacerme capaz de dejar de vivir de deseos, incluso en nuestras relaciones más íntimas, para llenarme solo de tu amor, especialmente hacia nosotros mismos, encontrándonos así con el placer de dar.
Gracias, Creador, por permitirme comprender que lo que vivenciamos lo hacemos para nuestra propia paz. Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y tu misericordia a ti, Padre y Creador, por todo lo que nos das. Sí, por ese amor que nos brindas, por permitirnos recrearnos en tu obra y amarte desde las diferentes posturas que tenemos al respecto.
Gracias, Padre amoroso, por cada instante de tiempo, por este presente que es un regalo permanente tuyo, el cual nos integra constantemente a tu obra.
Gracias por permitirnos en cada nueva reflexión hacer un balance para revisar detalladamente cómo usamos la vida que nos diste y lo que dentro de ella significa nuestro bienestar que es general, armónico: divino.
Gracias, mi Rey, porque a través de cada sensación percibida y de cada emoción experimentada nos llenas de nuevos impulsos nerviosos para reconocernos en tus revelaciones y manifestaciones, haciéndonos conscientes de que esos destellos iluminan nuestro entendimiento y nos guían.
Gracias, Padre amoroso, por hacernos hijos tuyos. Te amamos, Señor, Padre Santo y hermoso Rey en palabra, pensamiento y acción, porque eres, estás y estarás sobre toda la Creación.
Gracias, porque ahora Tú eres nuestro modelo, y por ello logramos caminar junto a otros, pese a que seguimos atados a ese milenario plan egoísta de modificar tus mandatos, de confrontarte y de no fluir con tu amor, dejándonos desviar y distraer a través de los sentimientos adversos que hemos magnificado y prolongado a lo largo de los siglos, y que irradiamos a través de nuestro proyector mental, pantalla en la que regularmente solo observamos juicios y prejuicios.
Amo y bendigo la posibilidad de existir, de pensar, de sentir, de percibir, de amar, de saberme parte de tu Creación, de aceptar que soy a tu imagen y semejanza.
Amo y bendigo cada momento e instante que me regalas en este eterno presente, y a cada una de las personas con las cuales, a lo largo de mis días, me has permitido compartir, así como cada una de las acciones y labores que me has permitido desarrollar.
Padre amado y Creador, ayúdame a hacer tu voluntad y no la mía, a sentirme siervo tuyo, presto para saberme útil a tu obra y no a mis expectativas. Que declare y decrete a través de mi boca solo aquello que dignifique la vida y la sencillez de la misma, y que no use este don egoístamente para actuar conforme a mis deseos.
Gracias, mi amoroso Padre Celestial, porque nos ayudas a entender que realmente no hay personas inteligentes, y que nuestro entendimiento debe ser iluminado por tu luz para que tus bendiciones nos guíen y nos lleven a servir, ya que todos esos dones son deudas y responsabilidades que tenemos para con tu obra.
Talentos que deben servirnos también para dejar de buscar la aprobación de los demás y que, por el contrario, nos permitan dejar de compararnos con otros, para no competir más con nadie, sabiendo que estamos llamados a compartir como hijos tuyos que somos.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia, Padre Celestial, porque a través de cada respiración nos orientas, nos permites integrarnos a tu ser, y a través de cada sonido y de cada partícula nos expresas mensajes de tu amor y hasta nos tomas de la mano para llevarnos hacia tu reino eterno.
Amo y bendigo cada sonido, cada nota musical a través de los cuales llamas mi atención, cada sensación y cada percepción que me recuerda que tú estás allí.
Amo y valoro cada imagen, cada color, cada signo, cada símbolo, cada olor y, con ello, la posibilidad de degustar, de saborear, de sentir, de palpar, de vivir.
Gracias por permitirme encontrar esa armonía tuya dentro de mí mismo y poder luego dar de ese amor a los demás.
