Mi porción bíblica
Si hay un estudio que debería ser obligatorio en nuestras vidas, es el de la Biblia. Si tomáramos un versículo diario como tema de estudio, seguramente usaríamos parte de él en estos propósitos. Desde esa perspectiva, este compendio de textos denominado "Mis Búsquedas" cumple con esa visión de presentarnos una reflexión diaria, apoyada en algunos casos en estudios del hebreo original, la cábala y la gematría para el Antiguo Testamento o Tanaj. Esto nos conducirá por los 24 libros sagrados canónicos en el judaísmo, divididos en tres grandes partes: la Torá (Pentateuco o cinco libros de la Ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), los Neviim o libros proféticos, que se dividen en anteriores (Josué/Jueces, I y II de Samuel, I y II de Reyes), mayores (Isaías, Jeremías y Ezequiel), y menores, que son 11: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. La tercera parte del Tanaj son los Ketuvim (Escritos), que se dividen en Sabiduría (Salmos, Proverbios y Job), Rollos de las fiestas o Meguilot (Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Ester, Lamentaciones), y los libros de revelación (Daniel, Esdras y Nehemías, I y II Crónicas). El Tanaj también está compuesto por 22 rollos de los libros, a los cuales no haremos referencia en estas páginas, como tampoco de los 14 libros apócrifos, pseudoepígrafos o deuterocanónicos del Antiguo o los 40 del Nuevo, que aunque tienen ciertas semejanzas con los libros inspirados, nunca fueron recibidos en el canon al no llenar los requisitos de canonicidad. Finalmente, desde el arameo intentaremos profundizar nuestras reflexiones en el Nuevo Testamento y sus 27 libros y cartas, para con esas porciones diarias de nuestra Parashá ir paso a paso, aprovechando sus señales y reorientando nuestra dirección, caminando de Su mano gracias a la guía de Su palabra y del Espíritu Santo. Serán en total 50 libros que, como módulos, nos llevarán a través de más de un millar de reflexiones diarias para conocer la Palabra del Creador y reconocernos en ella.
Este texto reúne una serie de reflexiones bíblicas que compartimos, escuchamos, leímos, aprendimos, reescribimos, soñamos, pensamos, rehicimos, reunimos, en fin, vivimos. Traducciones tomadas del hebreo bajo el ideal de que la Palabra del Creador nos permita volver a nuestras raíces y esencia. Él nos dijo bien con su palabra que todo lo que fluya con la vibración de ella guarde su orden. Desde esa perspectiva, si el primer Adán fue herido en el costado para darle vida a Eva, el segundo, nuestro Señor Jesucristo, lo fue para darnos vida eterna a nosotros. Esperamos que con cada una de ellas, para quienes escribimos estas líneas, la Biblia sea nuestro manual de vida y su estudio, nuestro principal propósito como seres humanos.
Cuentan que cuando el creyente fue confrontado por algunas interpretaciones que hacía respecto de la Palabra, solo pudo recordar que las realizaba desde lo más profundo de su ser, suponiendo en ello la guía del Espíritu Santo, y que, por lo tanto, mientras hablara de nuestro Señor Jesucristo, no cabían los engaños.
Mi parashá: Mi porción bíblica פרשת השבוע Parashat HaShavua (Porción de la semana)
Han sido años de búsqueda, de intentar responder preguntas fundamentales: ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra naturaleza? ¿A qué le tememos? ¿Cuáles son nuestros propósitos? ¿Por qué estamos aquí en la Tierra? ¿Cuál es nuestra realidad? ¿Somos libres o esclavos? ¿Cuál es el destino de nosotros, los seres humanos? ¿De quién dependemos? ¿En qué y en quién confiamos? ¿Cuáles son nuestras verdaderas realizaciones? y hasta ¿Cuál es la razón de ser de estas búsquedas?
Estas preguntas reflejan una perspectiva común en la mayoría de los seres humanos. Quizá por ello, al llegar a la lectura, estudio y relectura constante del Texto de Textos, uno puede terminar comprendiendo que allí se encuentran las respuestas a esas muchas inquietudes. Sin embargo, nos cuesta entenderlas y, más aún, atenderlas.