Gracias por ayudarme a comprender que nada es necesario conforme a mis expectativas y que todo debe satisfacerme, ya que la felicidad no está en el exterior del mundo, sino en nuestro estado interior de conexión contigo.
Gracias por el don de la palabra, por permitirnos crear y recrearnos en ella, siendo indispensable que alabemos y exaltemos tu glorioso e impronunciable nombre.
Gracias porque nos dejaste libremente decidir si nuestros hábitos de vida están o no conformes a tus mandatos, o si nos dejamos contaminar por todo aquello que distorsionándonos y distrayéndonos, incluso con tus constantes llamados de atención, nos desvía; mientras tú sigues allí como nuestro Padre, buscando cómo reencontrarte con nosotros, tus hijos pródigos.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia, Padre y Creador, porque sigues con tus destellos de amor iluminando mi conciencia, logrando así, a través de ese canal, un encuentro permanente contigo.
Y te agradezco además porque con cada nuevo paso me enseñas la importancia de callar más, de escucharte más, de estar más atento para que me guíes y así dejar de juzgar a los demás, para que todos nos cualifiquemos y complementemos con tu amor, valorando la vida para dejar de despreciarte como lo hemos venido haciendo.
Gracias, porque a nosotros trajiste tu Reino Omnipotente, integrándote a nuestro ser interior para llenarnos de tu paz, de tu gozo, de tu amor, de tu fraternidad, de tu poder sanador y salvador, para que este universo simbólico e imaginario que nos limita y hechiza con sus abstracciones no tenga el enorme poder que le hemos dado.
Gracias porque hoy nos permites interiorizar este tipo de expresiones a través de tu idioma de amor para compenetrarnos, gracias a ese vínculo con nuestros prójimos y seres cercanos, ya que con nuestro lenguaje limitado y finito sería imposible.
Amo y bendigo cada gota de aire que me permites inhalar para alimentarme de tu creación, agradezco el poder, a través de ese proceso natural, de nutrirme con lo mejor que nos das, tu aliento de vida, e incluso poder liberar todo lo que no es útil.
Valoro que en cada diminuta pausa de ese proceso nos permitas celebrar, integrarnos y sentirnos parte de ti, por lo cual debemos llenarnos plenamente de entusiasmo.
Gracias, porque tu Santo Espíritu siempre nos guía, protege, alivia, ilumina, libera, consuela y nos enseña si nosotros se lo permitimos. Nos muestra lo que es amar tu santa voluntad y obedecerte por encima de todas nuestras expectativas pasadas, presentes o futuras, para así unirnos a tus propósitos universales.
Gracias porque nos acompañas en ese campo de batalla permanente, donde se enfrenta el deseo de nuestra voluntad desobediente con la tuya como Creador.
Gracias porque le das a nuestra conciencia otras luces para que esa mirada y naturaleza humana no se deje llevar por tendencias que, como seres carnales, nos llenan de oscuridades.
Gracias porque, aunque no hacemos el bien que deseamos, sino el mal que nos aleja de ti y gobierna nuestros pensamientos, tú sigues allí apoyándonos.
Te amo y te bendigo porque eres, estás y estarás sobre toda cosa creada.
Gracias, Creador, por controlar mis palabras, por coordinar mis pensamientos antes de que se conviertan en expresiones, por darme herramientas para que ahora sea tu Palabra la que guíe mi lenguaje finito, limitado y sesgado.
Gracias por ayudarme a corregir, incluso con mis labios, aquellas acciones, omisiones, deudas y pecados con los que he contaminado mis días.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro y te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre y Creador, porque permites que tu Espíritu Santo acompañe nuestro peregrinaje, a pesar de que seguimos desconectándonos de ti al no querer hacer tu voluntad, dejando que nuestro ego continúe desviándonos y contaminándonos.
Gracias, porque nos conoces y por ello nos ayudas a aceptar las cosas que debemos aceptar y, al mismo tiempo, a cambiar aquellas que, en tu sabio orden, consideras que debemos mejorar.
Gracias porque nos llevas a entender que la vanagloria, que parece ser lo natural en nosotros, solo nos indica que debemos proyectarnos hacia lo sobrenatural de tu Palabra.
Gracias, Padre misericordioso, por salvarnos y porque además nos colocaste a tu Santo Espíritu presto a nuestra ayuda.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro y te agradezco; ruego tu perdón y misericordia, Padre Celestial, porque a pesar de seguir fallando, me guías.
Mi vida está en tus manos y, aunque no me siento digno siquiera de rendirte cuentas, te imploro tu perdón, tu misericordia y tu amor.
Padre, me acojo a tu gracia y con devoción y fidelidad quiero hacer aquí y ahora un nuevo pacto para que nuestra relación sea más personal e íntima, para que cada instante de mis nuevos días esté conforme a tus planes.
Viviré suponiendo que cada instante puede ser el último de nuestras existencias, y por ello me acojo a ti plenamente. Así que amo y bendigo la vida.
Gracias por permitirnos alimentarnos de tu creación y nutrirnos de lo mejor de tu Palabra, ya que con esos mensajes de instrucción orientas nuestras vidas.
Gracias por tu misericordia, y por eso sabemos que dejaste escrita la historia sagrada llena de mensajes de vida, para que no sigamos cometiendo esos errores milenarios.
Gracias por enseñarme a aceptar tu guía y por mostrarnos que es el Espíritu Santo quien debe orientarnos.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro y te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre y Creador.
Valoramos que nos permitas cambiar de perspectiva y que, gracias a ello, cuando hacemos una retrospectiva de nuestras vidas, nos apoyes para alejarnos de todo aquello que antes nos impedía sentirnos cerca de ti.
Ya no se trata de enfocarnos en todo lo que nos distanció, sino que nos enseñas que allí está tu perdón, y que gracias a los frutos de tu misericordia, aunque no te merezcamos por seguir equivocándonos, tú nos sigues apoyando.
Gracias por darnos a cada instante el alimento y el aliento que necesitamos hoy, aquí y ahora, a través de seres que nos lo proveen o preparan, para crecer en ese aprendizaje constante de la vida, tanto físico como mental y espiritual, que nos ofreces y enseñas gracias a tu Palabra.
Gracias por permitirnos nutrirnos de tu obra, descontaminando además todo aquello que, al formar parte de nuestro ser, nos integra a la vez con tu Reino.
Amo y bendigo que me hayas dado de ti para ser quien soy hoy.
Gracias por permitirnos comunicarnos contigo a través de cada oración, en la que expulsamos todo aquello que ya no nos es útil y lo que no nos permite integrarnos a un mundo que depende totalmente de ti.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre y Creador.
Gracias, Señor y Salvador, por entregar tu vida por nosotros. Por este presente eterno y continuo que nos regalas.
Gracias por permitirnos reconocernos y entendernos, y por tu infinita misericordia; obviando nuestras ofensas, deudas y errores, demostrándonos así el valor del perdón a través del proceso de interrelacionarnos con quienes nos dañan, nos defraudan o nos engañan, para de esta forma integrarnos al todo, finalizando así los efectos del pecado.
Gracias por atender nuestras oraciones, especialmente aquellas llenas de quejas y reclamos. Por darnos tu perdón, que no merecemos, por reabrirnos la posibilidad de estar a tu lado. Por enseñarnos a apreciar la vida y todo lo que ella nos da, por guiarnos para reorganizar todas esas imágenes descontextualizadas y disfrazadas de creencias que nos han llevado a vivir de una forma irracional, pudiendo hacerlo de manera más consciente.
Amo y bendigo tus enseñanzas y tu guía.