Pero gracias a todas las revelaciones que compartimos a diario y que se consolidan como conocimiento, podemos decir que vamos dejando de lado las dudas para renovarnos tras una sola visión: la eternidad.
En nuestro caso, estas búsquedas nos deben llevar no solo a conocernos sino a reconocernos como sus hijos, por ello decidimos iniciar con estos espacios de reflexión y crecimiento, los mismos que esperamos se sumen a las búsquedas individuales de tantos otros, con la única intención de reintegrarnos a Él a través de Su obra, gracias a esas meditaciones que desde nuestras diarias oraciones nos retroalimentan y nutren de Su palabra.
La Biblia se resume en confían en Él, en Su amor, ese que nos renueva y guía a cada instante, denotándonos la importancia de Su misericordia como nuestro Padre celestial, un Creador del cual heredamos el don del libre albedrío, el mismo que nos llama a compartir Su obra. Este proceso necesita la guía de Su Espíritu Santo, pero sobre todo de nuestra oración, para que nuestras interacciones e interrelaciones sean armónicas, serviciales y sanas, tal como nos lo enseñó Él al humanarse, haciéndose a nuestra imagen y semejanza.
El segundo Adán vino por los hijos pródigos para que, al salvarnos, pudiéramos retornar a nuestra tierra prometida, a la eternidad a Su lado. Sin embargo, fruto de nuestros desconocimientos, desinformaciones e ignorancias, seguimos magnificando y prolongando nuestra lejanía con Él. De allí la necesidad de reenfocar nuestras búsquedas y permitirnos reorientarnos gracias al fluir de Su palabra.
El pueblo judío nos presenta, con esos propósitos desde su obediencia, el concepto de Parashá, que implica el estudio semanal de la Torá en 54 porciones. Sin embargo, nosotros, adecuando esta propuesta a nuestras búsquedas, hablamos de por lo menos tres momentos de oración y reflexión diaria para cada versículo de la Biblia, apoyándonos en estos diferentes estudios que pasan por la cábala, la gematría, y nuestras propias búsquedas e incluso especulaciones.
Desde estas motivaciones, anhelamos que cada porción de esta, nuestra Parashá, nos lleve a profundizar más y más, al leer, releer y escudriñar en cada señal, signo, mensaje, expresión o vivencia desde lo espiritual de esta corta experiencia terrenal que compartimos en diferentes dimensiones y entornos, gracias a la iluminación que nos otorga la Palabra del Creador desde Su Texto de Textos.
Nuestra porción diaria (Parashá פרשה ) de crecimiento integral, nos debe afianzar esa fe en donde nuestras búsquedas nos guían hacia esa trascendencia que es el propósito final de este maravilloso paso por este plano terrenal temporal, por ello no esperamos hacer una lectura semanal ni dividir la Biblia en 54 parashot, no, queremos nutrirnos de por lo menos varias porciones diarias del Texto de Textos a lo largo de lo que nos reste de vida terrenal, culminando esta con nuestra muerte, momento especial donde, por fe, nos reencontraremos con nuestro Salvador.
La parashá tradicionalmente es una división semanal de la Torá, que constituye la lectura que se hace en la sinagoga cada semana. El concepto de la parashá tiene un significado profundo tanto en la tradición judía como en la práctica espiritual.
La costumbre divide en 54 parashot o secciones semanales la lectura de la Torà. Cada parashá tiene su propio enfoque y mensaje, lo cual permite que a lo largo del año se lea toda la escritura de manera continua logrando cuna conexión directa con las enseñanzas divinas que guían la vida del pueblo judío.
Cada semana, el pueblo judío reflexiona sobre un segmento específico de la Torá, con el objetivo de aplicar sus principios y sabiduría en la vida cotidiana. Desde el punto de vista espiritual, la lectura semanal de la parashá permite un proceso de purificación, reconexión con lo divino, y crecimiento espiritual. A través de las parashot, se mantiene viva la memoria colectiva del pueblo de Israel, y se asegura la transmisión de los valores divinos y las leyes.
En la Cábala, cada parashá es vista como una fuente profunda de sabiduría mística. Los cabalistas creen que las lecciones espirituales contenidas en cada parashá tienen un impacto en la energía cósmica y en la conexión divina que se transmite a los individuos y a la comunidad. Cada parashá contiene secretos espirituales que son revelados a través de la reflexión cabalística. Las letras, palabras y frases de la Torá son vistas como vehículos de luz divina que impactan la vida del individuo y el mundo entero.
Además, cada parashá está vinculada a un aspecto particular de la alma humana. Los cabalistas enseñan que la lectura de la parashá semanal puede elevar el alma y conectarla con los niveles más altos de la espiritualidad. Las energías cósmicas asociadas a cada parashá influyen en el destino individual y colectivo, y cada semana ofrece una oportunidad para rectificar aspectos del alma y acercarse más a la unidad con Dios.
En la gematría, el valor numérico de las palabras y frases contenidas en cada parashá revela significados ocultos y permite interpretaciones adicionales y más profundas. A través de la gematría, se pueden obtener enseñanzas espirituales y mensajes ocultos que permiten una comprensión más rica de los textos.
Las combinaciones de letras y valores numéricos son vistas como códigos divinos que conectan la sabiduría humana con la sabiduría universal. Así, la parashá no es solo un texto que se lee, sino una fuente de energía espiritual que puede ser interpretada y comprendida a través de la matemática sagrada de la gematría.
Recordemos que la Torá comprende los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis (Bereshit), Éxodo (Shemot), Levítico (Vayikrá), Números (Bamidbar) y Deuteronomio (Devarim). Y es vista como la base de toda la ley y enseñanza judía. Contiene las historias, mandamientos y principios que guían la vida judía.
El Tanaj es el canon completo de las Escrituras Hebreas y está compuesto por tres partes: Torá (La ley), que ya hemos mencionado. Nevi'im (Los profetas): incluye libros como Josué, Isaías y Jeremías, entre otros. Ketuvim (Los escritos): incluyen libros como Salmos, Proverbios, Job y Eclesiastés.
El Tanaj es el texto sagrado completo del judaísmo y es la base literaria y teológica sobre la cual se construyen los principios religiosos. Además esta el Talmud que aunque no es considerado parte de las Escrituras en el sentido estricto, el Talmud es uno de los textos más sagrados en el judaísmo.
El Talmud es una compilación de discusión rabínica sobre la Torá y otros textos sagrados. Está compuesto por dos partes: la Mishná (enseñanzas legales) y la Guemará (comentarios y discusiones sobre la Mishná).
El Antiguo Testamento en la tradición cristiana incluye los mismos libros que el Tanaj judío, aunque el orden y la división de los libros pueden variar. Los primeros cinco libros (la Torá) son conocidos como el Pentateuco en el cristianismo. El Nuevo Testamento, único de la tradición cristiana, contiene los evangelios (relatos de la vida y enseñanzas de Jesús) y otros libros como Hechos de los Apóstoles.
Para los cristianos, el Antiguo Testamento (que incluye la Torá) es fundamental porque establece el marco teológico y profético del advenimiento de Jesús. La Torá, los profetas y los escritos del Antiguo Testamento son vistos como precursores de la llegada de Jesús como el Mesías. En la tradición cristiana, Jesús es considerado el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Esto hace que el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento estén intrínsecamente ligados, con el Nuevo Testamento revelando la plenitud del plan divino.
En ambas tradiciones, el Antiguo Testamento (en el cristianismo) y el Tanaj (en el judaísmo) son prácticamente los mismos, aunque con diferencias en el orden y algunos libros adicionales que los cristianos incluyen. La Torá es la primera parte del Antiguo Testamento y proporciona las bases históricas, legales y espirituales de las enseñanzas judías y cristianas.
Aunque el Talmud y los Evangelios pertenecen a dos tradiciones diferentes, ambos son fundamentales para entender la teología y práctica religiosa en sus respectivas tradiciones. El Talmud ofrece una interpretación detallada de las leyes y tradiciones judías, mientras que los Evangelios proporcionan el relato de la vida de Jesús y sus enseñanzas, que son la base de la fe cristiana.
Desde la Cábala, se enseña que los textos sagrados, ya sean de la Torá o los Evangelios, tienen un lenguaje común de sabiduría divina. Se considera que tanto el judaísmo como el cristianismo están conectados por la misma verdad espiritual que se revela de diferentes maneras. La gematría y el estudio cabalístico permiten encontrar conexiones místicas entre los textos, sugiriendo que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento contienen niveles profundos de significado que pueden ser comprendidos a través de la meditación y la reflexión espiritual.