Gracias por cada lugar de esta tierra, por cada nación y territorio, pero especialmente por cada uno de esos líderes mundiales que anhelo se dejen guiar por tu autoridad y que, conforme a ello, actúen buscando siempre el bienestar general gracias al servicio social y la equidad que ellos deben proponer.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro y te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, y te doy gracias por dotarnos de un alma, de una mente y de un cuerpo que, en cada uno de sus sistemas, se integran para mostrarnos cómo voluntariamente debemos coordinar todo hasta reintegrarnos a ti.
Amo cada partícula de este cuerpo, amo cada molécula de este ser, amo cada interacción a la que llamamos vida, y amo y valoro a través de esas vivencias todo lo que hago, digo, siento, soy y con quienes convivo.
Gracias, Padre, por no dejarnos caer en la tentación y por librarnos de todos los males, conflictos y pecados, haciéndonos instrumentos transformadores de nuestros entornos. Nos entregas, para ello, el entendimiento, las virtudes, dones y fortalezas que necesitamos para vivir conforme a tus preceptos.
Amo y bendigo a mi familia y a todas esas personas que nos apoyan a diario con sus labores, ya sea en servicios generales, limpieza, vigilancia y tantos otros oficios que a veces no reconocemos en su justa medida, pero por los que deberíamos orar más, no solo en señal de gratitud, sino también de protección para esas personas.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial.
Amo y bendigo cada sistema de mi cuerpo: el osteomuscular o locomotor, el nervioso, el cardiovascular o circulatorio, el respiratorio, el digestivo, el inmune o inmunológico, el excretor, el endocrino y el reproductor.
Amo y bendigo cada célula de ese majestuoso templo al que diste tu aliento de vida, así como un alma que anhela integrarse a tu Santo Espíritu.
Gracias por permitirnos seguir recorriendo y disfrutando de cada una de las estaciones de este peregrinar, el cual nos motiva a emprender a diario nuevas relaciones a través de las cuales debemos sentirnos como si estuviéramos dialogando e interactuando contigo, bendiciendo así, a través de esas palabras, a todos tus hijos.
Amo y bendigo el saberme eterno. Padre amado y Creador, me uno al coro de tus ángeles, arcángeles y seres celestiales para alabarte y glorificarte como ser omnipotente, omnipresente y omnisciente.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre y Creador.
Amo y bendigo a cada miembro de mi familia, especialmente a esos ancestros y cuidadores, vivos y fallecidos, que me han permitido estar aquí y ahora, disfrutando de este mundo y de la posibilidad de reintegrarme al reino del Creador voluntariamente.
Gracias por estar en todas partes sin ser parte, porque, a través de múltiples circunstancias, nos permites resignificar y reinterpretar tantas imágenes, hechos y palabras que en el pasado distorsionaron tu esencia, posibilitándonos conocerte a través de nuevas y mejores revelaciones, siempre acordes a tus promesas, traspasando así el velo engañoso de nuestro egocentrismo.
Amo y bendigo este planeta. Gracias te doy, porque eres el Rey y Señor de nuestra historia; porque lo que es, ya pasó, y nada nuevo ocurrirá, ya que tú lo has hecho todo y, por ello, solo debemos dejarnos guiar por ti.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, porque a pesar de nuestras malas intenciones, ahora podemos mirarnos en el espejo de la eternidad y vernos como almas reconectadas a la Luz del Creador, disfrutando así de renovarnos y transformarnos.
Gracias, Padre amoroso, por limpiar cada instante nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra mente, nuestros pensamientos, nuestras palabras, todo nuestro ser y entorno, de toda carga, enfermedad, conflicto, pensamientos inadecuados, expresiones descontextualizadas, deseos bajos o pesares que no cumplen con tus fines purificadores.
Llénanos, en cada acto, de sabiduría, prudencia y paciencia, actuando conforme a tus preciosos designios.
Amo y bendigo el universo, las estrellas, cada galaxia y este sistema solar. Gracias, Creador mío, mi redentor, mi salvador, porque en este peregrinaje me permitiste comunicarme mejor y sentir un encuentro permanente con tu creación, viendo en ello una oportunidad perenne para valorar todo y a todos por lo que tú has creado.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, y anhelo que todos mis nuevos esfuerzos me parezcan pocos para honrarte, llenándome así de más disciplina para obtener esos mejores frutos que son eternos.
Gracias porque a través de mi propio ADN y mi filogenética me has dejado la información necesaria para que ya no siga siendo influenciado por todo aquello que solo me confunde y me distancia de ti.
Gracias, porque en cada uno de esos seres cercanos, familiares y sus roles, nos aportas los elementos necesarios para que nuestros milenarios inconscientes que han cogobernado la desinformación desde la desobediencia de Adán y Eva, nos lleven ahora a actuar de una forma distinta en busca de tu guía.
Amo y bendigo cada palabra que me permites pronunciar.
Gracias porque cada día nos demuestras a través de nuestro ser interior que estás allí, que nos diste todo y que ahora solo esperas que valoremos todo lo que significa vivir.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, por permitirnos ser felices al servir y por mostrarnos que en todo lo que acontece podemos encontrar la plenitud de sabernos a tu lado, gracias por permitirnos proyectarnos como los seres espirituales que somos.
Gracias por tocar cada una de las áreas de nuestras vidas para fortalecernos y ayudarnos a identificar realmente los temas que no nos permiten tener el modelo de vida tranquilo, fraternal y servicial que llenaría nuestras existencias.
Amo y bendigo el saber que me estás corrigiendo y guiando hacia tu perfección.
Gracias por nuestros ancestros y cuidadores y lo que nos enseñaron, así como por todos nuestros procesos formativos y las autoridades civiles y militares que cogobiernan nuestras existencias a través de las diferentes formas de gobierno.
Gracias por nuestra corrección permanente y por buscar nuestra unidad con tu totalidad.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, por ayudarnos a identificar nuestras prioridades y así dedicar más tiempo a todo lo que resignifica la vida, esos pequeños y continuos actos que nos ayudan a mejorar en nuestras habilidades de amar, que son realmente tus propósitos.
Gracias por cada una de las personas con las que interactuamos en el trabajo, en nuestra comunidad, en este mundo; por cada ser vivo con el que nos relacionamos y a través de los cuales debemos reconocer tu amor.
Gracias por cada habitante de este planeta, donde las diferencias solo nos llaman a no ser indiferentes y a complementarnos.
Amo y bendigo cada instante de vida que me has dado. Amo y bendigo a tu pueblo judío, tu nación escogida, Israel, y tu ciudad santa, Jerusalén. Amo y bendigo tu Santo Espíritu.
Gracias por nuestra movilidad, por limpiar nuestro ser y cada uno de esos puntos energéticos que, revestidos de paquetes de tu Luz, nos revelan que estás allí como Árbol de Vida, esperando que nos nutramos de tu fe.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, y te agradezco por todo lo aprendido a lo largo de mi vida, mientras te pido perdón por todos mis errores y fallas y ruego que me ayudes no solo a reconocerlos, sino también a enmendarlos para sanar los corazones de aquellos que hayan sido afectados por mis acciones u omisiones.
Gracias por todas esas personas que nos han ayudado a comprender lo que significa convivir cuando realmente nosotros queríamos apartarlas, mientras tú nos indicabas que debíamos dejar de calificarlas para cualificarnos y crecer como hermandad.
Te amo, te bendigo, te alabo, te venero, te idolatro, te agradezco; ruego tu perdón y misericordia a ti, Padre Celestial, por perdonarme cuando he sido irrespetuoso o hasta agresivo con esos otros, es decir, contigo.
Te damos gracias a ti, nuestro Padre, Rey, Señor y Guía. Mil y mil gracias... Por la vida y sus maravillosos instantes eternos, y por permitirnos ser fuentes de amor.
Prayer
שְׁ מַ ע יִׁשְ רָ אֵ ל , אֲדֹנָי אֱלֹהֵ ינוּ, אֲדֹנָי אֶחָ ד.