La parashá es fundamental tanto en la tradición judía como en la Cábala, ya que cada lectura semanal conecta a los creyentes con las enseñanzas divinas y los permite progresar espiritualmente. Los textos sagrados de ambas tradiciones, el Tanaj judío y la Biblia cristiana, son vistos como revelaciones divinas que nos guían a la comprensión de lo divino. La relación entre estos textos, a través de la Cábala y la gematría, nos permite ver que, aunque las tradiciones se expresan de manera diferente, hay un hilo común de sabiduría divina que conecta a todos los creyentes.
Nuestra búsqueda de mantenernos dentro del orden espiritual de la Creación debe renovarnos a diario, alineando nuestro día a día con nuestras interacciones e interrelaciones, las cuales deben estar sincronizadas con la Luz del Creador para nuestra guía.
Al apoyarnos en el hebreo original, "lefarés" (לְ פָרֵ שׁ), esperamos poder interpretar y entender mejor cada una de las revelaciones y mensajes que allí se encuentran, orando para que sea el Espíritu Santo quien nos guíe, manifestándonos el plan del Creador para con nosotros.
Aplicar estas enseñanzas a nuestras vivencias implica despertar nuestra alma y el entendimiento de nuestras mentes a este portal de sabiduría divina, logrando con estas herramientas conceptuales una mejor reconexión con nuestra esencia, gracias a que nos reconectamos con Su Espíritu desde nuestro templo corporal para que así nuestro ser se haga consciente alejándose de tantas desinformaciones inconscientes que históricamente nos han reprogramado y que cogobiernan nuestras búsquedas, por lo que gracias a esas chispas de luz divina se nos proyectara otro ciclo de crecimiento integral, de aprendizaje y de reflexión hacia nuestra trascendencia.
Nuestro desafío por ende es el de superar todo lo que mal reconocemos como adversidades, siendo por ello nuestro llanto más que una respuesta emocional, una expresión del alma que tiene el poder de activar fuerzas divinas en el mundo y de llevar a la sanación y la transformación espiritual.
Desde la perspectiva cabalística, el ser humano es considerado un ser espiritual que tiene una conexión profunda con lo divino. El alma, en este contexto, es vista como una chispa de la luz divina, que ha descendido al mundo material para cumplir un propósito específico. Sin embargo, a lo largo de su vida, el alma puede experimentar dolor, sufrimiento y separación de la luz divina debido a la materialidad del mundo y las limitaciones físicas.
Las lágrimas, entonces, son vistas como un canal de expresión del alma, un medio a través del cual el dolor, la tristeza, la angustia o incluso la alegría se expresan de manera tangible. En la Cábala, se entiende que las lágrimas no solo son una respuesta emocional, sino que son mensajes del alma que se elevan hacia lo divino, buscando sanar o rectificar aspectos de nuestra conexión espiritual.
Las lágrimas son vistas como una forma de rectificación espiritual. En muchos textos cabalísticos, el acto de llorar se asocia con la purificación del alma. Cuando el alma se siente separada de la fuente divina, sus lágrimas son un medio para restaurar esa conexión. Se dice que las lágrimas ayudan a purificar las impurezas que nos separan de nuestra esencia divina, y tienen el poder de atraer la misericordia y la gracia de Dios.
La Cábala también relaciona las lágrimas con el arrepentimiento (Teshuvá). Cuando el alma se siente angustiada por sus acciones o por la desconexión con lo divino, las lágrimas son vistas como una manifestación externa de esa transformación interna. A través de estas lágrimas, se produce una elevación espiritual que permite la corrección de las imperfecciones y el retorno a la luz divina.
En la tradición cabalística, la Shejiná es la presencia divina que se encuentra en el mundo físico, a menudo asociada con la sabiduría femenina de Dios. La Shejiná es vista como la manifestación de la divinidad en la tierra y se dice que, cuando el pueblo de Israel está en sufrimiento o en exilio, la Shejiná llora con ellos. Este llanto es un acto de compasión divina y un recordatorio de que Dios está siempre presente, incluso en los momentos más oscuros de la vida. De esta manera, las lágrimas humanas también pueden ser vistas como una resonancia de las lágrimas divinas, en las que el dolor y la tristeza se transforman en oportunidades para una mayor conexión espiritual.
La palabra "lágrima" (דמעה): En hebreo, la palabra para "lágrima" es דמעה (dema'ah), que tiene un valor numérico de 449 (ד =4 ,מ =40 ,ע =70 ,ה = 5). Este número tiene algunas asociaciones interesantes. En la Cábala, el número 449 se puede desglosar en componentes que tienen un significado espiritual. Por ejemplo, 4 es el número asociado con la malkhut (reino), que es la sefirá más baja en el Árbol de la Vida, representando el mundo material y la manifestación de la divinidad en el mundo físico. Esto puede sugerir que las lágrimas están relacionadas con la elevación de lo material hacia lo divino, un proceso de transformación espiritual.
El número 449 también puede estar relacionado con el concepto de Tikun (תיקון ), que significa corrección o rectificación. La rectificación espiritual a menudo se asocia con la restauración del equilibrio entre el alma y la divinidad. Así, el llanto, al ser un acto de corrección, tiene el poder de limpiar y sanar el alma, permitiendo que esta se eleve hacia su propósito divino.
El valor numérico de "compasión" (רחמים ): Otra palabra significativa en relación con las lágrimas es רחמים (Rahamim), que significa "compasión". Su valor numérico es 248 (ר =200 ,ח =8 ,מ =40 ,י =10 ,ם =90). Este número se asocia con las 248 preceptos positivos de la Torá, que están relacionados con la conexión de uno con la voluntad divina. Así, las lágrimas también pueden verse como un acto de compasión divina que busca restaurar la armonía entre el alma y su creador.
Las lágrimas son vistas como puentes que conectan lo físico con lo espiritual. Cuando una persona llora, su alma está tratando de comunicarse con Dios. Este acto de llanto, aunque provenga del dolor o la tristeza, se eleva hacia lo divino, y en ese proceso, se crea un canal espiritual que permite a Dios escuchar y responder a la angustia del alma. En este sentido, el llanto es una oración poderosa que trasciende las palabras y conecta directamente con el corazón de Dios.
En la Cábala, se enseña que las impurezas del alma, que se acumulan a lo largo del tiempo debido al sufrimiento, la desconexión o las malas acciones, pueden ser limpiadas por medio del llanto. Este proceso purificador permite que la persona se libere de sus cargas emocionales y espirituales, restaurando la pureza de su alma. De manera similar, las lágrimas pueden tener un efecto liberador sobre las tensiones internas y las energías negativas, permitiendo que la luz divina fluya nuevamente en la vida de la persona.
En algunos textos cabalísticos, las lágrimas se asocian con la voluntad divina, ya que se cree que las lágrimas son una manifestación de la misericordia de Dios. Cuando una persona experimenta dolor y llora, ese llanto refleja un deseo profundo de cambiar y rectificar la situación, algo que resuena con el deseo divino de restaurar el orden cósmico y espiritual. En este sentido, el llanto no es solo una respuesta humana, sino una alineación con la intención divina de transformación y sanación.
Desde una perspectiva cabalística, nuestras lágrimas no son simplemente una respuesta emocional o un signo de debilidad; son una expresión profunda del alma, un acto de conexión directa con lo divino y un vehículo de purificación y transformación espiritual. Cada lágrima lleva consigo una energía que puede elevar nuestra alma hacia la luz divina, permitiendo que experimentemos una sanación profunda y un retorno a la unidad con Dios.
En nuestra vida cotidiana, al enfrentar momentos de dolor o tristeza, podemos ver nuestras lágrimas como una oportunidad de liberación espiritual, un medio a través del cual nuestra alma puede comunicarse con el Creador y recibir gracia y misericordia. Al comprender el poder espiritual detrás de nuestras lágrimas, podemos aprender a verlas no solo como una señal de sufrimiento, sino como una puerta abierta hacia la sanación y la rectificación.
Quizá por ello debemos dejar que nuestra alma se haga cada vez mas consciente de todas esas inconciencias que la dominan y contaminan y que la llevan en algunas ocasiones a necesitar expresarse a través de las lágrimas.