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno.
Una de las oraciones más poderosas y fundamentales en la tradición es la "Shema Israel" (שְׁ מַ ע יִׁשְ רָ אֵל), que es la declaración de la unicidad de Dios. El Shema es central en la oración diaria judía y se recita principalmente en la mañana y en la noche, como se indica en el Deuteronomio 6:4-9, siendo un pilar de la fe judía.
El Shema se recita dos veces al día:
Por la mañana: Durante la oración matutina, en el "Shacharit" (la oración de la mañana), como una manera de comenzar el día con la conciencia de la unicidad de Dios.
Por la noche: Durante la oración nocturna, en el "Maariv" (la oración de la noche), para terminar el día reafirmando la fe y la devoción hacia Dios.
En la Cabalá, el Shema Israel representa la unidad esencial de la divinidad. Es un recordatorio de que todo en el universo, tanto lo visible como lo invisible, proviene de una única fuente divina. En la Cabalá, se enseña que este principio de unidad (que se expresa en la palabra "Ejad" - אחד ) es fundamental para entender el propósito de la creación y el lugar del ser humano dentro de ella.
La letra א (Aleph) al principio de Ejad representa a Dios en su estado más elevado, el Ein Sof (la Luz infinita de Dios), mientras que la última letra de Ejad, la ד (Daled), simboliza la manifestación de esa luz en el mundo físico. Esta relación entre el Aleph y el Daled revela el proceso de la manifestación divina en la creación.
El Shema también conecta al ser humano con los niveles más altos de la consciencia espiritual y es una herramienta para alcanzar una conexión directa con lo divino.
La palabra "Ejad" (אחד ), que significa "uno", tiene un valor gemátrico de 13. Este número tiene un profundo significado en la Cabalá: 13 está asociado con el concepto de "Ahavá" (אהבה), que significa "amor".
En la Cabalá, esto simboliza que la unidad de Dios está impregnada de amor. El amor es la energía fundamental que sostiene la creación, y el amor divino conecta todas las partes del universo.
El valor de 13 también está relacionado con el Tetragrama (el nombre de Dios en la Torá), representado por las letras י (Yod), ה (He), ו (Vav) y ה (He). Estas letras están profundamente conectadas con el concepto de la unidad de Dios y la manifestación de su presencia en el mundo.
En la Cabalá, el Shema no solo es un recordatorio de la unicidad de Dios, sino también un canal de protección espiritual. Se cree que la recitación de esta oración establece una conexión directa con la luz divina y crea un escudo de protección para la persona que la recita.
Se dice que al pronunciar las palabras del Shema con sinceridad y concentración, la persona puede alcanzar un estado de pureza espiritual que la protege de las energías negativas y la influencia del mal. Este poder de protección se expande a través de la conexión con el Creador, y como se menciona en la Cabalá, las palabras tienen una vibración energética que impactan el mundo espiritual.
El Shema también tiene el poder de conectar al individuo con el "Ein Sof" (la luz infinita de Dios), el origen primordial de toda la creación. Esta conexión con el "Ein Sof" se considera un acto de unificación del alma con la presencia divina. Es un recordatorio de que, a pesar de la separación aparente del mundo material, todo proviene de una única fuente divina.
Conciencia de la Unicidad Divina: El Shema Israel es la afirmación de que Dios es uno, y todo lo que ocurre en el mundo está en última instancia subordinado a esa unidad. Esta oración ayuda a los creyentes a recordar que no hay divisiones o separaciones en el orden divino, y que todas las fuerzas del universo están bajo el control de un solo principio trascendente.
Protección Espiritual: Al recitar el Shema con devoción y atención, se cree que los fieles reciben protección espiritual contra las influencias externas y la negatividad. Es una oración de resguardo, particularmente importante en momentos de ansiedad o incertidumbre.
Conexión con la Luz Divina: La recitación del Shema permite al creyente conectar con la luz divina que emana de Dios, lo que a su vez eleva el alma a un nivel superior de comprensión y conciencia espiritual. La repetición del Shema ayuda a elevar la persona a un estado de unión consciente con lo divino.
Rectificación del Mundo: Al proclamar la unidad de Dios, el Shema se considera una acción de rectificación (Tikun) en el mundo. Los judíos creen que al recitar esta oración, están participando en la revelación de la divinidad en el mundo físico, ayudando a reconstruir y elevar la creación hacia su propósito final de redención.
Refuerzo de la Fe y la Devoción: El Shema fortalece la fe y devoción personal. Reafirma el compromiso con los principios fundamentales de la fe judía, reafirmando que no importa la situación externa, Dios es uno y siempre estará presente.
La oración Shema Israel es más que una simple declaración de fe; es una poderosa herramienta espiritual que conecta al creyente con la unidad divina y el propósito más profundo de la creación. Desde la perspectiva de la Cabalá y la Gematría, el Shema tiene un poder profundo para proteger, elevar y unir al alma humana con la luz infinita de Dios. Recitarla a la mañana y la noche no solo es un acto de devoción, sino también una práctica de rectificación espiritual y un recordatorio de nuestra conexión con lo divino, así como de nuestra misión de revelar esa unidad divina en el mundo físico.
Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos he ofendido a un Creador tan bueno. Propongo firmemente con la ayuda de tu santísimo Espiritu no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
La oración que un judío recita al levantarse por la mañana es el "Modeh Ani" (מוֹדֶ ה אָנִׁי ), una plegaria de agradecimiento y gratitud a Dios por el despertar y por la oportunidad de vivir otro día. Esta oración es recitada inmediatamente al despertar, antes de siquiera levantarse de la cama.
Modeh Ani en hebreo: מוֹדֶ ה אֲנִׁי לְ פָנֶיךָ ,מֶ לֶךְ חַ י וְקַ יָם ,שֶׁ הֶ חֱזַרְ תָ בִׁ י נִׁשְׁ מָ תִׁ י ,בְ חֶ מְ לָה .רַ בָה אֳמַ תֶ ךָ.
Te agradezco, oh Rey vivo y eterno, por haber devuelto mi alma a mi cuerpo con compasión. Grande es tu fidelidad.
El "Modeh Ani" es una oración de agradecimiento que expresa la gratitud del creyente por el hecho de despertar y estar vivo. La oración reconoce que es Dios quien devuelve la vida a la persona cada mañana, después de que el alma se separa temporalmente del cuerpo durante el sueño. Es un recordatorio de la compasión divina y de la grandeza de la fidelidad de Dios hacia nosotros.
Es una de las primeras oraciones del día y se recita con la conciencia de estar comenzando una nueva jornada, agradeciendo por la oportunidad de vivir otro día.
Esclarece la aurora el bello cielo, Otro día de vida que nos das, Gracias a Dios creador del universo, Oh tierno Padre que en el cielo estás. Nuestras voces unimos al concierto Que el universo eleva ya en tu honor; Desde la tierra al cielo más profundo, Tierno Padre magnífico hacedor. Conserva nuestras almas sin pecado, A nuestro cuerpo da fuerza y salud; Y nuestra mente ilumina piadoso Con un rayo benéfico de luz. Te suplicamos por nuestra amada patria Por la Iglesia elevamos oración; Por nuestros amados padres y familia Siempre dichosos los hagas Señor. En tu santo nombre comenzamos Este día de vida que nos das; Haz que lo acabemos santamente Oh Padre Nuestro que en el cielo estás
Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo,
Inspírame siempre lo que debo pensar,
lo que debo decir, cómo debe decirlo,
lo que debo callar, cómo debo actuar,
lo que debo hacer, para gloria de Dios,
bien de las almas y mi propia Santificación.
Espíritu Santo, dame agudeza para entender,
capacidad para retener, método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar,
y perfección al acabar.
Amén.